Casi 30 millones de niños y jóvenes regresaron a clases la semana pasada. Sin duda, esto detona una reactivación económica por la gran demanda de servicios y productos que ello implica.

Pero este ciclo escolar, donde el aprendizaje de nuevos conocimientos y saberes es el objetivo principal, también afronta conflictos: por un lado, el pesado tráfico en horas pico y la creciente inseguridad en las calles; y, por otra parte, el acoso escolar (presencial o digital) y los problemas académicos originados en familias disfuncionales de muchos alumnos.

Dicen que “los niños mueven el mundo” porque, dependiendo de sus actividades, el ritmo de las ciudades se acelera o se pausa, el comercio y los negocios prosperan o bajan las cortinas; y así en otros sectores, en mayor o menor medida.

Ellos, sin embargo, no deben ser encasillados sólo como aquella semilla que se siembra y se riega con la esperanza de tener un futuro mejor para todos.

Son -en realidad- el motor que impulsa día a día nuestro presente. ¡La sociedad y el Estado tienen la obligación de cuidarlos y apoyarlos con firmeza!

Pachuca de Soto, Hidalgo.

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