septiembre 30, 2020

Las autoridades deben concebir a la educación física como una inversión que se traducirá en un menor gasto a futuro por concepto de atención médica e improductividad. (Foto: pasja1000 en Pixabay).

¿Ahora sí educación física?

Las autoridades deben concebir a la educación física como una inversión que se traducirá en un menor gasto a futuro por concepto de atención médica e improductividad. (Foto: pasja1000 en Pixabay).

A propósito de la declaración del secretario de Educación, Esteban Moctezuma, el pasado junio sobre priorizar la educación física como parte integral de la educación, y de la iniciativa del Senado para adicionar a la Ley General de Educación el artículo 24 Ter que propone aumentar la actividad física en los planteles y diseñar mecanismos que promuevan políticas públicas en esta materia, nos preguntamos: ¿ahora sí educación física?Algunos recordatorios

El reconocimiento de la educación física como un elemento prioritario para el desarrollo de los individuos y las sociedades puede datarse desde tiempos de la Ilustración (J. J. Rousseau, Emilio, 1762). Su aplicación, no obstante, encontró un espacio inigualable en el contexto de formación de los estados nacionales a partir del segundo tercio del siglo XIX. En particular, Prusia (posteriormente Alemania) y Francia hallaron en la educación física un mecanismo ideal para la formación de hombres sanos y preparados para la guerra.

México también se insertó en estas dinámicas. Las escuelas de formación en las artes de la esgrima y la gimnasia datan de la época de la Independencia, y su incorporación a los sistemas de educación pública tuvieron lugar en el Porfiriato. Durante el periodo posrevolucionario (1920-1940), José Vasconcelos justificó la integración de la educación física al proyecto revolucionario como una medida para garantizar la salud y complementar la educación moral de la ciudadanía.[1] El entonces secretario de Educación señalaba que convenía “establecer gimnasios con unos cuantos aparatos y régimen de gimnasia rítmica (con música), un buen servicio radiofónico. La escuela debe disponer de gimnasio cerrado para los días de lluvia y de espacios abiertos para el tiempo claro”.[2]

Herminio Ahumada Jr., considerado un crítico y experto en cultura física, afirmaba que el hecho de que Alemania hubiera considerado a la educación física como una “necesidad nacional” había sido un factor determinante para no mermar el ánimo de su población ante el agotamiento material, físico y mental que había dejado la Primera Guerra Mundial. Sentenciaba que, si en México se aplicara una filosofía similar, las futuras generaciones serían “más fuertes física, moral e intelectualmente, y de verdadero provecho para el adelanto general”.[3]

Todavía antes de la década de 1950, durante el gobierno de Lázaro Cárdenas se estructuró una Oficina de Acción Educativa y Deportiva adscrita a la SEP. Esta dependencia pretendía ser la expresión de una política que fomentara nuevas formas de recreación deportiva para “contrarrestar la influencia clerical y, al mismo tiempo, procurar alejar sobre todo al elemento joven de los centros de vicio”.[4] En este mismo periodo se encuentran constantes referencias sobre los esfuerzos gubernamentales para dotar a las escuelas de infraestructura deportiva (campos de futbol, béisbol y gimnasios para voleibol y básquetbol). Además, hay menciones significativas acerca de la labor de los maestros en las zonas rurales para edificar un espacio escolar integral con un área que promoviera valores cívicos, morales y deportivos. Bajo esta concepción, la juventud habría de ser un agente importante de la regeneración nacional.[5]

Por otro lado, en un contexto global ciertamente, tras la Primera y la Segunda Guerra Mundial, los estados descubrieron en la educación física un elemento central para coadyuvar a la regeneración del tejido social. Esto fue observado por la Unesco, que desde 1952 advirtió del potencial transversal de la educación física y deportiva, objetivo que finalmente logró consagrarse en la Carta Internacional de la Educación Física y el Deporte de 1978. El documento reconoce estos elementos como un derecho humano y los considera centrales en la formación educativa en un contexto global. México, como miembro de la Unesco, ha adoptado esta carta al tiempo que ha participado activamente en el Comité Intergubernamental para la Educación Física y el Deporte (Cigeps, por sus siglas en inglés), y en la actualidad forma parte de su consejo de 18 expertos.

Así mismo, nuestro país suscribió la declaración de Berlín de 2013 de la Conferencia Internacional de Ministros y Altos Funcionarios Encargados de la Educación Física y el Deporte: “La educación física en la escuela y en todas las demás instituciones educativas es el medio más efectivo para dotar a todos los niños y jóvenes de competencias, aptitudes, actitudes, valores, conocimientos y comprensión para su participación a lo largo de la vida”.[6]

Más recordatorios

La educación física dota a los individuos de las técnicas y conocimientos para una correcta ejecución de ejercicios físicos. La materia representa, ciertamente, el primer acercamiento al deporte, sus reglas, y al espíritu competitivo, atravesando previamente por una serie de elementos lúdicos que desarrollan la psicomotricidad y la convivencia entre los individuos. Sin embargo, a veces parece olvidarse que la educación física también es formadora de la conciencia para el mantenimiento de la salud y la prevención de enfermedades. Visto de otra manera, la educación física representa una suerte de medicina preventiva de suma eficacia que reduce significativamente factores de riesgo asociados con el sedentarismo, tales como la obesidad, la diabetes y la mayor parte de las cardiopatías.[7] Los datos que a continuación presento, si bien no son nuevos, apuntan al gran fracaso del sistema educativo mexicano en su aspecto de educación del cuerpo:

—El sedentarismo infantil alcanza niveles de hasta el 70 por ciento, mientras que en adultos es del 58.3 por ciento.[8]

—Durante el sexenio 2012-2018 se reportó un total de 80,679 maestros de educación física para atender 222,350 centros escolares.[9]

—La población escolar que recibió educación física durante el sexenio 2012-2018 fue de apenas un 36.3 por ciento.[10]

—Los estados con mayor rezago en educación física son Chiapas, Guerrero, Veracruz, Michoacán y Puebla.[11]

—Las horas de impartición de educación física han disminuido a una hora semanal.

—Existe un gran rezago en infraestructura, materiales y equipo para la impartición de las clases.[12]

Por otro lado, las advertencias internacionales en torno a la educación física tampoco parecen ser tomadas en cuenta por los encargados del diseño de la política educativa en México a pesar de que muchas de ellas están reconocidas en la documentación diagnóstica oficial y en los planes de estudios. Estas, de acuerdo con instancias como Unicef, OMS y OPS, versan sobre la problemática mundial que apunta a una disminución generalizada de la actividad física cuyos costos en 2013 se calcularon en 54 mil millones de dólares (mdd) en atención directa; 14 mil mdd en pérdidas atribuibles a productividad, y pérdidas nacionales de entre 1 y 3 por ciento en atención médica.[13] De igual forma señalan que, a pesar de los avances positivos que se han observado desde 2001, “la implementación de políticas de educación física sigue siendo incoherente”.[14]

Una ventana de oportunidad

Pese al panorama desalentador de la política nacional en torno a la educación física, sería bueno observar en ella un motivo para colocar al país como un paradigma mundial. Si se toman en cuenta los datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de Medio Camino 2016, en donde se advierte una prevalencia de sobrepeso y obesidad muy similar a la de 2012, podrían establecerse objetivos claros para iniciar un proceso de reducción de estos índices a través de la educación física escolar.

Lo anterior significa trascender el reconocimiento de la importancia de la educación física (Vasconcelos se ha expresado mejor que el actual secretario de Educación) o el simplemente aumentar las horas de esta materia (tal como ha propuesto recientemente el Senado). En cambio, las autoridades deben atender en el mediano plazo y de manera efectiva una fórmula que conciba a la educación física como una inversión consistente que se traducirá en un menor gasto a futuro por concepto de atención médica e improductividad. Para ello, la educación física, más que un asunto de cantidad, debe ser de calidad y transversal.

De esta manera, más que nuevas leyes o adecuaciones a las existentes, se requiere de expertos en política pública que, además de educación física, conozcan el funcionamiento del sistema educativo mexicano y particularmente sus “matices administrativos” y sindicales. En este sentido, antes de pensar en el cabal cumplimiento de un programa o de aumentar las horas de ejercicio, habría que identificar las posibilidades que permitan seguir las recomendaciones internacionales para crear una educación física de calidad y, agregaría, con un costo razonable para el erario. Para ello, habría que analizar la recomendación de aumentar las horas de educación física en el tiempo extracurricular y, a través de instancias que lo permitan, con el aval de la SEP, desarrollar otro tipo de integración social y cultural fuera del espacio escolar, tales como las casas de cultura o espacios comunitarios similares.[15]

El reto real significa quitar las interrogantes para afirmar que, ahora sí, educación física.

4 de octubre de 2019.

nivon2099@gmail.com

Twitter: @ra_ni

[1] José Vasconcelos (1981). “De Robinson a Odiseo. Pedagogía estructurativa” (1935), en Antología de textos sobre la educación. México: SEP, p. 94 y 95. Sobre la virtud cristiana ver el texto de Clifford Putney (2001), Muscular Christianity: Manhood and Sports in Protestant America, 1880-1920. Cambridge, Massachusetts, Harvard University Press.

[2] Ibid. p. 96

[3] Educación Física. Número 3. Mayo de 1923. p. 46-48.

[4] Alan Knight. “Estado, revolución y cultura popular en los años treinta”, en Marcos Águila (1996). Perspectivas sobre el cardenismo. México: UAM, p. 307 y 308.

[5] Mary Kay Vaughan (2001). La política cultural en la Revolución. México: FCE. p. 52.

[6] Unesco. Conferencia Internacional de Ministros y Altos Funcionarios Encargados de la Educación Física y el Deporte, Berlín, 2013. Disponible en https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000221114_spa

[7] https://www.analesdepediatria.org/es-prevencion-obesidad-desde-actividad-fisica-articulo-S1695403312002482

[8] http://gaceta.facmed.unam.mx/index.php/2018/04/05/mexico-en-alerta-por-el-sedentarismo/ y https://www.gob.mx/issste/prensa/sedentarismo-afecta-al-58-3-por-ciento-de-los-mexicanos-mayores-de-18-anos?idiom=es  Para una mayor precisión en los datos revisar la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de Medio Camino 2016 disponible en https://ensanut.insp.mx/encuestas/ensanut2016/doctos/informes/ENSANUT2016ResultadosNacionales.pdf

[9] Informe Sectorial 1. Educación Física y Deporte en el Sistema Educativo. Deporte Universitario: https://www.dgb.sep.gob.mx/acciones-y-programas/ESDM/Informes_Sectoriales/1_Edu_Fisica_Deporte_universitario.pdf

[10] Ibid.

[11] Ibid.

[12] Ibid.

[13] OPS (2018). Plan de Acción Mundial sobre Actividad Física 2018-2030. p. 7. Texto completo disponible en http://iris.paho.org/xmlui/bitstream/handle/123456789/50904/9789275320600_spa.pdf?sequence=1&isAllowed=y

[14] Unesco (2015). Educación Física de Calidad (EFC). p. 12. Disponible en https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000231340

[15] El programa Puntos de Innovación, Arte, Libertad, Educación y Saberes de la Ciudad de México se muestra como un proyecto interesante cuyos alcances aún están por verse.

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