En defensa de la colección Gelman

La mecenas y el legado: pintura de Diego Rivera Retrato de Natasha Gelman(1943), que forma parte de la amplia colección.

A la opinión pública:

La secretaria de Cultura, Claudia Curiel, y la directora del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), Alejandra de la Paz, nos han estado mintiendo todas estas semanas: la Colección Gelman sí se va de México por tiempo preocupantemente ilimitado. Los representantes del Banco Santander, en rueda de prensa y en entrevistas varias, han expresado lo que ellas, de manera torpe y, recientemente, incluso grosera, han intentado ocultar: se trata de “un depósito a largo plazo renovable”. Algo muy alejado de su insistente “permiso temporal”.

Gracias al periódico Reforma, que tuvo acceso al convenio firmado por las partes (Zambrano-Santander-INBAL), hoy se sabe que Alejandra de la Paz firmó, sin titubear, un acuerdo el pasado enero para que las treinta obras de la Colección Gelman que cuentan con una declaratoria de Monumento Artístico permanezcan “en el extranjero hasta septiembre de 2030, con la posibilidad de una prórroga indefinida” (Reforma, “Permiten hasta 2030 salida de Colección Gelman”, 29/03/26).

Esto es, que el convenio lleva en el corazón la sentencia final de estas obras maestras mexicanas que el gobierno tiene la obligación de proteger y que, sin embargo, ha preferido ofrendar a un consorcio español. Los cuadros de Frida Kahlo, María Izquierdo, Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco se van del país y es altamente probable que no vuelvan.

En el documento firmado por Alejandra de la Paz puede leerse: “… tomando nota El INBAL de esta voluntad de las citadas partes los coleccionistas y Banco Santander y manifestando su buena disposición a considerar en el futuro la prórroga del convenio a tal efecto, este convenio se podrá prorrogar con previo acuerdo de EL INBAL”.

A pesar de ello, en un comunicado emitido el 11 de marzo, plagado de inconsistencias y, hoy lo sabemos, mentiras flagrantes, el INBAL declaró que “no ha autorizado ni autorizará la exportación definitiva de obras de la artista ni de ninguna otra con esta declaratoria”. Lo cual, ya se ve, contradice lo que por atrás pactó con el Banco Santander. En el contrato queda asentada la posibilidad, sin precedentes históricos, de extender sin límite el plazo de exportación, algo que voceros del banco y de la familia Zambrano, según advierte Reforma, reconocen como escenario perfectamente viable.

¿O es que acaso el INBAL suscribió los términos de un convenio que no piensa respetar? Porque la secretaria Curiel declaró públicamente que “nosotros estamos en gestiones definiendo obviamente fechas para tener en unos dos años, tres años, otra exposición en nuestros museos mexicanos. Es algo que no puedo decir exactamente ahorita qué día ni dónde, pero es parte de lo que quedamos también con ellos”. En ningún inciso del convenio se lee que exista un acuerdo para que la colección regrese a México en dos o tres años. De hecho, lo que establece el documento es que Santander queda eximido “de reingresar ‘LAS OBRAS’ a los Estados Unidos Mexicanos hasta la terminación del periodo de vigencia del presente convenio, sobre la base de la renovación periódica de los permisos de exportación por parte de la autoridad aduanera”.

El acuerdo en posesión del diario Reforma –documento que las autoridades se han negado a hacer público– refuta los dichos de las funcionarias culturales, cosa que lamentamos profundamente. Teníamos la esperanza de que el gobierno hubiera actuado como verdadero custodio de nuestro patrimonio, ya que las obras con declaratoria jurídicamente pueden ser de particulares, pero simbólicamente pertenecen a los mexicanos. Y, como ha observado el doctor en Derecho de la Cultura, Carlos Lara, el Estado mexicano tiene interés jurídico directo en cualquier operación que involucre bienes culturales porque la Constitución le impone la obligación de proteger el patrimonio cultural de la nación.

Nosotros no podemos exigir a la familia Zambrano ni al Banco Santander que contrarien el convenio tripartita y omitan prorrogar el plazo de salida de las obras protegidas (y de todo el conjunto, idealmente). Los intereses de los privados corren por sendas distintas a las que rigen el espíritu de las leyes de protección del patrimonio. Pero sí podemos exigir, y es lo que venimos haciendo sin ser escuchados desde hace más de un mes, que el gobierno actúe como lo demanda La Ley de Monumentos y proceda a retirar del acuerdo la promesa de extensión indefinida del plazo.

Las autoridades deben dejar de emplear eufemismos y medias verdades en sus comunicaciones con los ciudadanos. Temporal es lo opuesto a duradero. Y ya vemos que, tristemente, el INBAL, por primera vez, decidió otorgar una salida que tal vez durará para siempre. Las obras no son Monumento Artístico por pura ocurrencia, sino porque son parte fundamental de nuestra historia y de nuestra identidad cultural. Y esto, ni más ni menos, es lo que aquí ha sido irresponsablemente puesto como garantía, en este acuerdo, firmado de espaldas a los mexicanos.

Ciudad de México a 31 de marzo de 2026.

Colectivo @defendamoslacolecciongelman

#NoAlaprórrogaIndefinida

#FridaNoSeVa

#LaGelmanSeQueda

Share the Post: