Polvos, lodos de 1990: Juan Gabriel en Bellas Artes

Números alegres: según la IA de Google, en la primera semana el documental sumó alrededor de 2 millones de espectadores. (Imagen tomada de informador.mx).

Música de fondo: fragmentos de la Obertura de la ópera El holandés errante, de Wagner y de la Sinfonía 40, de Mozart. Que cada uno le ponga significados.

 

Me voy a ocupar de algunos recuerdos que son a la vez precisiones que me tuve que hacer. Surgieron alrededor del minuto 47 del segundo episodio de la docuserie Juan Gabriel: Debo, puedo y quiero. El espléndido filme de María José Cuevas, de todas y todos quienes le acompañaron en la producción de Netflix. Una labor titánica cuando lo que te sobra es material del biografiado y tienes que fijar límites. Eso incluye la delicada selección de testimonios, de las fuentes y de la veracidad en momentos climáticos.

Los minutos restantes de la hora del episodio tienen que ver con los cuatro conciertos de Juan Gabriel en el Palacio de Bellas Artes (PBA), del 9 al 12 de mayo de 1990. Consecuentes con el tratamiento político a Carlos Salinas de Gortari, no se dice lo que estimo era indispensable: que se había creado el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, que lo presidía Víctor Flores Olea y sobre todo que el director general del INBA era Víctor Sandoval. Se llamó para dar fe de la reacción con “críticas brutales” del “mundo cultural” a María Esther Pozo, directora de Difusión y Relaciones Públicas no del instituto, sino del palacio. La directora de Difusión y Relaciones Públicas e Internacionales era la queridísima Paulina Campdera.

Así las cosas, a reanimar la memoria, a consultar algunos catálogos, a hacerle preguntas a ciertos personajes que eran servidores públicos tanto del Conaculta como del INBA en esa etapa (otros más ya fallecieron) y a platicar con gentes que rondaron por ahí. El propósito no era revivir el “sacrilegio o no” -según algún periódico de la época- de Juan Gabriel en Bellas Artes. Quise serme diáfano en el recuerdo de un suceso cultural al que no asistí, ya que andaba en Tijuana por mi trabajo en el Programa Cultural de las Fronteras, días de realización del Festival Internacional de la Raza, con mi jefe Alejandro Ordorica.

El documental elabora subrayados que marcan intención en la ajustada franja del asunto: el apoyo de Juan Gabriel a la candidatura de Salinas (“una persona sana en todos los aspectos”), el encuadre del momento en que Salinas se coloca la banda presidencial con una mirada ferozmente retadora, sin faltar el acuse de que se trató de una elección fraudulenta. Luego está el fragmento de su discurso de toma de posesión con el “vamos a estrechar las relaciones del Estado y los intelectuales”. Se incluye, sin el crédito que bien merecía a la vista, la célebre fotografía de Pedro Valtierra donde salen Gabriel García Márquez, Héctor Aguilar Camín, Carlos Monsiváis y quienes ya saben, compartiendo con el mandatario.

Hija de la psicóloga y promotora cultural Bertha Riestra y del legendario artista José Luis Cuevas, María José suma a su brillante trayectoria el documental sobre la vida de Juan Gabriel. (Imagen tomada de la cuenta de raw_fine_arts en Instagram).

 

En la prensa: “El ‘Noa Noa’ en Bellas Artes”

En voz de su hija María Luisa, es la acción de la mánager María de la Paz la punta de lanza en las “gestiones pertinentes” para llegar “a donde quería llegar” Juan Gabriel. Los fragmentos que se incluyen de quien logra lo anhelado desde diferentes lugares de la sala del palacio son una de tantas joyas de los acervos biográficos. En especial donde el artista posa como si estuviera parado sobre los descansabrazos de las butacas en el primer piso, desde donde lanza la mirada dominante, girando la cabeza cual águila que controla el territorio que le pertenece.

Una vez que se da “luz verde” a Juan Gabriel, el documental arma una secuencia de notas periodísticas que enfocan las cabezas. El “mundo cultural” se pronuncia en contra de cederle el recinto, hecho que se atribuye a su admiradora, Cecilia Occelli, la esposa del presidente.

En algunos de los recortes se ven los nombres de los reporteros, como el de Víctor Roura, y se atisba un “Querido René:” (Avilés Fabila, que editaba el suplemento El Búho, de Excélsior). Hubiera sido mejor panear las notas completas. Aunque en los créditos se citan los acervos consultados, no se da la ficha hemerográfica que es tan relevante para la labor de investigación y análisis. Dar constancia de los nombres de quienes se pronunciaron en contra de cantautor, era factible a estas alturas de lo acontecido.

Uno de los títulos reza así: “De vulgar no lo baja el subdirector del INBA”. Un gran servicio hubiera sido citar la declaración completa.

Entonces María Esther Pozo, de quien se exhibe su credencial de trabajadora del INBA, desde sus recuerdos suelta expresiones que me hicieron ir a la búsqueda de precisiones. 1) Se dijo que “(…) por su estilo, por su fama, va a violar la catedral de la alta cultura”. 2) “El director de Bellas Artes, mi jefe, me decía no, no. Estás loca, olvídalo” y 3) La orquesta y coro “(…) adentro no se quería (…) era un shock”. En el remate: la cultura popular, se menciona, tenía su lugar (el teatro Blanquita) y la alta cultura su lugar (el palacio). Se involucra en esta reconstrucción al periodista y gestor cultural Alejandro Brito, actual director del Museo del Estanquillo, cercano a Monsiváis, quien señala que el director general del INBA recibió cartas de rechazo a los conciertos, de las cuales no hay vista en pantalla, ni en la relación de acervos consultados.

Bertha y José Luis en 1975. (Imagen tomada de la página de Facebook del INEHRM).

Por el calibre de la intervención de Pozo, por el título de la nota que involucra a un subdirector del INBA, los funcionarios de ese entonces debieron ser mencionados ya que, salvo dos, todos viven. Iniciaron al lado de Víctor Sandoval como subdirector general de Difusión y Administración, Jaime Labastida y como subdirectora de Promoción y Preservación del Patrimonio Artístico Nacional, Laura E. Ramírez (quien repitió en el cargo con Lucina Jiménez el sexenio pasado). Ambos renuncian en un mes, que no pude precisar, de 1990. Les sustituyeron, en el primer caso, Martín Díaz Díaz (1956-2001) y en el segundo, Salvador Vázquez Araujo, Representante Legal de la Fundación Maestro José Luis Cuevas Novelo y director del recinto del padre de María José. El pintor aparece en otra fotografía al lado de Salinas. Por cierto, quien permanece durante la corta gestión del poeta originario de Aguascalientes, que concluiría en marzo de 1991, como subdirectora de Educación e Investigación Artística, es Josefina Alberich, quien murió en 2020.

Como no se dio ninguna declaración oficial, la leyenda indica que, en efecto, Sandoval se opuso a la actuación de Juan Gabriel, lo cual motivó el rompimiento con su tocayo y jefe Flores Olea, quien por supuesto estaba de acuerdo. Vaya usted a saber a qué subdirector se refiere la nota periodística. A través de una solicitud de amistad aceptada en Facebook, le pedí a Pozo si me podía dar la versión completa. Igual busqué por otros lados. A pesar de mi insistencia con distintos testigos o protagonistas, no me respondieron o bien soltaron un “fíjate que ya no me acuerdo”.

Se da la coyuntura: de coordinador de Asuntos Internacionales del Conaculta, Rafael Tovar, toma las riendas del INBA acusando que la institución había perdido su espíritu original, según le dijo a Armando Ponce, de la revista Proceso (1/04/1991). Pasado su tiempo como diplomático cultural en España, Víctor Sandoval dijo al también reportero del semanario, Miguel de la Vega, en la edición del 12 de diciembre de 1994 lo que constituye otra versión de su salida: “Cuando dejé el INBA, estaba a punto de terminar la remodelación del Auditorio Nacional. A mí me tocó la negociación. Defendí que no le fueran quitadas las instalaciones administrativas que tenía el Instituto Nacional de Bellas Artes atrás del Auditorio como quería el Departamento del Distrito Federal. Pretendía sacar las oficinas, los teatros y hasta las escuelas. Sólo trasladamos la parte administrativa, pero salvamos la Unidad Cultural y Artística del Bosque”.

El acontecimiento, la polémica en el documental Debo, quiero y puedo, cuyos registros quedaron en materiales audiovisuales y discográficos. (Imagen tomada de la página soyjuangabriel_ en Instagram).

 

En la prensa: “El morbo en Bellas Artes”

Pero María Esther Pozo agrega algo más. Se refiere a que el entonces titular de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), el maestro Luis Herrera de la Fuente, rechazó dirigir esos conciertos en virtud de que era un concertante “conservador”. Al negarse abrió el camino a Enrique Patrón de Rueda (“Juan Gabriel y yo pasamos a la historia”). Entonces miré el libro biográfico del director La música no viaja sola (FCE, 1998), del cual transcribo lo escrito en la página 224.

“Sentí volver a casa, al hogar de mis primeros pasos, la orquesta misma mi andadera. Todo igual, mismo muro, mismo techo, Bellas Artes; hoy poetas al cuidado: Víctor Sandoval, amigable y amigo; Jaime Labastida, hombre, verso y actos recios; aun así la tarea parecía robusta, laberíntica, en vez del toro los dragones. ‘Hay que pedir su espada a san Jorge -me dije pensando en Donatello-, e invocar al marinero Jonás. Esto va a engullir tajantes años’. Tajantes fueron, pero no años, apenas 16 meses; en ellos hubo, sin embargo, cosecha de amigos de los que se adhieren a las venas. No amigo, amiga, María Esther Pozo, tan lúcida y señora en el trabajo como asidua en el cariño y la amistad; ha sido en mil proyectos mi compañera irrenunciable. Paulina Campdera, siempre ahí, excediendo lo que se espera de su tarea y lo que no se espera en el afecto”.

Y agrega que “Durante cuatro meses (de 1990) soporté la vergüenza de ser titular, en la misma ciudad, de las dos orquestas de mayor rango en el país” (la otra, la Orquesta Sinfónica de Minería. Además, en 1990, tomó la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México, casi a vuelo de pájaro y un año después, el Festival Internacional de Música de Morelia).

Pero sobre su negativa a dirigir los conciertos de Juan Gabriel con la OSN ni una palabra.

Hay variedad de cabos no tan sueltos en la docuserie, dignos de mayor repaso, por su valor en la historia del sector cultural. Al primer concierto no asistió Carlos Salinas, como se advierte en las tomas. No pude confirmar si acudió a cualquiera de las fechas restantes.

El documental narra que Juan Gabriel se ganó la complicidad de los integrantes de la OSN, del coro y de los trabajadores del palacio invitando a sus familias al ensayo general. Los diferentes encuadres son elocuentes si nos detenemos en los rostros. Esto permitió atajar la amenaza de huelga (paro) de los sindicalizados a efecto de frenar el mismo ensayo como la primera función. Se dio al fin, según Enrique Patrón de Rueda “un proceso de enamoramiento muy especial”.

Como parte del episodio 3, en la ruta del estira y afloja se acuerda con Flores Olea entregar parte de las ganancias (ingresos) para la compra de instrumentos que la OSN necesitaba ¡en plena abundancia del naciente del salinista Conaculta! Otra porción fue autodonativo: para la escuela Semjase del cantautor de origen michoacano.

En el contrapunto genial del tratamiento de este suceso es la aparición, en esos minutos del segundo episodio, del registro de la llamada de María Félix desde París a Juan Gabriel. “¡Alberto!”, pronuncia rotunda la doña cuando le escucha que dar los conciertos se debe a que “yo le ayudé mucho” (a Salinas en su campaña ,sobre todo en Chihuahua debido a la presencia del PAN). Ella le alienta a reconocer que se debe a su valor como artista.

 

En la sacudida por los conciertos en el palacio de mármol, el protagonismo de Víctor Sandoval, entonces director general del INBAL. (Imagen de Edilberto Aldán, tomada de lja.mx).

 

Ya encarrerados, volví a la crónica de Carlos Monsiváis, del 12 de mayo de 1990, en la revista Proceso. Leamos estos dos fragmentos.

“Juan Gabriel en bellas Artes es el Acontecimiento del Año (la visita papal no se puede regir por criterios competitivos), y la polémica se ha prodigado, los cantantes de la Opera se han opuesto, no desprecian a lo popular pero éste no es su sitio, y para el caso ni importa que los conciertos sean en beneficio de la Orquesta Sinfónica Nacional, es vergonzoso (murmuran) que para comprar instrumentos el Señor Gobierno depende de la buena voluntad de un cantante y a la ira de los defensores de la buena música se une la explosión de homofobia, ese escudo de fe machista, ese sello de intolerancia como aureola de integridad. A la homofobia se acogen lo bravíos articulistas todavía incrédulos ante un individuo con tales modales y tal fama y semejante éxito”.

“El gran final. Juan Gabriel interpreta ‘Ya lo pasado pasado’, y pide un aplauso para el amor. Y ya luego desemboca, en acto de banalidad chovinista, en una canción en donde México resulta país único sobre la faz de la tierra ¡Viva México! ¡Viva México! De acuerdo, ¿y a propósito de qué? Pero ni ese final un tanto municipal y espeso, disminuye la apoteosis, la entronización íntima y colectiva del huérfano que es hoy el signo del cambio de los tiempos y de la capacidad de asimilación de la moral tradicional que, de seguir las cosas como van, terminará beatificando a Juan Gabriel”.

Por cierto, se pone en pantalla el titular de la primera plana del periódico Ovaciones del viernes 20 de abril de 1990: “Debo, puedo y quiero”, la respuesta de Juan Gabriel a las resistencias y a su deseo de colmar el legendario recinto cultural con todo y “los nubarrones de la reventa”.

El cronista y el cantautor. (Imagen de mezcalent.com tomada de sdemergencia.com).

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