En honor al Tigre de San Juan del Río

Carlos García Martínez, falleció el 17 de marzo de 2017. Dedicó su vida a la gestión cultural, si bien en un principio estudió para Médico Cirujano. (Foto: meridaculturanoticias.blogspot.com).

El pasado 17 de marzo se celebró el tercer aniversario luctuoso del Dr. Carlos García Martínez, quien fuera Director de Capacitación Cultural en la Secretaría de Cultura Federal. Durante ocho meses que estuve bajo sus órdenes, conocí a un ser humano que se convirtió en la persona más importante en mi vida laboral hasta el momento. Originario de San Juan del Río, Querétaro, se graduó como Médico Cirujano en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), con especialidad en Medicina Familiar, y realizó estudios de Maestría en Antropología Cultural por la Universidad Autónoma de Querétaro.

Durante 15 años combinó el ejercicio de la medicina con la antropología y la investigación social. Ocupó diversos cargos en el sector público: Jefe de la Unidad Regional de Culturas Populares en Querétaro, Coordinador de la Zona Centro y de la Zona Centro Occidente en la Dirección de Vinculación con Estados y Municipios, hasta llegar a dirigir la Dirección de Capacitación Cultural de la Secretaría de Cultura.

Lo conocí un 8 de marzo de 2016 (Día de la Mujer) como parte de mi entrevista para formar parte del equipo de evaluadores que representaban a la Dirección General de Vinculación Cultural en el Programa Anual de Proyectos Culturales, programa encargado de gestionar y entregar los recursos a los estados, municipios y asociaciones civiles que eran asignados por la Comisión de Cultura y Cinematografía de la H. Cámara de Diputados. Al entrar a su oficina, no se me va a olvidar su recibimiento con el mote de Tigre, no pude negar que con ese detalle me sentí especial, aunque posteriormente, me di cuenta de que no era el único al que se lo decía, ya que dicho mote, se lo expresaba a quién le tenía mucha confianza y consideraba su amigo. Lo primero que me preguntó fue cuál era mi parentesco con el Dr. Río de la Loza y que sabía de él, así que se rompió el hielo platicándole lo que sabía de dicho personaje y escuchando lo que él sabía del mismo, prosiguiendo a la aplicación de dos ejercicios de evaluación como prueba a mi postulación. Finalmente, después de dos meses me integré al equipo de trabajo iniciando una etapa muy corta, pero placentera en las filas de la Secretaría de Cultura.

El doctor Carlos Carcía dedicó su tiempo libre en transformar el hierro en piezas de arte, catalizador de su creatividad artística (Fuente: cortesía de Gabriela Maldonado).

Su personalidad

Sus colaboradores más cercanos coinciden en que el Doctor, como le llamábamos, era una persona compleja, siempre estaba imaginándose cosas, era tan visionario que se le iban las cabras, luego tenía ideas que se salían de toda realidad, pero también tenía ideas que muchos no veían posible y él si veía posible, era una persona muy creativa. Era poco tolerante con la gente que llegaba tarde, también solía frustrarse bastante cuando la normativa le impedía realizar un proyecto que consideraba importante. Como servidor público, el Doctor siempre fue muy respetuoso con la gente de arriba como con la gente de abajo y como jefe, daba mucha libertad para trabajar, confiaba en su equipo de trabajo, no estaba encima como otros jefes.

También era una persona muy generosa, prestaba dinero a quién lo necesitaba. No era raro que llegara con comida para todos o te compartía de la que traía ese día. A mí en varias ocasiones me compartió pan dulce, tamales, la mitad de una torta o cualquier otro alimento que gustaba cuando llegaba a visitarlo; detalles que lo llevaban a ser un gran anfitrión, muy hospitalario, le encantaba que la gente fuera a verlo, los complacía, los sentaba y les platicaba sus anécdotas.

Inauguración del Curso de Capacitación a los Consejos Ciudadanos para el Desarrollo Cultural Municipal en Sinaloa, 2012 (Fuente: Sitio web Globedia).

El capacitador cultural

Me cuentan que al Doctor le encantaba viajar e interactuar con la gente de las entidades federativas. Los contenidos en sus talleres o conferencias mezclaban el humor con la didáctica de la materia que iba a tratar. Pero también hacia una combinación interesante con elocuencia porque era un tipo que se le facilitaba la palabra y que le sabía llegar a la gente con su conocimiento de las culturas locales y, por el otro lado, la ruptura que hacía con sus chistoretes. Era un excelente orador, sentía y sabía medir el feeling de la multitud. Me platican que los cursos que logró impartir eran una cátedra de aprendizaje, ver como manejaba la gente, como decía las cosas, el timing y el ritmo.

Portada del libro de García Martínez Cómo elaborar un proyecto cultural…y no frustrarse si no lo seleccionan. (Fotografía, cortesía de Gabriel Río de la Loza).

Los proyectos culturales, su pasión

Si algo aprendí del Doctor fue ver a los proyectos culturales desde un enfoque de análisis, es decir, tener la capacidad de medir si un proyecto es viable o es una mera ocurrencia. Un ejemplo que siempre nos hacía ver el Doctor era que un proyecto siempre debe estar paginado en las hojas, podría parecer ridícula la observación, pero si por alguna circunstancia el documento se te caía, podrías ordenarlo, de lo contrario, uno no sabría el orden de esta. Otra de las lecciones que se me quedaron muy marcadas, es que no estaba permitido que un proyecto cultural presentara faltas de ortografía, eso denostaba al postulante. También era muy común ver el desarrollo de un proyecto en 5 cuartillas o en 200 cuartillas, en el primero de los casos el Doctor expresaba que el proyecto era muy escueto y en el segundo de los casos, el postulante no tenía capacidad de síntesis para expresar las ideas.

Recuerdo que a la semana de haber llegado a la secretaría y empezar a revisar proyectos de capacitación, el Doctor me citó a su oficina para obsequiarme un ejemplar de su texto titulado Cómo elaborar un proyecto cultural…y no frustrarse si no lo seleccionan, una guía que elaboró para las postulaciones que participaban en las convocatorias del programa de estímulo a la creación y desarrollo artístico y que me sirvió, sobre todo, para verificar que los objetivos generales y específicos fueran congruentes con las metas y las actividades a desarrollar en un proyecto.

Quien fuera hasta su fallecimiento Director de Capacitación Cultural de la Secretaría de Cultura, se significó por sus tareas en la enseñanza.

“Hierro que trasciende”

El Doctor tenía una afición y admiración por el hierro, a través de este material canalizaba toda su creatividad elaborando figuras excepcionales. Fundiendo el hierro a altas temperaturas, forjándolo y uniéndolo con soldadura, logró crear piezas únicas, inspiradas en el contexto físico y cultural que lo rodeaba. Era muy característico en la oficina del Doctor ver una de sus piezas, para mí la más representativa, fue la escultura de un pez abisal, cuyo peso estaba sostenido, por la boca, en un trozo de madera. Fue muy generoso en compartirme fotos de las piezas que había elaborado, siendo la última que me compartió una de la Virgen de Guadalupe, ya que él se consideraba guadalupano. En su honor, el H. Ayuntamiento de San Juan del Río inauguró el 22 de mayo de 2017 (día que cumplía años el Doctor), la exposición denominada Hierro que trasciende con 20 de sus más emblemáticas piezas escultóricas de hierro.

Finalmente, la última vez que vi al Doctor fue el 21 de enero de 2017 cuando bajé a su oficina para informarle que ya no me renovarían mi contrato para continuar como evaluador de proyectos culturales por falta de presupuesto. En ese sentido, no puede evitar mi tristeza porque en el fondo de mí sabía que perdería a un mentor que, con su tiempo, me compartía lecciones sobre gestión cultural. Dos meses después a ese día, me avisaron que el Doctor había fallecido a causa de un paro cardiaco mientras viajaba a San Juan del Río como cada viernes, para pasar el fin de semana con su familia que radicaba en ese municipio.

Siempre estarás en nuestros corazones Tigre… descansa en paz.

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