septiembre 19, 2020

A un año de su muerte:
Toledo y sus músicas despiertas

Dibujo de Francisco Toledo en el Cuaderno de música publicado en Pauta en 2007; Mario Lavista y Victor Rasgado, compositores de dos generaciones que establecieron un diálogo musical con Toledo. (Fotos de viñetas y pautas: cortesía de Pauta; retratos y re-producciones: AA).

Pautas que son habitadas por montes que son senos que son penes que son casitas que son vaginas que son chapulines que son perros. Trazos contundentes y frenéticos que retratan los sentires de un conejo pianista, hechizado por una pasión acústica. Líneas sueltas y divertidas que revelan los gemidos que derrama esa catarata de notas de la cantante de ópera, pródiga. Entre su zoología fantástica de xolos y otros canes que tocan el piano con la cola, mas las sopranos y los tenores que escenifican historias envueltas de sonidos que no se escuchan pero sí se imaginan, Francisco Toledo (1940-2019) construyó con sus dibujos “un griterío”: pentagramas y universos lúdicos que sugieren la conexión visual, emocional y sonora en varias obras y proyectos ligados con otra de sus pasiones: la música.

Hoy, 5 de septiembre en que se cumple su primer aniversario luctuoso, traemos la voz de dos compositores que establecieron relación con el pintor de prodigios en ese otro universo de las notas pautadas, de los sonidos que estallan en los cuadros, de los cuentos de animales que desean escalar hacia la luna o de la muerte que es derrotada por el chapulín que no sucumbe ante la cuerda que da vueltas hasta el infinito.

Mario Lavista Camacho (n. 1943) y Víctor Rasgado Flores (n. 1959) son los creadores que desde diversos ángulos mantuvieron una conversación musical con Francisco Toledo.

Lavista, miembro de El Colegio Nacional, no solo anidó el trazo toledano en las páginas de la revista Pauta que dirigió por 35 años; también compartió con el oaxaqueño una profunda admiración por ese cuadro que es un portento del silencio y la oscuridad que brilla: Las músicas dormidas, de Rufino Tamayo (1950, colección Museo de Arte Moderno, INBAL). Además, en este recorrido el compositor ofrece su personal tributo hacia Toledo cuando comparte su experiencia de escuchar “un griterío” en la obra toledana; en sus zoologías y apareamientos convertidos en piezas visuales donde oye un coro de zumbidos, gemidos y onomatopeyas que podrían llevar al estruendo. “Toledo es un creador de pinturas que hay que ver pero también hay que escuchar. Resulta frenético. Su comprensión del mundo era no solo a través del ojo sino de la escucha”.

 

Invitado por Mario Lavista, Francisco Toledo realizó una serie de trazos para la revista Pauta. A la derecha, cuadernillo del CD (coedición Conaculta/ INBAL/ Cenidim/ UNAM, 1994) con la pieza compuesta por Lavista e interpretada por el Trío Neos, a partir de la pintura Las músicas dormidas de Tamayo. La obra se estrenó en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes en mayo de 1991.

Por su parte, Víctor Rasgado es el autor de dos óperas animadas por Toledo sobre cuentos con raíces del Istmo de Tehuantepec, esas que el escultor asumió suyas: El conejo y el coyote y La muerte pies ligeros concebidas para que el público infantil no solo se acercaran a este género escenificado y cantado sino también para “devolverle” a los pueblos originarios estos relatos surgidos en las entrañas istmeñas, con el zapoteco como lengua raíz que le importó a Toledo difundir y expandir de manera fundamental.

Sería el año 2000 cuando el oaxaqueño entregó a Rasgado los dibujos, viñetas y bocetos para algunas escenas del conejo con el coyote; de la escalera y sus peldaños en ascenso hacia la luna; del espantapájaros y el niño. Posteriormente el creador visual estuvo cerca del proceso creativo de Rasgado con el ánimo de que la ópera “la regresáramos a la sierra oaxaqueña, en zapoteco”. La dupla no logró llevar a escena la pieza ni en la lengua indígena ni en aquellas regiones serranas pero Toledo “quedó satisfecho” con lo presentado por primera vez en 2001 en el Teatro Álvaro Carrillo en la Verde Antequera.

Con el paso del tiempo se han hecho cerca de 40 versiones de la ópera El conejo y el coyote: en francés, ruso, inglés y hasta en uzbeko (Uzbekistán, Asia Central) han sido interpretadas las andanzas del conejo (el pueblo) y el coyote (el poder) que relata un narrador, y donde las onomatopeyas y el “lenguaje animal” auxilian a los personajes para generar un léxico universal comprensible para todos los públicos y las culturas.

“La idea de Toledo era regresar la ópera de El Conejo y el coyote a las comunidades zapotecas en donde el cuento se originó. No se ha hecho todavía y sería un merecido homenaje no solo para Francisco sino un reconocimiento para la gente que ha hecho que esta historia permanezca con vida a lo largo del tiempo”, sugiere Rasgado.

 

El cuento de El conejo y el coyote tiene múltiples versiones, aquí la que realizaron Gloria y Víctor de la Cruz para la colección Círculo de Arte de la Dirección General de Publicaciones del Conaculta, en 1998. Al lado, el CD con la ópera infantil de Víctor Rasgado a partir de las 16 ilustraciones toledanas con base en leyendas zapotecas.

Pautitas toledanas y un cuaderno musical para Pauta

El trazo toledano colma las páginas de dos números de la revista Pauta. El primero fue el conjunto de pentagramas diminutos que confeccionó Toledo para el número 11 (vol. III del trimestre julio-septiembre de 1984) y que sirvió de compañía a los textos de Luis Cernuda (“Marsias”), Luis Sandi (“El canto de los nahuas”), Mauricio Ciechanower (“Confirmación de Vivaldi, el poeta”) y Gerardo Ibargüen con una entrevista a Diamanda Galas, entre varios artículos más que colmaban aquel ejemplar impreso.

La otra aparición de Toledo en Pauta sucedió 23 años después con El cuaderno de música publicado en el número 103 (vol. XXVI de julio-septiembre de 2007) de aquellos Cuadernos de teoría y crítica musical, como solía subtitularse a la revista a cargo de Mario Lavista por siete lustros.

Recordemos que Lavista fundó en 1982 dicha publicación que editaba la Universidad Autónoma Metropolitana. A partir del 83 la coeditó el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), y tres años después pasó al Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Musical (Cenidim) Carlos Chávez. Luego, al cumplirse su 35 aniversario en 2017, apareció la última edición impresa de Pauta (núm. 141-142, enero a junio 2017); fue cuando Mario Lavista (director) y Luigi Amara (editor) se entusiasmaron con el proyecto institucional de que la publicación continuaría con vida de una forma digital.

Lamentablemente esto no sucedió hace tres años como tampoco acontece ahora. “La revista prácticamente ya no existe porque no contamos con financiamiento”, se conduele Mario Lavista en tiempos de la cultura de la 4T. Sin embargo, aunque sucede únicamente con algunos números, es posible consultar Pauta en formato PDF en la plataforma INBA Digital. Posteriormente, cuando los tiempos de la pandemia lo permitan, podrá revisarse físicamente en la biblioteca del Centro Nacional de las Artes y en la Coordinación de Música del INBAL.

 

Portada de Pauta (núm. 11, 1984) con una pautita diseñada por Toledo. La acompañan las imágenes de otras creaciones en el mismo ejemplar de la revista dirigida por Lavista durante 35 años.

En 1984 Mario Lavista no conocía en persona a Francisco Toledo pero le pidió a Bernardo Recamier (jefe de redacción de Pauta y un editor cercano al oaxaqueño por un trabajo conjunto en Ediciones Toledo) que le solicitara al oaxaqueño algunas pautitas para que salieran en la revista. “Oye, Bernie, pero dile que casi no pagamos porque no tenemos dinero”. Para sorpresa del compositor, Toledo le mandó de inmediato los pentagramas colmados de su imaginario artístico. “Allí empezó una relación entre Pauta y Toledo, le enviamos todos los ejemplares que ahora están bajo resguardo en la biblioteca del IAGO y cada equis tiempo, cuando teníamos festejos de aniversario, él mostraba las revistas en los estantes del IAGO, impulsaba la celebración de pláticas sobre música y anunciaba homenajes. Fue un espaldarazo tremendo”, recuerda Lavista.

Fue tres años después que el integrante de El Colegio Nacional conocería al pintor y nuevamente la música los enlazaría. Sucedió cuando compuso un trío para clarinete, fagot y piano basado en una obra de arte: Las músicas dormidas de Rufino Tamayo. La pieza formaba parte de una serie de sus obras realizadas a partir de cuadros y autores “musicales” como Las bailarinas de Degas y El pífano de Manet. “Toledo adoraba esa obra de Rufino, se enteró que yo había hecho una composición basada en el cuadro de Tamayo y me invitó a Oaxaca para que el Trío Neos la tocara en la Biblioteca Burgoa. El concierto fue sensacional, creo que Toledo no estuvo presente pero así se consolidó nuestra relación mediante la música”.

—¿Platicaban sobre música Toledo y tú?

—No realmente. Toledo era difícil. Bueno, rectifico: Toledo era Toledo y punto. Recuerdo que una vez platicamos entorno a la arquitectura en un homenaje a Ricardo Legorreta en Bellas Artes. Él había invitado además a Juan Soriano, así que frente a un estupendo conversador como Soriano, quien improvisó todo, Toledo no habló y yo apenas logré leer un escrito que llevaba sobre la relación de la arquitectura y la música. En general Toledo y yo no platicábamos en extenso sobre música sino sobre el sentido del humor en sus dibujos de las cantantes y de los animales que tocan instrumentos.

—Además Toledo era un gran apasionado de la música, le gustaba la ópera y quería apoyar a los músicos regionales para su formación.

—Claro, Toledo y Nacho Toscano fueron impulsores para que se le pusiera el nombre de Eduardo Mata a la Fonoteca. La cultura musical era parte del mundo reflexivo de Toledo y en verdad apoyaba los proyectos musicales. Quiso hacer de Oaxaca una entidad de las bandas e impulsó para que tuviera una buena orquesta; lástima que eso no fructificó.

—Abunda sobre tu serie de composiciones musicales relacionadas con la pintura.

—Mi acercamiento a la pintura es poético, lírico y emocional. Veo Las músicas dormidas de Tamayo y me parece que ambas mujeres, con una guitarra y una flauta, están soñando música. Parto del hecho de cuadros que se oyen, además de verse, mientras otros viven en silencio. Fra Angelico (Guido di Pietro) es la intimidad misma y Paolo Uccello es el escándalo brutal de sus batallas.

—¿Qué es entonces Toledo, en relación con los sonidos?

—La pintura de Toledo está allí para verse pero también para escucharse. Si no es así, te quedas en la periferia, en la superficie del cuadro. No es una pintura de escenas de música sino que él crea en el cuadro un mundo de ruidos que solo en la intimidad de la mirada puedes escuchar. Y cuando veo el Cuaderno de música en Pauta es un griterío. Creo que su pintura no es silenciosa sino que se dirige al oído. Seguramente esa no fue su intención pero no importa. La intención del artista es lo de menos sino lo que provoca en el espectador. Claro, ahora Toledo no está para mandarme al diablo por lo que digo.

Y Lavista sonríe. Y vuelve a insistir: “Toledo es frenético. Su comprensión del mundo se da no solo a través del ojo sino de la escucha”. Y escuchamos al compositor verbalizar estas dos frases y entonces vemos las pautitas que son cerros, perros, senos, penes y vaginas en aquella edición de 1984 que Lavista nos comparte desde su empastado café. Y luego nos divertimos con los trazos en la publicación de 2007 en que somos invitados a la fiesta ruidosa de cantantes con bocazas, con el conejo pelos de punta, con los perros, pianos, copas de vino y notas musicales por obra y gracia de la mando de Toledo que va y viene apasionada y ligera, sutil y densa, dramática y divertida, como los tonos emocionales que hacen de la ópera o cualquier género una suma de amores y prodigios.

 

Viñetas de Toledo entregadas a Victor Rasgado para el diseño del vestuario y la escenografía de la ópera El conejo y el coyote. A la derecha, junto a la edición del Conaculta y las Canciones de Chuy Rasgado (Ediciones Toledo), aparece la publicación en zapoteco-español del cuento La muerte pies ligeros (FCE).

De conejos, lunas y pies ligeros

Víctor Rasgado muestra los bocetos que delinean a un ser que quiere ser un conejo, por allá un coyote y más lejos, un niño; en otros escenarios, el sol y la luna dibujados se levantan y se duermen en diversos cuadros que luego se volverán el marco para dar vida a una ópera. Septiembre de 2001: con las ideas de Francisco Toledo para el vestuario y la escenografía, Rasgado hizo la ópera de El conejo y el coyote. “Me gustaría que a estos dibujos les dieras vida, les pusieras música para que hagamos algo y lo regresemos en zapoteco, tal vez a la sierra. Haz de cuenta que es como una caricatura. Aquí están los personajes y tú los pones en escena. Pero que canten y que se entienda”, recuerda el pianista las palabras de Toledo al invitarlo al proyecto. Hacer una ópera para niños era un reto ya que Rasgado tiene una obra musical abstracta, atonal, sin relación con los lenguajes “tradicionales”. Además, la voz de los cantantes podría resultar difícil de entender para los niños, por lo que el compositor colocó a un narrador que relata el cuento (y se ha hecho en diversos idiomas) mientras que los animales “hablan” un lenguaje imaginario a través de onomatopeyas, exclamaciones y recursos vocales de alcance universal.

El relato escrito tiene decenas de versiones. Desde la añeja hecha por Jeremías López, otra de Andrés Henestrosa, y de los hermanos Gloria y Víctor de la Cruz, que es la desarrollada en música por Rasgado. Aún más, el cuento ha sido reelaborado por creadores en toda Mesoamérica, puntualiza Natalia Toledo: desde Colombia, pasando por Honduras, Costa Rica y hasta el norte de América en donde “el correcaminos y el coyote plantean una relación pueblo/poder y cómo por más poderoso que seas, puedes hacerle frente al poder con estrategia e inteligencia”, resume la poeta, una de las autoras de una versión escrita de El conejo y el coyote.

En ópera, a pesar de que en algunos países los personajes han adquirido características diversas, en todos los casos se han respetado el texto y la música originales. A Toledo le daba mucha risa, por ejemplo, la versión presentada en Uzbekistán: “Una conejita sexy que se trae al pobre coyote cacheteando las banquetas, mientras el narrador es un travesti”, recuerda Rasgado, y lamenta que en casi dos décadas no se pudo hacer la versión en zapoteco “para regresar esa obra a las comunidades en donde se originó el cuento”. Añade que “sería un gran tributo a Toledo y también a la gente que ha hecho que esta historia permanezca con vida”.

 

Ilustración de la ópera cuyo libreto es de Natalia Toledo y música de Víctor Rasgado. (Fo-to: pinterest.es). A la derecha, un grabado de Toledo para los CD editados como resultado de las emisiones II y III del Diplomado en composición para banda sinfónica, de 2012-2013.

Además de hacerlo con este cuento, Rasgado empezó en 2005 otro proyecto musical con Toledo: la ópera infantil La muerte pies ligeros a partir del escrito de Natalia Toledo que nació por una serie de grabados que le entregó su padre. El cuento tiene versiones en zapoteco, mixteco, chinanteco y mixe. En español, el libro fue editado en 2006 por el Fondo de Cultura Económica. “El cuento es interesante porque es una manera divertida de hablarle a los niños de la muerte: un tema difícil y que se aborda poco”, dice Rasgado. “Es una historia de esperanza porque el chapulín le gana a la muerte”, resume Natalia Toledo. Y recuerda cuando sostuvo una corta plática con Raquel Tibol al respecto: “Ella me dijo que ganarle a la muerte es una ilusión, a lo que yo le contesté: pero estar saltando nos mantiene vivos”. Así, la trama de esta narración refiere las andanzas de la huesuda, que al ver un mundo súper poblado, desea limpiarlo mediante un juego de salto con la cuerda. Decide poner a los animales a brincarla hasta que tropiecen o sucumban. El chapulín gana.

Así, con el diseño de vestuario y escenario surgido de los dibujos toledanos, más el libreto de Natalia Toledo, la pieza se estrenó en abril de 2013 en el Teatro Juárez con la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato (Juan Trigos fue el director titular, Pablo Varela el director concertador y César Piña el director de escena). Luego en noviembre de 2014 fue la puesta en el Teatro Macedonio Alcalá en Oaxaca con el Ensamble del Cepromusic (José Luis Castillo fue el director concertador y Luis Martín Solís, el de escena).

Además de este trabajo creativo en mancuerna, Rasgado subraya el impulso que el pintor dio a la difusión y formación de músicos en Oaxaca. Hacia fines de los años noventa del siglo pasado, Toledo le había encargado ir a la Sala Margolín para que comprar un acervo musical para la Fonoteca Eduardo Mata (que abrió en 1997). Luego en 2003, las instalaciones de la Cineteca El Pochote (situada en un inmueble en los arcos del antiguo acueducto en la calle García Vigil, ex-casa de Toledo) se iniciaron los trabajos del Taller de composición y análisis de música contemporánea que Rasgado y su esposa Cristina Gálvez dirigieron por trece años. Otras iniciativas apoyadas por Toledo fueron los cinco diplomados en composición para banda sinfónica, cuyos discos editados eran cobijados por varias portadas de su autoría.

El artista no solo se preocupaba por crear dibujos impresos en los CD sino que le importaba que los alumnos que viajaban a Oaxaca por el diplomado, desde regiones de Michoacán, Veracruz, Chiapas y CDMX, por ejemplo, tuvieran una estancia digna. Así que diseñó literas, consiguió cobijas y becas de alimentación para los cursantes en el Centro de las Artes de San Agustín (CaSa). Incluso, otro proyecto inconcluso que refleja el interés y el amor de Toledo por la música fue su anhelo de hacer una escuela para el perfeccionamiento de los músicos oaxaqueños, en el anexo abandonado junto al CaSa. “Al lado de Eduardo Mata, Toledo pensó en hacer un Conservatorio en Oaxaca. Pero Mata murió y Toledo dejó la idea divagar. Siempre tuvo la ilusión de que Oaxaca tuviera una institución musical fuerte y con relevancia internacional”.

Muchos proyectos de Toledo relacionados con el mundo de la música quedaron truncos, lamenta Rasgado. “A este nuevo gobierno con esta Secretaría de Cultura no le importa. Me he acercado y nunca me han manifestado interés; tienen otros planes y yo ya estoy en otro lado”, manifiesta el autor que ahora navega por los senderos de Sor Juana Inés de la Cruz.

A un año de la ausencia física de Toledo, y en recuerdo de sus aportaciones, hacemos este coro que nos trae el eco de sus tantas músicas… despiertas.

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