diciembre 3, 2022

Adolfo López Mateos saludando durante un mitin en Aguascalientes en 1957 o 1958. (Foto: Casasola. Fototeca Nacional del INAH).

López Mateos: La maraña del origen

Adolfo López Mateos saludando durante un mitin en Aguascalientes en 1957 o 1958. (Foto: Casasola. Fototeca Nacional del INAH).

Le pone fecha: 17 de agosto de 1946. Un mes después de que Adolfo López Mateos ganara las elecciones como senador por el Estado de México. Lo imagina fumando sus Delicados, preocupado porque su contrincante del Partido Nacional Demócrata Independiente, Adolfo Manero, lo acusa de haber nacido en Guatemala.

Gustavo Díaz Ordaz, senador electo por Puebla, y quien durante la presidencia de López Mateos se convertirá en su secretario de Gobernación, lo tranquiliza: “Nadie nació donde se supone, ni estudió lo que dice que estudió. Todos son puros papeles que se expiden, se pierden, se queman, se vuelven a hacer”.

La escena es imaginada por Fabrizio Mejía Madrid en Disparos en la oscuridad (Suma de Letras, 2011), la historia novelada de Díaz Ordaz. Parte de varios hechos reales. Es cierto que Manero objetó la elección de López Mateos ante la Comisión Revisora de Credenciales del Senado.

El Colegio de México conserva el documento que presentó: un acta de nacimiento a nombre de Carlos Adolfo López Mateos, originario de Patzicía, en el departamento de Chimaltenango, Guatemala, donde habría nacido el 10 de septiembre de 1909.

Más de un siglo después de su supuesta expedición, en 2015, el registrador civil Carlos Enrique Alonzo Choy aseguró que en los archivos de Patzicía no aparecía ninguna acta con ese nombre, desde la supuesta fecha de nacimiento hasta enero de 1912.

López Mateos ofreció a la comisión del Senado una serie de documentos que probaban su nacionalidad, aunque no el que habría sido obvio que incluyera: su partida de nacimiento.

Aun así, se determinó que, por ser hijo de padres mexicanos, incluso “suponiendo sin conceder” que hubiera nacido fuera del territorio nacional, debía considerársele mexicano por nacimiento de acuerdo a lo establecido por la Constitución.

Aquí había un segundo problema, ignorado por la comisión: el supuesto padre de López Mateos, del que tomó su apellido, no pudo haberlo engendrado. Cuando el político nació, el 26 de mayo de 1908 —no de 1910 como ha hecho creer la historia oficial—, el dentista Mariano Gerardo López llevaba cuatro años fallecido.

Javier Sanchiz Ruiz, historiador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y Juan Gómez Gallardo Latapí, miembro de la Academia Mexicana de Genealogía y Heráldica, dieron a conocer en 2016 el hallazgo de su acta de defunción en el artículo “En busca de las huellas documentales de una familia presidencial mexicana: los López Mateos”, publicado en Estudios de historia moderna y contemporánea de México.

El documento consigna que la tarde del 11 de marzo de 1904 falleció de neumonía Mariano López, de 43 años de edad, originario de Zacatecas, “casado con Elena Mateos”. Fue enterrado en el Panteón Francés.

Habían contraído matrimonio en 1899: el 21 de julio fue la ceremonia civil, y el 12 de agosto la religiosa. De su unión nació Mariano José en 1900, Elena en 1901, y Rafael Fernando el 12 de marzo de 1904, unas horas después del fallecimiento de Mariano. Aunque fue registrado como hijo póstumo, en ese tiempo los esposos ya no vivían en el mismo domicilio.

Los investigadores hallaron también las actas de bautismo de Esperanza, nacida en 1907, y de un niño que vino al mundo en 1908 en la calle de Altamirano, en la Ciudad de México, y fue bautizado tres años después de su nacimiento, el 12 de enero de 1911, como Adolfo Felipe Neri. Ambos fueron registrados en la parroquia de San Cosme y San Damián como hijos naturales de Elena.

Sanchiz Ruiz explica en entrevista vía correo electrónico que hasta la digitalización documental realizada por los mormones —en el portal FamilySearch— y la labor de indexación de registros, no era posible para un investigador hallar documentos de forma fácil: “Era como buscar agujas en un pajar”.

“La fuerza y el peso de la costumbre, aunado a la conveniencia del momento”, es para el historiador una posible razón por la que quienes fabricaron la biografía oficial de López Mateos decidieron no eliminar documentos como los que encontró, que podían desmontar el relato.

A lo largo del tiempo, la mayoría de los biógrafos han consignado el nacimiento de López Mateos en Atizapán de Zaragoza en el patriótico año de 1910, una invención que se ha atribuido a su mentor político, Isidro Fabela. Lo hizo Antonio Garza Ruiz en Estirpe liberal de López Mateos (1958), Marta Baranda y Lía García Verástegui en Adolfo López Mateos, estadista mexicano (1987), Yolanda Sentíes en Adolfo López Mateos, senador de la República (1946-1952) (1993), y Emilio Arellano en Adolfo López Mateos. Una nueva historia (2013).

En La presidencia imperial (Tusquets, 1997), el historiador Enrique Krauze reconoce que “nadie sabría a ciencia cierta” su lugar y fecha de nacimiento, pero considera “la más probable” el 26 de mayo de 1909 en Atizapán de Zaragoza, aunque no aclara por qué.

Año con año, los gobernadores del Estado de México conmemoran en este municipio —cuya principal vía de acceso también lleva el nombre del político— el natalicio de quien es considerado el primer mexiquense que ocupó la presidencia, orgullo de la entidad. Ahí se realizan también guardias de honor el día de su muerte en el Mausoleo Adolfo López Mateos, donde descansan sus restos junto a los de su esposa Eva Sámano. Alrededor de su nacimiento se ha construido una mitología que al aparato político no le interesa desentrañar.

López Mateos es un presidente cuyos logros el priismo se adjudica con orgullo: creó en 1959 la Comisión Nacional de los Libros de Texto Gratuitos y el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), nacionalizó en 1960 la Comisión Federal de Electricidad, inauguró en 1964 el Museo Nacional de Antropología. De la represión a los ferrocarrileros, a los maestros y a los líderes agrarios, se habla menos, o se atribuye a la dureza de su secretario de Gobernación, Díaz Ordaz.

Una vez hallada el acta de defunción de Mariano Gerardo López surge de nuevo la pregunta que en 2015 ocupó varios titulares: ¿quién fue el padre del político?

Para los descendientes de Gonzalo de Murga y Suinaga no cabe duda de que este empresario y poeta español fue el padre biológico de López Mateos. Lo piensan su nieta Regina Santiago, autora de la biografía Gonzalo de Murga y Suinaga. Un Quijote en México (Porrúa, 2005), y su bisnieto español Xabier de Murga.

En una carta fechada el 26 de noviembre de 1927, dirigida a Gonzalo, su primogénito, De Murga reconoce su paternidad: “Tuve varios hijos. Murieron unos. Viven otros (…) Quiero mucho, con particular dilección, a Esperanza y Adolfo López Mateos”. Desde Biarritz, el 24 de diciembre, su hijo le responde: “Te prometo, también, ayudar, moral y materialmente, en la medida de mis fuerzas, a tus otros hijos, Esperanza y Adolfo”.

A Regina Santiago su abuela le contó que De Murga tuvo tres hijos con Elena Mateos, de los cuales uno murió; podría ser el pequeño Rafael Fernando, fallecido con poco más de un año, el 26 de abril de 1905.

Adolfo López Mateos en una imagen tomada en Durango en 1958. (Foto: Casasola. Fototeca Nacional del INAH).

Adolfo creció pensando que el empresario español era su padrino. Dejaron de hablarse en 1929, por razones que se desconocen, y cinco años después, el 28 de junio de 1934, De Murga fue asesinado de dos balazos en su Ingenio de Santo Domingo en Oaxaca, según se dijo por conflictos sindicales.

¿En qué momento Elena decidió poner a sus hijos el apellido de su esposo muerto? No se sabe con certeza. El nombre de Adolfo López aparece en un diploma de honor expedido en 1922 por el Colegio Francés por haber terminado sus “estudios primarios superiores”.

“Adolfo debe haber crecido y vivido desde su infancia (de cara al resto de la comunidad) como López Mateos”, señala Sanchiz Ruiz. “Deshacer toda la maraña es probable que implicara vencer obstáculos de índole moral que la época no facilitaba”.

Sobre si en ese tiempo resultaba sencillo falsificar documentos, el historiador explica: “La investigación que desarrollamos en el Seminario de Genealogía de la UNAM, que coordino, nos ha mostrado que es bastante frecuente localizar información falsa en las actas, más aún en la documentación del Registro Civil, donde no hay un mecanismo que compruebe los hechos registrales. Pero también hay falsedades en algunas de las generadas por la Iglesia”.

Que López Mateos fuera hijo de Gonzalo de Murga significaría que, al asumir la presidencia en 1958, incumplió la fracción I del artículo 82 constitucional, en la que se establecía que el mandatario debía ser hijo de padres mexicanos por nacimiento, disposición que fue reformada en 1999. El hecho de ser hijo de un español nacido en Vizcaya le habría impedido asumir el poder.

Sanchiz Ruiz manifiesta su satisfacción por haber respondido con su trabajo a un interrogante histórico y señala, respecto a la legitimidad del presidente: “Las instituciones del momento declararon presidente a Adolfo López Mateos, y esas instituciones dieron por válido el proceso. Como investigador en genealogía he contado los resultados de mi investigación. Corresponde a los historiadores del periodo incorporar esta información a su contextualización. No obstante, la pregunta es tan compleja como formularla en el sentido de ¿que tan legítimas fueron unas instituciones que permitían el maquillaje y la falsificación documental?”.

Esta no es la única bruma que aún envuelve a López Mateos. En La Herencia (Alfaguara, 1999), Jorge G. Castañeda incluye un relato que le hizo Jesús Reyes Heroles a su hijo Federico. Los hechos habrían ocurrido en 1969, cuando el entonces director de Pemex se descartó para la presidencia, a pregunta expresa de Díaz Ordaz, pues era hijo de español. El mandatario le pregunta si sabía que Manuel Ávila Camacho era también hijo de español; no lo sabía, contesta Reyes Heroles.

“Díaz Ordaz retoma su argumentación: ‘Usted sabe que el presidente López Mateos era hijo de guatemalteco’”, escribe Castañeda. “Reyes Heroles: ‘Eso sí lo sé, no guatemalteco pero guatemalteca. Por haber sido secretario general del Seguro Social me tocó ver la documentación al respecto, y me encontré con que es verdad que el licenciado López Mateos era hijo de guatemalteca. Pero tampoco era abogado, cursó la carrera de derecho pero nunca se recibió”.

El acta de nacimiento de Elena Mateos Vega, registrada con el nombre de Sóstenes Atenógenes Elena, consigna que nació en la calle de Humboldt número 8 el 28 de noviembre de 1874.

La familia de López Mateos, fallecido el 22 de septiembre de 1969 —este año se conmemorará el medio siglo de su muerte— a causa del daño que le produjeron siete aneurismas cerebrales, ha mantenido la versión oficial sin fisuras.

En un documental conmemorativo realizado en 2015, Historias de vida: Adolfo López Mateos, transmitido por Canal Once, se insiste en atribuir la paternidad del político a Mariano Gerardo López, vinculándolo con ilustres zacatecanos —por la rama paterna— como el poeta Ramón López Velarde y el general Jesús González Ortega.

En el documental, la nieta de López Mateos, Giuliana Zolla, tiene un desliz verbal cuando, tras afirmar que la familia de su abuelo era “surrealista”, agrega: “Su padre muere antes de que él naciera”, mientras que el político sostenía que había fallecido cuando era muy pequeño.

Sobre esta permanencia del mito del origen de López Mateos entre sus familiares, Sanchiz Ruiz considera que son cuestiones que no le compete contestar. “Desconozco si el día de hoy los descendientes de don Adolfo continúan hablando sobre el origen biológico de su padre. Tampoco creo que ellos tengan que explicar dudas de otros sobre la identidad del presidente”.

14 de agosto de 2019.

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