Evaluar la gestión cultural; ¿aún no rinde sus frutos? (Primera parte)

Hablar de la formación de la gestión cultural en México, es mencionar a personalidades que han influido, con su conocimiento e investigación en muchas personas que nos dedicamos a esta naciente profesión: Blanca Brambila Medrano, José Antonio Mac Gregor, Carlos García Martínez (QEPD), José Luis Mariscal Orozco, Guillermo Bonfil Batalla, Eduardo Nivón Bolán, Néstor García Canclini, Lucina Jiménez, Carlos Villaseñor, Eduardo Cruz Vázquez, Ernesto Piedras, Liliana López Borbón, Alejandra Zorilla, por mencionar algunos.

En voz de Alfons Martinell, la profesionalización de la gestión cultural se genera principalmente por el dinamismo del propio sector. Por otro lado, se debe a la influencia de políticas culturales de las administraciones públicas que al intervenir más en la acción cultural crean un nuevo encargo social profesionalizador en el sector. Pero uno de los factores que ha provocado un cambio más importante en las últimas décadas, ha sido la confluencia del dinamismo entre políticas culturales públicas, iniciativa privada y el desarrollo de las organizaciones de la sociedad civil o del denominado tercer sector.

El apretado historial

No se pueden abordar los antecedentes de la formación de la gestión cultural en México, si no se hace mención de la publicación del texto “Formación profesional de gestores culturales en México, el caso de tres programas universitarios” (2015) por la investigadora cultural Blanca Brambila Medrano, quien hace un recorrido en sus primeros capítulos sobre el contexto en que se dio la formación de los entonces promotores culturales, cuya función principal estaba en la difusión de la cultura y cómo estas tareas se fueron modificando de acuerdo a las necesidades institucionales que llevaron a la ampliación de sus responsabilidades y, por consiguiente, al nacimiento de la figura del gestor cultural.

En nuestro país, la tendencia desde la década de los ochenta respecto a la formación, capacitación y actualización del sector cultural, había recaído en las instituciones gubernamentales, destacando el Plan de Actividades Culturales de Apoyo a la Educación Primaria (PACAEP). Los profesores formados en este programa fueron conocidos como maestros de actividades culturales. Los objetivos de este plan eran: Fortalecer la identidad cultural del alumno, brindar al educando oportunidades de acceso en el quehacer cultural y contribuir a la formación integral del educando. De acuerdo a lo referido por Brambila, este programa pretendía apoyar y dar formación al trabajador de la cultura para que orientaran sus funciones en apoyo al desarrollo cultural de las comunidades, así como legitimar la importancia de su labor, tanto a nivel personal como institucional.

En la década de los noventas, Saúl Juárez, entonces servidor público del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, estableció acuerdos con universidades, que en ese momento no habían incursionado en la formación de promotores culturales, para la realización de diplomados de capacitación dirigidos a los trabajadores culturales desde el programa de descentralización de ese órgano desconcentrado.

Como resultado de estas gestiones, en 1994, la Universidad de Colima, a través del Instituto Universitario de Bellas Artes, ofreció el diplomado en Animación Cultural con un valor curricular de 522 horas crédito, cuyos asistentes eran promotores culturales en activo; también había artistas plásticos, músicos, bailarines y promotores de salud.

En 1996, la Universidad de Guadalajara, por medio de la Coordinación General de Extensión, ofreció el diplomado en Animación Cultural para Jóvenes, cuyos egresados tenían un promedio de edad entre los diecisiete y 34 años. Finalmente para 1997, la Universidad de Guadalajara llevó a cabo, en coordinación con la Universidad de Colima y la Red de Investigación Compleja, el Diplomado en Técnicas de Investigación en Cultura, Comunicación y Sociedad, programa de carácter itinerante que se implementó en distintas ciudades del país a través de la colaboración de la Universidad de Colima con otras universidades.

La colección Intersecciones es uno de los aportes biliográficos en la teoría del campo de la cultura en nuestro país. (Imágenes: cortesía de Gabriel Río de la Loza).

Con la llegada del nuevo milenio, se dio el nacimiento de la Dirección General de Vinculación Cultural y con ello el papel protagónico de la capacitación cultural se vio fortalecido a través del nombramiento del Antropólogo José Antonio Mac Gregor, como el primer Director de Capacitación Cultural. En su gestión, surgió el Sistema Nacional de Capacitación y Profesionalización de Promotores y Gestores Culturales (SNC), como una estrategia de formación, actualización y profesionalización de promotores y gestores culturales a fin de crear opciones de calidad para impulsar el desarrollo cultural; el propósito era desarrollar una propuesta integral para la atención de los promotores culturales para estimular procesos formativos integrales que permitan mejorar la calidad de las actividades culturales que dichos promotores realizan en estados, municipios, comunidades y universidades de todo el país, aunque debemos reconocer que hubo un cambio en la conceptualización y operación de la política de formación cultural: de la figura de promotores comunitarios se pasó a formar gestores culturales; asimismo, se inició un proceso de sistematización y documentación de experiencias a través del trabajo editorial Intersecciones.

Dicha colección editorial surgió en 2004, con el objetivo de ser un material de consulta, formativo e informativo para los promotores y gestores culturales del país. Especialistas reconocidos como Marisa de León, Gilberto Giménez, Gerardo Covarrubias Valderrama, Aline Gras, Margarita Maas, Lucina Jiménez, Alejandra Zorilla, Eduardo Nivon Bolán, Ezequiel Ander-Egg, han colaborado en la conformación plural de esta colección.

El nombre Intersecciones, alude a un término usado en la teoría de conjuntos que refiere “al encuentro de dos líneas, superficies o conjuntos, es un espacio que vincula a dos diferentes elementos, se trata de una ‘articulación de las alteridades’, creación de algo común entre dos unidades distintas, un puente de comunicación, mediación respetuosa de la propia naturaleza de cada conjunto articulado, posibilidad de actuar en la pluralidad entre distintos actores, movimientos, corrientes, regiones, tiempos y formas de ser y pensar sin que predomine una sobre las otras, sin exclusiones, racismos ni prejuicios”.

Sus contenidos se han convertido en marco de referencia para quienes tratan estos temas, de modo que suelen ser mencionados en diversos estudios relacionados con la cultura, la gestión y la promoción cultural en nuestro país.

La coyuntura política estructural del 2000 que dio origen al SNC, detonó la conformación de los programas académicos universitarios de gestión cultural, los cuales abordaremos en nuestra siguiente entrega.

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