Unidad, el gran reto de los
agentes culturales post-Covid-19

Trabajadores por cuenta propia, gestores culturales, artistas, intelectuales, microempresarios, agentes culturales, miembros de la comunidad cultural, empleados. Ellas y ellos, en su conjunto, en diálogo con las autoridades de la Secretaría de Cultura, para enfrentar los estragos del coronavirus en sus vidas. (Foto: Gabriel Rio de la Loza)

En este periodo de confinamiento, la oferta de conversatorios sobre temas culturales ha sido muy diversa y participativa. Los grupos enfocados a la gestión cultural en redes sociales, sobre todo en Facebook, han sido muy activos en discutir y encontrar respuestas a las medidas que se deberían realizar en este periodo de cuarentena, o bien, las acciones que se deberán emprenderse dentro del sector cultural para lograr una recuperación cuando se regrese a la supuesta “normalidad”. Sin embargo, al conectarme y escuchar a los diversos ponentes latinoamericanos sobre temas de gestión cultural, pude entender que el gran reto dentro del campo de la cultura en nuestro país, está en que sus agentes culturales encuentren objetivos para fortalecerse como un gremio legítimo para intervenir en la articulación de las políticas culturales en los tres órdenes de gobierno.

Para Alfons Martinell, los agentes culturales aportan su acción para consolidar una actividad social, pudiendo representar, en un contexto determinado, un potencial democrático importante. Por tal razón, el papel de los agentes culturales en el diseño de una política cultural es un elemento definitorio en la implementación y aplicación de sus contenidos. De ahí que en los procesos de análisis y evaluación de políticas culturales territoriales se relacione la existencia de un variado tejido de agentes como una de las principales condiciones de desarrollo social, cultural y económico.

Programado para abril, este fundamental espacio para los gestores culturales del país, espera realizarse en noviembre. (Imagen: Facebook).

¿Hay una crisis en los agentes culturales?

Es preocupante darme cuenta como gestor cultural, que los planteamientos que se dieron a conocer hace 10, 15 o 20 años sobre el papel de los agentes culturales, parecería que fueron desarrollados hoy en día, lo que nos demuestra que como ecosistema, no hemos avanzado como agentes de cambio.

Nuestra participación como interlocutores en las políticas culturales es débil, dividida, relegada y poco participativa. La gestión cultural en América Latina es poco estática, hay muchos debates, líneas de investigación, procesos de formación que se han establecido en universidades públicas y privadas de renombre. Sin embargo, habrá que cuestionarnos si los agentes culturales que se encuentran vigentes en este momento, tienen las competencias necesarias o suficientes para abordar la crisis en la que se encuentra el sector. Yo me lo cuestiono constantemente a pesar de ser egresado de una licenciatura en gestión cultural.

Habrá que preguntarnos ¿como ecosistema tenemos una mínima estructura de soporte y sostenibilidad que nos permita visualizar líneas estratégicas de oportunidad? A mi entender aún no, por las siguientes externalidades negativas:

  1. Dispersión gremial.
  2. Falta de ideas y acuerdos entre los agentes culturales, producto de la diversidad de enfoques sobre cómo se deben de llevar a cabo las políticas y la gestión cultural.
  3. Informalidad estructural presente en iniciativas que se congregan para defender los derechos culturales, como es el caso de los movimientos MOCCAM, No vivimos del aplauso y la Asamblea por las Culturas.
  4. Narcicismo ególatra que estanca al sector.
  5. Desigualdad competitiva y;
  6. Resistencia a un cambio generacional.

Somos un sector frágil en las transiciones de gobierno, seguimos sujetos a lo que la nueva administración nos da o nos ofrece, delimitado a las medianas oportunidades a causa de los escasos recursos que se asignan en la Secretaría de Cultura federal, Órganos Desconcentrados y Entidades Paraestatales del sector cultural, o bien, a los recortes presupuestales que se están volviendo una práctica constante en la actual administración. De seguir por el mismo camino, sólo se logrará que la crisis que surgió mucho antes de la pandemia, se profundice aún más, afectando a corto y mediano plazo la labor de la gestión cultural.

En Lambayeque, Perú, tiene años que se inculcó la figura del agente cultural en su escenario social. Este tipo de encuentros propician formas de agremiación que le hacen falta a México. (Imagen: cartografiacultural.wordpress.com).

La vacuna para rescatar el ecosistema cultural

Considero que para poder implementar nuevas acciones que logren una participación legítima de los agentes culturales en lo público, se debe generar nuevos procesos que vinculen a los agentes culturales con el Estado, aprovechando sus campos de intervención, planteamientos y aportes que el arte y la cultura hacen en temas de planificación y acompañamiento en la agenda pública.

Si bien la autoridad cultural suele convocar constantemente a diálogos y mesas de trabajo con los diversos agentes culturales para tomar propuestas que encaminen a un programa sectorial, es sabido por todos que dichas propuestas suelen guardarse en el cajón de un mando superior de la dependencia, por tal razón el sector deberá exigir que los procesos políticos con el Ejecutivo y Legislativo sea de igual a igual, terminando con la percepción de que los políticos están haciendo un favor al arte y la cultura.

De acuerdo con el artículo 17 de la Ley General de Cultura y Derechos Culturales, la federación, las entidades federativas, los municipios, las alcaldías de la Ciudad de México y las personas físicas o jurídicas de los sectores social y privado que presten servicios culturales, podrán participar de los mecanismos de coordinación con el propósito de dar cumplimiento al objeto de esta Ley. Asimismo, el artículo 19 fracción VIII menciona que la Secretaría de Cultura se encargará de promover e impulsar la participación de la comunidad en la preservación de la cultura y quienes conformamos el campo de la cultura, también somos parte de la comunidad. Por tal motivo, debemos como gremio, establecer un sistema de seguimiento a la labor de las autoridades culturales en los tres órdenes de gobierno, creando comisiones ciudadanas que vigilen que las metas institucionales establecidas en los programas de cultura, se cumplan a cabalidad. Asimismo, buscar otros vínculos de oportunidad en un esfuerzo transversal con sectores públicos o privados afines a lo cultural, como es el caso de turismo, medio ambiente, salud, economía, entre otros.

Debido a esta situación, los agentes culturales más que nunca debemos estar unidos, tener unas conexiones de tipo estratégico y de tipo consciente para establecer un punto de partida en donde se construyan nuevas dinámicas y procesos de gestión cultural, no basta con conformar redes si dichas redes no estimulan la cooperación entre sus miembros con proyectos en común, tener la capacidad de como gremio generar riqueza cultural, bajo un contexto de transformación y sustentabilidad.

Como dice la Dra. Margarita Maas: “acrecentar tú capital social, te permitirá incrementar tú capital económico”.

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