Con la fundación de la Secretaría de Educación Pública en 1920, inicia el ciclo de casi un siglo de creación de instituciones culturales de gobierno. Estos emblemas representan los organismos más emblemáticos del trayecto que va de la posrevolución al fin del neoliberalismo, según el régimen que encabeza López Obrador. (Ilustración: Paso Libre).

El Aparato Cultural mexicano

Con la fundación de la Secretaría de Educación Pública en 1920, inicia el ciclo de casi un siglo de creación de instituciones culturales de gobierno. Estos emblemas representan los organismos más emblemáticos del trayecto que va de la posrevolución al fin del neoliberalismo, según el régimen que encabeza López Obrador. (Ilustración: Paso Libre).

Propongo la apolínea figura del poeta que en los años 30 viajó en tren a las remotas tierras del Mayab para alfabetizar a los descendientes de Itzamná con la lectura de los clásicos. A esta imagen sobreponga usted en su pantalla mental el Aparato Cultural mexicano, federal o estatal y dígame su merced lo que contempla. La cultura artística del país está ligada a la verticalidad del poder y carga con todos los lastres del corporativismo sindical y de la burocracia administrativa que impuso el presidencialismo mexicano. Lázaro Cárdenas fundó el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Miguel Alemán el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), Carlos Salinas el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CNCA) y Enrique Peña Nieto la Secretaría de Cultura (SC). Todas estas fundaciones fueron recibidas por la opinión pública como un avance hacia la Arcadia cultural del pueblo cuya inmensa mayoría sigue sin entrar a las librerías, los museos, las galerías, los teatros, las bibliotecas y los recintos culturales, de manera que si las masas no van a la cultura está bien imaginar un plan para que la cultura vaya a las masas. ¿Pero de qué cultura estamos hablando?Los sofistas presocráticos fueron de los primeros en dividir la producción artística -¡la poiesis!-, en artes útiles y artes placenteras. Plutarco habló de las “artes perfectas” que ahora conocemos como ciencia. Platón dijo que hay artes productivas y artes imitativas. Ya en Roma, Quintiliano concluyó que hay un arte teórico, un arte práctico y un arte poético. Para Cicerón había artes mayores, artes medianas y artes menores. Plotinio las dividió en cinco grupos según su cometido y fue Galeno quien en el siglo II de la era en curso las definió como artes nobles o liberales y artes vulgares, según su origen intelectual o manual.

La cultura es, por definición, de quien la cultiva. Para pensar hay que cultivar el intelecto. Para escribir hay que cultivar la lectura. Para fabricar una guitarra no se requiere ser músico pero sí un hábil conocedor de los materiales y las formas de hacerla. En este orden de ideas quien toca el piano es un artista y quien lo fabrica un artesano. ¿Pero da igual lo que toque el artista del piano, o es más artista si toca a Mozart que a Manzanero? ¿Si toca a Mozart está haciendo alta cultura y si toca a Manzanero está haciendo cultura vulgar? Es un hecho que para tocar bien a Mozart se requiere más tiempo, más estudio, más dedicación, más talento, más capacidad musical que para tocar a Manzanero. Si esto es verdad, ¿para escuchar a Mozart y disfrutarlo hace falta un oído entrenado y para gozar a Manzanero solo hace falta no ser sordo? Entonces, ¿quienes disfrutan a Mozart son conservadores, fifís, enemigos del pueblo bueno y feliz, o solo melómanos que han tenido el ocio, la educación, el entrenamiento para saber que primero está Mozart y luego el resto?

Mitologías de una epopeya

Con José Vasconcelos la misión de cultivar al pueblo fue una auténtica cruzada en contra de la marginación y de la ignorancia que provoca la pobreza. La creación del INBAL fue la culminación de aquella epopeya y el inicio de su conversión en otra instancia del poder piramidal del presidencialismo azteca que fundó instituciones para dominar la estructura que lo sostuvo, que lo sostiene, no para hacer más fácil la vida de la colmena sino para complicársela. El INBAL se creó para fomentar la educación artística, para contar con espacios dignos de ensayo y con recintos apropiados para mostrar los resultados de esa formación, de ese entrenamiento. Se hizo para abrir la puerta de la cultura al pueblo de México aunque en realidad en 1946 solo una ridícula porción de esa nomenclatura tenía la posibilidad de comprar un libro, ir a un concierto, a una exposición o a una obra de teatro. Era la clase media ilustrada la que se dedicaba a tocar a Mozart y a escucharlo. Si esa hubiera sido la proporción del crecimiento del INBAL tendríamos ahora una institución en la que los creadores de artes y artificios y el público atento a esa invención serían los más beneficiados de los poco más de 3 mil millones de pesos que ejercerá este año de presupuesto, como parte de los casi 13 mil millones de pesos de la Secretaría de Cultura en su conjunto. Por el contrario, sólo 8 por ciento de tal billete se dedica directamente a la producción artística, a la poiesis de la imaginación y a la habilidad creativa. El resto es la dictadura perfecta, esto es, los 70 años en los que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) abrió instituciones no para resolver los problemas del campo, la industria, el comercio, la generación y la distribución de la riqueza sino para robársela, creando empleos de hambre controlados por los sindicatos charros que enriquecieron a sus líderes y aborregaron a sus agremiados. ¿Cómo le podemos pedir hoy eficacia administrativa a una institución que debe lidiar anualmente con doce sindicatos?

Salinas de Gortari fundó el CNCA por decreto presidencial porque el grupo de Octavio Paz le hizo ver que muy poco se podía hacer con el mamut burocrático del Aparato Cultural. Pero priista al fin, en lugar de tener los huevos para comenzar de cero, trasladó todas las inercias e ineficacias del aparato a la nueva institución. Con un agregado: los grupos de Vuelta y Nexos. Los dos polos de la intelectualidad mexicana opuestos ideológicamente pero emparentados en el favor del Ogro filantrópico que los maiceó por igual aunque de distinta manera, si me permiten el antónimo. Siempre existió pero nunca fue tan clara la captación de “la inteligencia” por el poder político en términos tan civilizados para ambas partes. Yo te doy, tú criticas al sistema, no a mí. Todo un éxito salvo que el Aparato Cultural siguió siendo el obstáculo para la formación, profesionalización y socialización de la cultura artística porque el grueso del presupuesto seguía destinado para la nómina y el mantenimiento del aparato, no para lo que fue creado; la invención del intelecto y la habilidad humana: el arte.

Para el salinismo, la modernización cultural fue el CNCA, para Peña Nieto la Secretaría de Cultura. Aun se espera el viraje que sellará el gobierno de la 4T.

Empeorar los legados

En consecuencia, la Secretaría de Cultura federal es la herencia del viejo régimen que el nuevo gobierno golpea cada mañana sin cambiarla positivamente. Decía que ni el último presidente a la mexicana que tuvo el PRI tuvo la inteligencia y el valor de darle a la cultura un estatus fuera del corporativismo cardenista que sexenios después pervirtió el sentido del sindicalismo. Lo que inquieta es que el impulso natural de un nuevo régimen por cambiarlo todo en lugar de mejorar las cosas, las empeore. De una manera extraña. Ni Salinas, ni Zedillo, ni Fox, ni Calderón, ni Peña se atrevieron a intentar un programa nacional de cultura fuera del aparato. La 4T lo está haciendo de la manera más conservadora posible; con el outsourcing que, como su nombre en lengua extranjera lo indica, es una forma de chingar al trabajador no sindicalizado al que estoy acusando aquí de tener los beneficios laborales que no tienen los motivos de su labor: los artistas.

¿Cómo se puede fomentar una cultura popular sin populismo, esto es, sin sacar la pistola cuando se habla de alta cultura, es decir, de Mozart? No todo es folclor, como quedó demostrado la interminable noche del 15 de septiembre en el Zócalo en la que, como dijo Enrique Olmos, Premio Nacional de la Juventud 2013: “Fue la noche en que mexicanos disfrazados de mexicanos practicaron la mexicanidad”. Nadie en sus cabales puede estar en contra de esa libertad pero solo una mente obtusa puede considerar que para hacerle justicia al artesano debe denigrarse al artista. La cultura popular es un signo de vida. Está ahí desde siempre porque no requiere de políticas públicas para ser posible. Mozart sí. Quiero decir, aquello que requiere algo más que la costumbre, que la tradición, que la continuación de un hábito. La llamada alta cultura es el refinamiento de la inteligencia, el resultado de una voluntad feroz para estudiar 16 horas al día el mismo tema, para no tocar la flauta como el burro sino como Jean Pierre Rampal; para dar la vida por tocar perfectamente, si eso es posible, una sonata y una fuga de Bach.

Llevamos casi un año discutiendo la novatez de la política cultural de la 4T, para decirlo suave. Su evidente confusión con lo que se debe hacer para hacer algo distinto a lo que se ha hecho es notable porque hasta hoy no saben cómo hacerlo. Me extraña que siendo una historiadora una de las figuras tutelares de a 4T no se recurra a la historia cultural del país para tratar de descifrarla. Es muy simple: la cultura se hizo desde el poder pero no para los poderosos que suelen ser imbéciles, culturalmente hablando. Con demagogia de por medio se hizo para el pueblo y ahí se coló la incipiente clase media ilustrada y sin ilustración que sigue siendo la minoría que lee, va al cine y al teatro no comercial, en fin, que piensa por cuenta propia. El Aparato Cultural que hace de la cultura institucional un laberinto kafkiano no es culpa de los trabajadores ni de los burócratas que sí tienen la protección salarial y laboral de la que carecen los artistas. La culpa es tuya y mía por no haber hecho la verdadera Independencia de México en 1822, la auténtica Revolución de 1910; por haber tolerado la infame alternancia política del Partido Acción Nacional en este siglo.

Lo paradójico de este momento de nuestra historia es que habiendo votado por el cambio radical del país que nos prometió el actual presidente de México, si algo hay de conservador es su pensamiento, esa forma tan echeverrista de contemplar la justicia social, esa manera de combatir la corrupción permitiéndola en sus allegados. En fin: esa predilección por Silvio Rodríguez por encima de Mozart.

                            deita7@hotmail.com

 

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