diciembre 7, 2022

Ante el coronavirus, ¿negocios creativos de huevos o de pollos?

Huevos voladores de Papantla o los confines de la creatividad en muy distintos negocios para salir de la pandemia económica. (Imagen tomada de la página oficial de Bachoco en Facebook).

 

XALAPA. ¿Quién podría negar ahora el valor mercantil de ciertos bienes culturales o la importancia del desarrollo cultural como factor de bienestar social y económico?

La contribución de la cultura a la economía en nuestro país, no ha sido siempre bien comprendida o apreciada. Su extraordinaria diversidad cultural provee amplios recursos para generar empleo y riqueza a través de las empresas culturales y creativas. La producción de arte, diseños y artesanías, el turismo cultural, la gastronomía y el vínculo entre cultura, educación y entretenimiento señalan nuestra excepcional riqueza, que no sólo expresa identidad, originalidad y fuerza, sino también puede ser un motor potencial del desarrollo social y económico.

Es claro que la cultura puede ayudar a reactivar el desarrollo económico y social ante la crisis del coronavirus, pero, se requiere que los actores culturales (instituciones, artistas, artesanos, gestores culturales, espacios independientes, empresarios) incorporen estrategias que les faciliten generar un mercado para cada producción cultural. Hay que tomar en cuenta que cada producto cultural, cada proyecto cultural, cada manifestación artística genera por su particularidad su propio mercado.

No se puede hablar de una sola estrategia para activar la economía creativa, pues la diversidad cultural abre el ángulo de atención. En términos generales, primero se debe realizar un diagnóstico, enfatizando las diversas áreas (teatro, música, diseño, artesanía, artes visuales, gastronomía, educación, publicaciones…). Segundo, se debe generar un programa de capacitación señalando la importancia del aspecto económico, administrativo y fiscal en la producción cultural. Tercero, identificar los procesos de realización, distribución y consumo, revisando los costos de producción y precio justo, así como definir políticas de venta; definiendo los circuitos de mercado para diversificar y llegar a sitios en donde la gente valore el producto, generando consumidores y públicos.

Es claro que la cultura contribuye al desarrollo económico y social, pero para robustecer esta contribución en la crisis actual, es necesario contar con un diseño y gestión de proyectos para empresas culturales mediante el uso de herramientas teórico-metodológicas, para planear, organizar y ejecutar proyectos institucionales de largo aliento. También hace falta generar recursos, leyes, estrategias, infraestructura, públicos, consumidores y una metodología adecuada.

Para activar la economía creativa es necesario plantearse objetivos claros. Metas que sean posibles de conseguir a corto, mediano y largo plazo. Ser realistas y no engañarse con objetivos inalcanzables, diseñar un programa operativo con proyecciones posibles de cumplir.

Tener una robusta economía creativa es un objetivo a largo plazo. Hay que pensar y soñar con ella. Mientras tanto hay otras metas que cumplir, para poder conseguirla. Antes se debe superar otras metas a corto plazo que son más inmediatas y asequibles a las posibilidades actuales. Por ejemplo, la capacitación, la regularización fiscal, la implementación de leyes que incentiven el consumo cultural, las donaciones y los estímulos para la generación de más empresas, la promoción a nivel local y nacional y trabajar a fondo para ofrecer una oferta cultural que pueda competir con otras ciudades generando turismo cultural. Hay que salir y enseñar al mundo todo lo que hacemos.

Arriesgarse con ideas nuevas requiere y exige coraje. Pero son enormes las oportunidades. La creciente velocidad en que en muchas partes del mundo se incentivan a las empresas culturales nos da la clave para comprender el momento en que nos encontramos. Vivimos tiempos exponenciales. Las grandes oportunidades de negocio y transformación son para quienes se atreven a encarar los retos. Claro, también es allí donde están los riesgos, pero es bien sabido que “el que no arriesga un huevo, no gana un pollo”.

 

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