CDMX: la política cultural
como forma de gobierno

Vienen y van. Tras el triunfo de Cuauhtémoc Cárdenas en el entonces Distrito Federal (1997), la izquierda del PRD dominó hasta el arribo de la izquierda MORENA. Una política cultural que inició con Alejandro Aura y dio viraje Alfonso Suárez del Real. (Imagen: PasoLibre)

¿Como cuánto nos falta para que disfrutar del respeto de nuestros derechos fundamentales? En un país en que son más importantes los lemas que el ejercicio efectivo de los derechos, es pertinente esta pregunta, de igual forma que cuestionarnos sobre si los procesos de transformación social pasan por la cultura.

Negación y recomposición del presidencialismo

La negación justificada al modelo de modernidad bestial, llamada neoliberalismo, anticipa no una transformación democrática, sino paradójicamente, una recomposición del anquilosado y obsoleto sistema presidencial y del partido único del que creíamos haber salido, la llamada dicta blanda.

Hemos llegado al gobierno de un partido que ha aglutinado a varios de los actores y beneficiarios, con una considerable carrera política en el tema de los derechos fundamentales: Martha Lucía Micher con la equidad y los derechos de las mujeres; Clara Brugada con el derecho al agua, a la salud; o luchadores sociales como Alejandro Encinas, Pablo Gómez o Alfonso Ramírez Cuéllar, quienes han portado estos emblemas. Desde el gobierno, al que pertenecen y representan, nos dicen que están operando una gran transformación, la Cuarta, que se suma a la serie de propuestas “modernizadoras” y “transformadoras” que han omitido toda forma de modernización democrática.

El Sector Cultura

En la cultura, la secretaria Alejandra Frausto propuso en campaña la promesa “de llegar al cargo”, de implementar una política cultural fundada en los derechos culturales; el gobierno de la Ciudad de México y su primera legislatura tuvieron a bien tener una Comisión de Cultura y Derechos Culturales; el secretario de Cultura, José Alfonso Suárez del Real había propuesto y logrado la aprobación de la Reforma Constitucional del 4º, fracción 12, en 2009 y en 2018 se publicaba la Ley de Derechos Culturales de los Habitantes y Visitantes de la CDMX, deja pendientes: la promulgación del Reglamento para establecimientos culturales de la CDMX; los acuerdos con agrupaciones culturales para resolver problemas laborales, de contrataciones y financiamiento para mitigar los efectos de la pandemia en el sector.

Pandemia y cultura

La pandemia no sólo ha golpeado por su letalidad y contagios; nos ha sumido en una de las peores crisis en la economía y en lo social; en lo cultural los efectos se multiplican y la ayuda o las acciones de mitigación han quedado en nada. Es evidente que no existe el menor cuidado en el respeto a los derechos culturales, excepto en informes o en declaraciones que se contradicen al chocar con el muro de la sordera e indiferencia de las autoridades culturales. Así se han manifestado diferentes grupos que quieren que se prosiga en el camino emprendido por el entonces secretario de Cultura, Suárez del Real para lograr acuerdos de rescate ante la emergencia sanitaria y económica.

 

¿Quién sigue? Al frente del despacho cultural de la Ciudad de México han estado también Enrique Semo, Raquel Sosa, Elena Cepeda, Nina Serratos, Lucía García Noriega y Eduardo Vázquez. (Imagen: Paso Libre).

 

Desfile de recuerdos

Desde la designación del actor y poeta Alejandro Aura, la Ciudad de México ha vivido bajo perfiles de titulares de cultura por encargo político. Aura tuvo un muy buen periodo como director del Instituto de Cultura del Distrito Federal, pero su gestión como primer secretario del sector fue muy cuestionado y no concluyó. El historiador Enrique Semo tuvo muy poca vinculación con el medio cultural y aceptó reducciones presupuestales que golpearon por igual a trabajadores, productores y artistas y tuvo que ceder el cargo a la socióloga Raquel Sosa, quien recibe el cargo como consolación por haber dejado su puesto como secretaria de Desarrollo Social a favor del entonces futuro Jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard. El Jefe de Gobierno Ebrard opta por Elena Cepeda, quien no tiene más trayectoria que ser la esposa de Graco Ramírez; llevó una gestión nebulosa, por reconocerle algo. En el sexenio de Miguel Ángel Mancera Lucía García Noriega asume como secretaria de Cultura, sin proyecto cultural aunque con una cierta trayectoria en instituciones culturales, pero tiene que dejar el cargo después de presiones y denuncias de sus subalternos. Al finalizar el sexenio, el poeta y antropólogo Eduardo Vázquez Martín concluye el sexenio sin resultados, sin política cultural y con el proyecto de los faros descapitalizados y el del Cine Cosmos, en obra negra. Vemos detrás de estas designaciones la sombra de los acuerdos políticos y la imposición de agendas personales, es por eso, que el anuncio de Suárez del Real para conducir la política cultural de la Ciudad de México despertó muchas simpatías, parecía que ahora sí se privilegiaría el perfil, la trayectoria.

La política cultural por venir

Si hay una posibilidad para la democratización del país, es ahora, pero para lograrlo es necesario que se construya una política de gobierno que tenga como cimientos los derechos fundamentales, consignados en al Constitución Política de la Ciudad de México. Es así que la designación del próximo titular de la Secretaría de Cultura será muy importante, porque dejarán claro si designarán por pragmatismo de cuotas, pago de facturas o acuerdo entre morenistas o afines, o la designación será por un perfil de quien tenga una amplia trayectoria en el sector cultural, que cumpla con el perfil de proponer y desarrollar una política cultural fundada en los derechos culturales. Las cualidades requeridas son para enfrentar la peor crisis social, económica y cultural que hemos vivido hasta ahora, así como la recomposición de un sector que tendrá que convertirse en catalizador de procesos de reconstrucción política, así como en la economía y en la consolidación de una nueva forma de gobierno.

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