Paso Libre

La gestión cultural en México está relacionada con el sector público, del que todavía depende en gran medida. Una excepción es el Museo Soumaya, de capital privado. (Foto: Andrea Leopardi para Unsplash).

Gestión cultural, un modelo de negocio

Son numerosos los textos que abordan, desde el marco teórico, la gestión cultural. Pero a principios de año cayó en mis manos un estudio enfocado en la gestión cultural como una actividad empresarial, elaborado por el Centro Europeo de Empresas e Innovación de Valencia en 2007. Desde esa fecha, el organismo no ha hecho una actualización del tema; de ahí la importancia de dar a conocer su contenido, a lo que se agrega el hecho de que en México no existe un estudio similar.

Para comenzar, se define a una empresa de gestión cultural como “aquella organización de carácter privado y con ánimo de lucro cuyo ámbito de actividad consiste en llevar a cabo actividades culturales de diverso tipo y para entidades tanto públicas como privadas”. Tomando en cuenta esta definición podemos advertir que en México la mayoría de organizaciones que establecen en su objeto social actividades culturales son sin ánimo de lucro, lo cual ha generado que el sector sea visto como un área no económica, cuyo valor se centra en la gratuidad.

Consideremos que la gestión cultural atiende diferentes campos de trabajo, entre los que se encuentran los vinculados con las artes, con el patrimonio cultural, con la cultura popular y con culturas emergentes como el turismo, el deporte, el urbanismo y la cooperación internacional, por lo que los bienes y servicios de este tipo de empresas podrían componerse de los siguientes productos: viajes culturales, gestión de proyectos museográficos, de colecciones de arte, organización de eventos culturales y artísticos y de foros, y comunicación cultural.

Se tiene que tomar en cuenta que en la gestión cultural la inversión es baja, siendo la partida más relevante la destinada al acondicionamiento de un local. Durante un periodo de tiempo, los ingresos serán escasos, por lo que se deberá establecer un sistema de financiación eficiente y disciplinado.

¿Cómo funcionan las empresas de gestión cultural en España? El estudio arroja que sobre todo están constituidas legalmente a través de una sociedad limitada o de autónomos, y tienen un volumen de facturación entre los 150,000 euros (3,200,000 pesos) y los 200,000 euros (4,265,000 pesos) anuales, aunque dependiendo de la dimensión de la empresa y el tiempo que lleve implantada pueden alcanzar los 300,000 euros al año (6,400,000 pesos).

En cuanto a empleos, las empresas de gestión cultural cuentan con entre dos y seis trabajadores fijos, y realizan contrataciones eventuales para hacer frente a una mayor carga de trabajo si lo exige un proyecto. Desempeñan sus funciones en instalaciones que no suelen exceder los 90 metros cuadrados. La forma de ventas más usual en este tipo de empresas es mediante la presentación personal de los distintos servicios que ofrecen utilizando un dosier informativo, dirigido a las entidades culturales públicas y privadas, y desarrollando una imagen corporativa plasmada en tarjetas de presentación, papelería y catálogos.

Con relación a la inversión y los gastos, el estudio menciona que el capital semilla que se requiere para emprender este tipo de empresas es de 32,420 euros (690,000 pesos), el cual permitirá cubrir los costos de acondicionamiento del local, mobiliario, equipos de cómputo, gastos de imagen corporativa, las tarifas legales y yo agregaría los costos de protección de la propiedad industrial.

Los gastos fijos anuales de una empresa de estas características se estiman en 78,791 euros (1,680,000 pesos) por concepto de sueldos, alquiler del local, publicidad, papelería, gastos financieros y de viajes, entre otros. Una vez determinada la inversión necesaria para la puesta en marcha, la estructura financiera de la empresa se ampara, inicialmente, en la cantidad aportada por el propietario o un tercero. En caso de no ser suficiente, se recurre a la financiación bancaria o no bancaria hasta completar las necesidades.

No podemos olvidarnos del perfil profesional del responsable. En Valencia, las empresas de gestión cultural han sido creadas por gente joven que proviene de la universidad o de algún posgrado vinculado a esta actividad y que va ganando experiencia conforme avanza la empresa. El inconveniente que tienen que superar cualquiera de estos profesionales es la falta de conocimientos de gerencia empresarial, lo que los obliga a contratar asesores externos o, como diría Napoleon Hill, los mind team, para que solventen dicha carencia.

Finalmente, pienso que para que en México existan mayores empresas de gestión cultural habrá que superar diversos puntos débiles como la inmadurez de una profesión naciente que hace que esta actividad sea poco conocida y por ende poco valorada. Dicha debilidad irá desapareciendo a medida que tanto el sector como la actividad crezcan y se posicionen, y disminuya la alta dependencia de los agentes culturales con el sector público, ya que en época electoral se detienen los presupuestos y, por lo tanto, se ralentizan los apoyos a proyectos. La carencia de una formación empresarial limita también la capacidad de mejorar las diferentes áreas del negocio, mientras que el desconocimiento de las diversas herramientas de gestión provoca una pérdida de competitividad.

gabriel.riodelaloza@gmail.com

4 de noviembre de 2019.