Evaluar la gestión cultural; ¿aún no rinden sus frutos? (Segunda y última parte)

La generación a través del tiempo de grupos y redes de gestores culturales que han propiciado espacios y herramientas de discusión, reflexión y comunicación de las experiencias, necesidades y problemáticas, han llevado al nacimiento de ofertas academicas en materia de gestión cultural. (Fuente: Sitio web Slide Player).

 

“No se trata sólo de formación académica, sino del sentido de profesionalidad,

de disciplina, de habilidades estructuradas, procedimientos organizados

y técnicas que hagan posible el desarrollo de la actividad,

una actividad que pretende operar con elementos tanto tangibles como intangibles

pero, ambos, constituyentes de nuestra identidad”.

David Ruiz.

 

En este momento de contingencia, el diálogo sobre la práctica de la gestión cultural, ha tomado un nuevo renacimiento. La oferta de educación continua a través de conversatorios, cursos, talleres, diplomados y seminarios en toda Iberoamérica ha sido el pan de cada día, pero el problema que detecto con esta oferta masiva de reflexión, es que los discursos y temáticas han sido tan diversos que se vuelve un ruido mental, como si existiera un desorden en las postulaciones teóricos-meteorológicas de lo que debe ser esta actividad, que llega a ser verdaderamente perturbador y desorientador, poniendo en duda si lo que se está haciendo es correcto. Lo cierto es que las dos herramientas que siguen influyendo en un proceso de formación para un aspirante o para el que lleva un recorrido en la gestión cultural, es la fuente bibliográfica y la educación continua.

Hablar de profesionalización implica un proceso social mediante el cual se mejoran las habilidades de una persona para hacerla competitiva en términos de su profesión u oficio mediante el cual cualquier ocupación se transforma en una verdadera profesión de la más alta integridad y competencia. La inclusión de la gestión cultural como disciplina académica en las universidades mexicanas, desafortunadamente sigue siendo emergente y ha implicado un proceso de legitimación en los últimos 14 años. Este proceso va desde el autorreconocimiento social, la reflexión sobre el impacto de los planes de estudio implementados, la sistematización y documentación de experiencia, así como la capacitación y actualización ante las instancias y comunidades académicas.

Sociedad Andante nace en esta contingencia como una opción de educación continua con una aproximación a la economía de las ideas, desde la que ofrece soluciones para fortalecer el desarrollo integral y autosustentable del sector cultural, tanto en el ámbito público como el privado. (Fuente: Tomada de la cuenta de Facebook de Sociedad Andante).

Con lo antes mencionado, me interesa dejar a la reflexión el resultado de la oferta académica de la gestión cultural, es decir de sus egresados; ya que desde la praxis, se argumenta que no se requiere un documento oficial para legitimarse como gestores culturales ¡y tienen razón!, pero no pueden llamarse profesionales de esta actividad, aunque existan casos excepcionales. En la normativa educativa, la cédula profesional es el documento a través del cual se comprueba que una persona concluyó por completo sus estudios y que tiene los conocimientos para ejercer su profesión. Una persona que haya terminado la carrera, si no obtiene su cédula profesional, no está oficialmente autorizada para ejercer una profesión.

Del 2015 al 2019, la Dirección General de Profesiones de la Secretaría de Educación Pública emitió un total de 453 cédulas profesionales entre 12 licenciatura sobre gestión cultural localizadas, como se muestra a continuación:

De acuerdo a lo mostrado en la tabla, las cédulas emitidas a la Universidad Veracruzana, el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente y la Universidad Nacional Autónoma de México, representan el 75.7 por ciento del total. Es de extrañarse que la precursora de las licenciaturas en gestión cultural como la ofrecida en la Universidad de Guadalajara (mi alma mater), sólo se hayan emitido un total de 27 cédulas profesionales, siendo el 2017 el año con más emisiones. Las externalidades negativas más frecuentes en estos casos es que el egresado deje trunca su proceso de titulación, por no concluir todas las horas de servicio social o prácticas profesionales, así como dejar inconcluso el instrumento de titulación, siendo este en la mayoría de los casos una tesis.

Por lo que refiere al posgrado, las cosas no mejoran, ya que del 2015 al 2019, la Dirección General de Profesiones de la Secretaría de Educación Pública emitió solamente 59 cédulas profesionales, 394 menos que en el caso de las licenciaturas. Dicho monto repartido en cuatro maestrías de nueve localizadas, como se muestra a continuación:

De acuerdo a lo mostrado, la Universidad Autónoma de Coahuila y el Colegio de la Frontera Norte representan el 76.3 por ciento del total de cédulas emitidas. Es de extrañarse también que una de las precursoras de los posgrados en gestión cultural como la ofrecida en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, no tenga cédulas emitidas en el periodo que se reporta. También hay que tomar en cuenta que en los últimos años se han abierto maestrías como las que ofrece la Universidad Panamericana, el Instituto Universitario Ortega y Gasset y la Universidad Autónoma de Querétaro, por mencionar algunos. La principal externalidad negativa que se presentan en estos casos es la preferencia de los profesionales de la cultura en estudiar sus posgrados en el extranjero, como el caso de la gestora cultural Ana Cecilia López que estudio su Maestría en la Universidad de Barcelona o los casos de Sofía Gabriel del Callejo, Cristina Pregrina Leyva y Sandra Patricia Cota Martínez, quienes fueron beneficiadas con la beca para estudios en el extranjero FONCA-CONACYT 2020 para estudiar en Estados Unidos y Países Bajos.

La Red Universitaria de Gestión Cultural México, integrada por 10 universidades públicas y particulares, se conforma con el propósito de consolidar la profesión de los gestores culturales, la investigación en el tema y el intercambio de profesores y estudiantes. (Fuente: Sitio web Quadratin).

Para que un gestor cultural se vuelva un verdadero profesional, debe legitimarse como en cualquier otra profesión, llevando su proceso de formación en cualquiera de las opciones universitarias en materia de gestión cultural y elegir a la educación continua como un proceso de actualización de sus conocimientos, a partir del contexto con el que se esté enfrentando, pero no a la inversa.

 


 

Para mayor información sobre la oferta educativa en materia de gestión cultural, descargue el documento aquí

 

 

 

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