diciembre 5, 2022

Bitácora de un cautiverio: Malabares

Desde Minatitlán, Veracruz.

No tocar, conservar distancia, sanitizar mi sitio de trabajo (¿cómo? Laboro con personas llegadas de todos lados). Vestir con paranoia, guantes y mascarilla. Malabarear para comer el sándwich, tocándolo con la parte de la servilleta que no ha besado mis dedos después de mi quinto, enguantado, lavado de manos. Comenzar la atención, consciente. La mente dispara alarmas, “ignora el cabello que hace inoportunas cosquillas en la ceja, ¡cuidaaaado donde pones ese folder cochino! Lávate de nuevo las manos que vas a tocar el teclado recién clorificado”. Pasa una hora, dos, ocho. Llega mi relevo y salgo guardando distancia, queriendo volar para llegar a casa, despojarme de bichos y miedos antes de entrar a mi vida. (Sodelva Aranda Ordaz).

 

Foto: Sodelva Aranda Ordaz

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