agosto 18, 2022

¿El gestor cultural tiene la culpa de lo que pasa aquí?

Aunque el estudio de la precariedad laboral en el sector cultural, apenas despunta como tema de investigación, cuenta ya con diversas líneas de abordaje en el campo académico. También será indispensable que instancias como el INEGI, incorporen su importancia al Sistema de Cuentas Nacionales de México. (Foto: Omar Z. Robles)

El pasado 16 de diciembre de 2019, salió a la venta en la plataforma digital de Amazon, el libro El salario emocional de la cultura, de Carlos A. Lara y que lleva dos llamativos subtítulos: El precariato como modelo de gestión. Despalabro a una profesión en ciernes. Aparece bajo el sello Morlis Book. Sin duda, un título atractivo para una realidad tangible dentro del sector cultural de nuestro país.Mientras me decidía a comprarlo, el autor, en sus redes sociales, posteaba fotos, cápsulas o fragmentos de sus entrevistas en medios de comunicación, así como de las primeras presentaciones del libro que, para mi sorpresa, acusaba esta precariedad a los propios gestores culturales. Entonces con más razón me decidí a comprarlo.

El autor subraya que los gestores culturales caen en el precariato, y en lugar de profesionalizarse en lo que verdaderamente saben hacer, deciden seguir estudiando para alimentar más el precariato. Asimismo, propone construir el perfil del término “Agente Cultural”, a efecto de abrir paso a un tercer momento en la promoción y difusión del arte y la cultura, rompiendo con el concepto de Gestor Cultural y al mismo tiempo dejar atrás el precariato como modelo de un quehacer profesional. Sin embargo dicho término ya había sido abordado con anterioridad por teóricos como: Alfons Martinell, José Texeiro Coehlo y Margarita Maas.

Por otra parte, en sus páginas, Lara define como “salario emocional” a las condiciones que permiten desarrollarse plenamente en lo laboral y lo personal, basadas en la conciliación, la formación, una jornada laboral flexible, el acceso a periodo vacacional y el teletrabajo. Habla de agentes que trabajan en casa debido a que el precariato que suelen adoptar como modelo los han instalado ahí. Ello, al menos que trabajen para una instancia pública, o en algunos casos, que son los menos, para instancias privadas. Los incentivos emocionales que señala son: ver su nombre bien puesto en un proyecto, hacer que las cosas sucedan, saber que lo que hacen va tener un impacto sociocultural, que van a poder compartir en redes sus logros e incluir su proyecto en su portafolio de actividades. Estos incentivos se integran en frases ya conocidas en el sector como poner un “granito de arena” y asumir responsabilidades “por amor al arte”. En tanto hay quienes, en un arranque de idealismo, lo justifican más profesionalmente bajo la denominación de actividad “freelance” (págs. 48-49).

Carlos A. Lara ha desarrollado una amplia tarea como analista del sector cultural y como docente. (Fuente: Morlis Book).

En defensa de una profesión

Tras la lectura de El salario emocional de la cultura, expreso mis dudas sobre los alcances de la obra de Carlos A. Lara, a quien por lo demás respeto en virtud de su trayectoria. Considero que tanto sus apreciaciones, como su enfoque sobre la precariedad del sector, no puede recaer exclusivamente en la figura del gestor cultural. Para validar lo anterior, me atengo a sus palabras de la página 54: “Tengo la suerte de conocer a cientos de ellos (gestores culturales) en todos los estados de la república, ya por haber coincidido en algún curso, haber asesorado algún proyecto, compartido material bibliográfico o bien, por afinidad de temas y líneas de investigación. Puedo decir que son de verdad entregados. Que su porfiado amor por México los lleva a actuar con más pasión que tino. A veces pienso que deberían querer menos al país, pero serían incapaces de algo así. Es mejor que se preparen en nombre del país”. Tal aseveración establece un desafío que es a la vez provocación, lo cual asumo al expresar a continuación mis puntos de vista alrededor de éste y otros de sus abordajes.

Me interesa señalar que todos los gestores culturales sabemos que nos encontramos en un sector que históricamente ha vivido en la precariedad laboral, y por tal motivo, los que realizan sus actividades desde el autoempleo, salen al mundo tocando puertas para poder levantar el capital necesario para materializar sus proyectos. La otra alternativa de acceso al trabajo ha sido ingresar como asalariado en una institución cultural pública, social o privada.

Al respecto, es ilustrativo el libro de la doctora Margarita Maass Moreno Gestión cultural, comunicación y desarrollo (Conaculta, 2006), en el cual expresa que, en la medida que el gestor cultural sea y se identifique como individuo, que posee una estructura interna rica en componentes, habilidades, destrezas, capacidades y saberes específicos y necesarios para la gestión cultural, será identificado como un agente social especializado en el campo cultural (pág.32). Lo anterior, a través del incremento a su capital social, cultural, ecónomico y simbólico.

Sin embargo, he de agregar que esta condicionante no sólo aplica al gestor cultural, sino también a los otros agentes culturales como son los creadores artísticos, investigadores culturales, promotores culturales, emprendedores culturales, agregados culturales, altos funcionarios de la cultura, etc.

Cada uno de estos capitales, hacen referencia a elementos muy precisos que vale la pena considerar para una lectura crítica de lo que analiza Carlos A. Lara:

  1. El capital económico se centra en la riqueza que es fácilmente transferible y puede transferirse en capital cultural a través del dinero como medio de transacción.
  2. El capital social tiene que ver con las relaciones humanas que se van cosechando a lo largo de la vida y se reproducen si se fomentan vínculos sociales con colegas, clientes, amigos y familiares.
  3. El capital cultural esta formado por el conocimiento y habilidades adquiridas en la vida y/o heredadas de la familia (dimensión cognitiva).
  4. El capital simbólico se refiere a las formas que adoptan los distintos tipos de capital cuando son reconocidos como legítimos, dándole un valor. Este capital asegura todo tipo de ganancias simbólicas y de bienes que no se pueden adquirir directamente con dinero.

Si las prácticas de un gestor se parecen o son iguales a las prácticas de un grupo de gestores, deben su afinidad de estilo al hecho de que comparten esquemas de percepción, valoración y acción, y por lo tanto, se dice que estos agentes forman parte de una clase social. Desafortunadamente, en mi experiencia, los gestores culturales manejan discursos distintos que no permiten crear uno en común. Hablamos de una diversidad que no siempre es benéfica para el desarrollo del sector cultural.

Por otro lado, también he observado en los gestores culturales su poco conocimiento de temas financieros o de dinero que les permita dar el justo valor monetario a su trabajo. Soy un convencido de que los gestores culturales deben leer textos de educación financiera para generar un ambiente que les permita tener herramientas de negociación y hablar el mismo lenguaje con quienes desean relacionarse en la iniciativa privada (llámense mecenas, patrocinadores o inversionistas), con el propósito de obtener recursos que les permitan operar sus proyectos.

De igual manera hay que considerar que históricamente los gestores culturales encuentran en las instituciones de gobierno (en cualquiera de sus niveles) las opciones de empleo (temporal, fijo) o de financiamiento de sus iniciativas. Tal situación se estrecha con las posibilidades del gasto público, y tiene una de sus expresiones en el siempre cuestionado valor económico que los gobiernos dan a las relaciones contractuales o de prestación de servicios. A mi entender, desde hace tiempo se ha venido sosteniendo una visión antropológica y social exacerbada que ha llevado a los gestores culturales a desempeñar sus actividades en función de una contribución social y no de retribución económica adecuada.

El autor de #ElSalarioEmocionalDeLaCultura en la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, durante la presentación ante estudiantes de la Licenciatura en Gestión y Promoción Cultural. (Fuente: Tomada del perfil de Facebook de Carlos A. Lara G.).

Aristas a contrapelo

En virtud de lo expuesto, me extraña que Lara manifieste que los gestores culturales son aficionados de todo y especialistas en nada ¿El autor revisó bien a bien los alcances de la profesión? Como respuesta, es importante traer a colación los programas de gestión cultural a nivel de licenciatura y posgrado, ya que están diseñados para que sus egresados apliquen las competencias desarrolladas en su proceso de formación y se especialicen en un campo en específico.

Uno de los grandes especialistas en la materia, el doctor Jose Luis Marical Orozco, señala en su artículo “Desarrollo de nuevas competencias de gestión cultural en ambientes virtuales de colaboración”, que forma parte de la obra colectiva por él coordinada Educación y gestión cultural (Sistema UdG Virtual, 2009), que los profesionistas en el desarrollo de la cultura deben tener competencias no sólo de carácter técnico-operativo, sino conceptual-metodológico, que les permitan diagnosticar los problemas y diseñar estrategias de intervención que, en algunos casos, serán generales y, en otros tantos, particulares. En el contexto mexicano continuamos en una transición entre la formación de gestores culturales, a través de los programas de formación continua, y la obtención de un grado académico en la materia.

Por lo menos en la Universidad de Guadalajara, la Licenciatura en Gestión Cultural tiene cinco ejes terminales vinculados a los campos de desempeño profesional, a saber: 1) Investigación cultural. 2) Políticas culturales. 3) Espacios culturales. 4) Organización de actividades artísticas y 5) Promoción y difusión cultural. En otro caso, la Licenciatura en Estudios Multiculturales que ofrece la Universidad de La Ciénega, del Estado de Michoacán de Ocampo, aborda tres ejes formativos: 1) La gestión cultural. 2) La comunicación de la cultura y 3) La intervención sociocultural.

En otra experiencia, la Licenciatura en Estudios y Gestión de la Cultura, de la Universidad del Claustro de Sor Juana, tiene seis ejes de especialización: 1) Comunicación y difusión cultural. 2) Gestión de las artes escénicas. 3) Derecho y cultura. 4) Estudios de las artes. 5) Teoría y crítica literaria y 6) Compromiso social.

Y así podríamos seguirnos con ejemplos cada oferta educativa que ofrecen las universidades en profesiones vinculadas al sector cultural.

Finalmente, a reserva de los muchos lectores que el libro merece, de las reseñas y críticas que la obra de Carlos A. Lara concite, en mi caso considero que El salario emocional de la cultura, podrá ser útil para incrementar de alguna manera su popularidad en el campo de la cultura.

 

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2 thoughts on “¿El gestor cultural tiene la culpa de lo que pasa aquí?

  1. En general pasa con la enseñanza de la gestión cultural lo que pasa con las academias de arte: Se concentran sólo en tres patas de las 4 que tiene la mesa de su disciplina: Enseñan las teorías, las técnicas y el deber ser (su ontología) pero muy poco entrenan en las habilidades, competencias y estrategias para abordar y conquistar sus campos laborales y públicos y clientes; la formación y entrenamiento del gestor cultural debe agregar la el estudio y prácticas sobre cómo gestionar SU sostenibilidad y sustentabilidad, ese es el perfil de la Licenciatura en Gestión Cultural y Desarrollo de las Artes en Realia Instituto Universitario para la cultura y las artes en Xalapa.Independientemente a la formación de los tres ámbitos ya mencionados, nos hemos propuesto formar a nuestros alumnos en tres grandes campos laborales:
    A)cómo gestionar la cultura desde una asociación civil
    B) cómo gestionar la cultura desde la empresa privada
    C) Qué metodologías implican el éxito de programas y proyectos en la función pública

    1. Es muy cierto lo que comentas Alejandro, mucho tiene que ver el programa educativo que ofrezcan las universidades sobre la gestión cultural. Yo te puedo decir como egresado de la Licenciatura en Gestión Cultural por la Universidad de Guadalajara que en el proceso formativo, las actividades de aprendizaje se diseñaron para que los alumnos, de acuerdo a su realidad, desarrollaran las actividades que se les solicitaban , apoyadas con lecturas sobre el tema, pero nunca se centraron en el marco teórico; sin embargo si es imprescindible que como profesionistas en la gestión cultural desarrollemos los cuatro capitales que se mencionan en el artículo. No será fácil en nuestro sector la económica, pero si tenemos y ampliamos el social, podremos acrecentar el económico. Saludos y estoy a tus órdenes.

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