diciembre 5, 2022

Inculcar el gusto por una disciplina artística en los niños, les forja una personalidad íntegra. (Foto: khamkhor en Pixabay).

Impulsores del gusto

Inculcar el gusto por una disciplina artística en los niños, les forja una personalidad íntegra. (Foto: khamkhor en Pixabay).
Durante mucho tiempo he escuchado a las instituciones culturales atribuir a los creadores artísticos la responsabilidad de formar a los públicos o consumidores culturales. Sin embargo, en mi opinión esa afirmación no es del todo cierta.Entendamos que los creadores y los grupos artísticos diseñan una estrategia de comunicación para la difusión de una obra creada y perfeccionada a su gusto, donde definen el segmento de la población que pudiese coincidir con el ánimo que originó el proyecto artístico, y se encargan además de crear una imagen gráfica que invite al consumo de dicho producto. Esto no significa que dichas acciones generen en el consumidor el agrado constante por un evento artístico.

Para Pierre Bourdieu, el gusto es un conjunto de prácticas y propiedades de una persona o un grupo, producto de una confluencia entre ciertos bienes. Cuando ese gusto se vuelve concurrido, se genera un hábito o una costumbre. En este sentido, si los creadores no son los impulsores del gusto, ¿quiénes son los responsables de sembrarlo en una persona respecto de las manifestaciones artísticas y culturales?

En la humilde opinión de este gestor cultural, el primer responsable es el núcleo familiar. Los padres son los encargados de desarrollar el placer por las actividades artísticas y culturales en sus descendientes. Dentro de la convención tradicional de la familia, el padre siempre ha sido la cabeza pero hoy en día se ha diversificado esta función de liderazgo también en la madre. Ambos identifican las características personales de sus hijos para explotar sus capacidades creativas y, en sentido inverso, el entorno social y familiar de los primeros años formativos de los padres puede significar un obstáculo cuando a ellos no se les sembró el gozo por lo artístico.

Los padres son los primeros encargados en desarrollar el placer por las actividades artísticas y culturales en sus hijos. (Foto: Lina Kivaka en Pexels)

Desde el liderazgo, el modelo de Kotter pone de relieve que el líder debe adquirir competencias cognitivas como el conocimiento, la reputación, los valores personales y la motivación, por lo que inculcar el gusto por una disciplina artística contribuye en el desarrollo de las capacidades creativas de los menores y les forja una personalidad íntegra.

Se ha demostrado que no siempre sucede así ya que existe un alto porcentaje de padres de familia cuya falta de conciencia y liderazgo lleva a sus hijos a practicar actividades artísticas impropias de su edad y que les origina una mala experiencia. Esto provoca que el primer contacto con el arte para un niño o niña quede fijado en el subconsciente como una actividad aburrida y de poco interés para su desarrollo futuro.

Para evitarlo, los padres deben buscar estrategias que beneficien a toda la familia negociando la administración del tiempo. Por ejemplo, elegir entre semana las actividades que vayan de acuerdo con las necesidades de los padres y dedicarle el fin de semana a las actividades recreativas para los hijos, lo que permitirá una concurrencia exitosa para cada uno de los miembros.

Las escuelas cumplen funciones de liderazgo en los estudiantes al explotar sus capacidades creativas a través de las labores escolares, incluyendo las artísticas. (Foto: rawpixel en Pexels)

El segundo responsable es el sistema educativo. Así como lo son los padres de familia, los centros de la enseñanza cumplen las funciones de liderazgo en los estudiantes al explotar estas capacidades creativas a través de las labores escolares, incluyendo las artísticas.

La escuela y la familia tienen influencias superpuestas y responsabilidades compartidas por lo que ambas instituciones deben cooperar en la educación de los niños.

Padres y profesores tienen que redefinir sus relaciones sustituyendo el conflicto por la colaboración (Oliva y Palacios, 1998). La vida de cada menor se desenvuelve desde muy temprana edad en dos mundos: el familiar y el escolar, que inciden en el desarrollo de la personalidad y actúan simultáneamente en tiempo y a veces en espacio. Si tenemos presente dichas premisas, podemos justificar la necesidad de establecer un arraigo mayor en las relaciones familia-escuela.

Lo recintos escolares deben buscar la educación artística como el motor que complemente la formación de un gusto que no se desarrolla dentro del núcleo familiar. Afortunadamente muchos niños y jóvenes encuentran el placer por las actividades artísticas dentro del sistema educativo que les genera a su vez un interés por los espacios donde pueden deleitarse de estas manifestaciones estéticas.

Por último, tenemos como tercer responsable al Estado.

Dentro de las tres instituciones generadoras del gusto, el Estado debe promover los medios para la difusión y el desarrollo de las artes atendiendo todas sus manifestaciones y expresiones con pleno respeto a la libertad creativa, y elaborando proyectos que alimenten ese placer por el arte y la cultura.

En conclusión, la labor conjunta y desarrollada por parte de estos tres responsables de la sociedad permitirá poco a poco seguir sembrando el gusto en las siguientes generaciones y formar nuevos consumidores del arte y la cultura.

25 de agosto de 2019.

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