De menos, a más, del vacío a la contundencia. La presencia de las mujeres en las delegaciones olímpicas mexicanas no es un hecho consumado. Entre las pioneras de esta participación encontramos a las esgrimistas Eugenia Escudero (1914-2011) y María del Pilar Roldán (1939).

Breves notas sobre el olimpismo femenino mexicano

De menos, a más, del vacío a la contundencia. La presencia de las mujeres en las delegaciones olímpicas mexicanas no es un hecho consumado. Entre las pioneras de esta participación encontramos a las esgrimistas Eugenia Escudero (1914-2011) y María del Pilar Roldán (1939).

Dedicado a la atleta que más admiro, Marisela Arizmendi Torres, cuya fortaleza, aún cuando muchos no lo sepan, ha contribuido grandemente a enaltecer el deporte femenino mexicano.

1.

Las primeras participaciones de México en Juegos Olímpicos, París 1924 y Ámsterdam 1928, fueron con delegaciones integradas por deportistas varones.[1] Fue hasta Los Ángeles 1932, tal vez por la cercanía con la ciudad sede, que México sumó a una nutrida delegación de 70 atletas varones a 2 mujeres. Una de ellas, la esgrimista Eugenia Escudero fue la abanderada nacional. Su participación fue modesta, pero con ella comenzó el pesaroso pero firme camino de las atletas mexicanas. Escudero falleció el 18 de enero de 2011 en Ensenada, Baja California a los 96 años.

2.

Para los Juegos de Berlín 1936, México contaba con recursos limitados para asistir por lo que sólo pudo enviar a 34 atletas, todos ellos varones. Las mujeres mexicanas volverían a hacer su aparición en los Juegos de la postguerra en 1948 (Londres) aunque en una proporción muy desigual (tabla 1). Esta situación habría de cambiar (en apariencia) cuando a México le fue otorgada la sede de 1968.

3.

En México 1968 se concretaron las primeras medallas para el deporte femenino mexicano. La esgrimista María del Pilar Roldán y la nadadora María Teresa Ramírez ponían en alto el nombre de las mujeres mexicanas con sus respectivas plata y bronce. Sin embargo y muy a pesar de los forzados intentos del Comité Organizador por dar un papel más relevante a las mujeres, lo cierto es que la olimpiada mexicana también reflejó una estructura poco equitativa para las atletas mexicanas.

La constelación de mujeres medallistas olímpicas tiene en la nadadora María Teresa Ramírez (1954), la atleta Enriqueta Basilio (1948-2019) y la pesista Soraya Jiménez (1977-2013), algunas de sus principales exponentes.

Si bien las 43 mujeres que participaron en la edición mexicana superaron por mucho la cantidad de ediciones anteriores, el contraste con los 245 varones que participaron continuó con el patrón de desigualdad en el deporte mexicano. Por otro lado, y a pesar del gran impacto de que Enriqueta Basilio haya sido la primera en encender un pebetero olímpico, su designación deja de ser desconcertante pues se buscó más su impacto simbólico más que el reconocimiento de sus méritos deportivos.[2] En 2008, Pedro Ramírez Vázquez, presidente del Comité Organizador de México, señalaba al respecto a que: “[A Enriqueta Basilio] casi la habilitamos como atleta porque participaba, sí, como competidora en los 800 metros. Pero no tenía buen récord. No tenía un tiempo como para que se destacara como atleta ¡Ah, pero tenía una figura femenina mexicana, de una gran elegancia! Tenía que ser un espectáculo único en una olimpiada. Esa era nuestra obsesión”.

4.

Era muy de mañana en México el 18 de septiembre de 2000 cuando a muchos nos despertó (en mi caso mi madre) la noticia de que México tenía su primer y único oro en los Juegos Olímpicos de Sídney. Soraya Jiménez (1977-2013) había hecho historia al vencer a la favorita norcoreana Ri Song Hiu para convertirse en la primera medalla áurea para una mujer mexicana. Habían pasado 32 años desde las medallas de Roldán y Ramírez en México 1968. Si bien en aquella ocasión Soraya Jiménez levantó 127.5 kilos, la realidad es que ella elevó a todas las deportistas mexicanas que en adelante protagonizarían los más grandes triunfos olímpicos de México (tabla 2).

5.

Sí, las cosas han cambiado, pero aún falta mucho. Los pasos dados por las deportistas mexicanas, no sólo las medallistas olímpicas, sino todas en su conjunto y en todos los niveles, siguen siendo amenazadas por las estructuras dominantes machistas y patriarcales, las cuales constantemente minimizan, acosan y ponen en peligro a nuestras deportistas. A lo anterior se suma otro problema de corrupción instalado en la misma presidencia de la Comisión Nacional del Deporte (Conade). Hoy en día, el deporte mexicano femenino tiene que salvar un nuevo obstáculo revestido de un falso feminismo para tapar la corrupción de la que se le acusa. Sin embargo, la coyuntura actual nos ha dejado algo claro: ¡La revolución será feminista o no será!

[1] México tuvo una participación previa no reconocida oficialmente en París 1900 ya que compitió en la prueba de Polo con un equipo mixto que obtuvo el Bronce.

[2] La costumbre, hasta la edición de 1964, era que un atleta destacado del país sede sería el designado para encender el pebetero olímpico. No obstante, para los Juegos japoneses, en clara alusión a un mensaje de resurgimiento, Yoshinori Sakai, quien naciera en Hiroshima un 6 de agosto de 1945 (fecha de la detonación de la bomba atómica), fue el encargado de tal honor. De haber continuado con la tradición, México habría designado probablemente a Joaquín Capilla para la ignición del fuego. No obstante, el Comité Organizador de México ’68 se inclinó por imitar la originalidad de Tokio con algo “nunca visto”: una mujer.

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