diciembre 3, 2022

Chiapas cultural: pocos leones y muchísimas hienas (y 2)

Africana, centroamericana, guatemalteca, chiapaneca. El Museo de la Marimba en Tuxtla Gutiérrez rinde los honores a un instrumento y una música que da identidad al estado. (Imagen tomada de visitchiapas.com)

 

TUXTLA GUTIÉRREZ. El levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en 1994, puso ante los ojos del mundo el mapa de Chiapas y éste pasó a ser incluso un género en las librerías: novela, ensayo, poesía, teatro…

En materia cultural, me refiero a la institucional, se creó el CELALI y poco más; sin embargo, en parte porque hubo disposición para promover e impulsar creadores indígenas, han surgido varios autores importantes que han realizado con seriedad y talento su labor.

Después, en 1997, ocurrió la matanza de Acteal que, de nuevo, en los órdenes institucionales, volvió necesarios algunos cambios.

Pero la máquina del olvido ya pasó encima de ambos sucesos y en materia de políticas culturales Chiapas sigue arando en el vacío.

Los mirones de palo

Hay 123 municipios en este estado y hay menos de diez cabeceras municipales que no son semi-rurales o enteramente rurales. Salvo Tuxtla Gutiérrez, Tapachula, San Cristóbal de Las Casas, Comitán, Villaflores… y alguna más, no tienen librerías ni teatro, ni vida cultural/artística: no hay exposiciones ni conciertos de música sinfónica ni danza contemporánea… ni nada.

Hay ferias en muchos pueblos. Pero contratan sólo a cantantes de banda o de norteñas, o a muchachas o muchachos que salgan con poca ropa, aunque no canten. También se decantan por “artistas” de la tele o populares en redes. ¿Teatro, literatura, música sinfónica, danza contemporánea? ¡No! Las ferias que coordinan las instituciones de cultura sí intentan poner trozos de carne en el arroz. No siempre lo consiguen.

 

Tierra de gran diversidad de figuras, Comitán rinde culto al Belisario Domínguez con la Casa Museo. (Imagen tomada de visitchiapas.com).

 

Las universidades públicas y privadas no han logrado, pese a que algunas tienen muchos años en el territorio, ninguna implicación sociedad-cultura-arte. Alguna lo hará, tal vez, hacia el interior de su comunidad universitaria; la mayoría ni eso. Hay ferias del libro en un par de universidades a la que acuden, obligados, los estudiantes. Casi nadie más.

La federación siempre ha quedado muy lejos, aunque siguen teniendo programas de apoyo a los estados. Sobre esos apoyos dan vueltas y vueltas los que quieren algo de dinero para realizar proyectos culturales o artísticos.

Sólo como excepción a la regla a veces hay alguien de la iniciativa privada que apoya algún acto cultural. La regla es que los hacedores de cultura se las arreglen con lo que el gobierno pueda darles o se rasquen con sus propias uñas.

La frontera del pozol

No sólo los políticos se van de Chiapas para ser reconocidos (y volver, aunque sea de gobernadores): también los escritores, por citarlos como conspicuo ejemplo artístico. Vivieron en Chiapas y tuvieron que irse para que sus nombres fueran conocidos y premiados en los ámbitos nacional e internacional Rosario Castellanos, Jaime Sabines, Óscar Oliva, Eraclio Zepeda, Juan Bañuelos, Efraín Bartolomé, Carlos Olmos… ¿Cuántos de sus contemporáneos que se quedaron en el estado son conocidos en el país? Ninguno.

Dedicarse a una actividad artística en Chiapas parece asunto de humor negro: tendrás poco público, será muy difícil que tengas actividades (publicaciones, exposiciones, conciertos, puestas en escena…) que trasciendan el municipio del que formes parte, tendrás magros apoyos económicos o no los tendrás. Pero te odiará la mayoría de tu gremio. ¿Por qué? Por el misterio insondable de cómo funcionan los egos de los que se dedican al arte y las perversiones mentales que buscan la posesión de lo que otros tienen.

Octavio Paz es el escritor más internacional de México, el más traducido a otros idiomas, el único Premio Nobel de Literatura en la larga historia de nuestro país, y el más vilipendiado, el más criticado, el más odiado. Su ejemplo, con las distancias del caso, aplica, creo, para todo el país. En Chiapas es ley.

 

El dilema de la riqueza artesanal de Chiapas. Una vista al mercado de artesanías en Santo Domingo, en el centro de San Cristóbal de Las Casas. Ahí conviven productos de Guatemala con los de la región. (Imagen tomada de alma-de-chiapas.com).

 

La independencia como único camino

Aunque haya todavía algunos que piensan que el gobierno o la virgencita de Guadalupe los va a ayudar, parece claro, para las comunidades indígenas que preservan sus danzas y sus hechos artísticos, y para todo el que quiera malvivir del arte, que el único camino es la independencia. Si dentro de ella aparece un atípico mecenas, ¡albricias! Si no, seguir como se pueda.

Las creadoras y los creadores generalmente tienen una base de amigos, admiradores, gente interesada que suele seguirlos en sus presentaciones, publicaciones, exposiciones. En ocasiones hay alguna nota laudatoria o, pocas veces, una crítica más o menos objetiva, porque, como podrá colegirse, si apenas sobreviven las y los artistas, los críticos (que sepan de lo que hablan) todavía están naciendo. El periodismo cultural, que en toda nuestra historia ha sido sólo rara avis, ahora, como las águilas, está en peligro de extinción.

Pensar en hacer arte en Chiapas es enfrentarte a todos los enemigos ya descritos: analfabetismo, pobreza extrema, desinterés oficial, universitario, social. En esta soledad creativa lo único que nos acompaña es la cada vez más creciente antropofagia. El más bisoño y bobo se siente a la altura del que ya ha enfrentado mil batallas. El soldado raso, en las redes, se siente con derecho de injuriar al general; el recién ingresado a la carrera de Letras habla con repugnancia de lo mal escritor que es Borges.

Leones y hienas

Los creadores importantes en el estado (podría decir municipales), hombres y mujeres, son como leones que en las sabanas salen a cazar (el símil sería su obra, su reconocimiento público). Parece que están solos. Pero no. Los sigue una multitud de hienas que lo ven con envidia, con rencor, con odio. Cualquier hecho trascendental en la cultura en Chiapas hace que las redes se llenen de descalificaciones, de insultos personales, de gente que se cree merecedora de lo que no tiene. Ganar un premio o una beca o tener una presentación con éxito se paga con cataratas de odio en las redes. Somos analfabetas, pobres y con acendrado resentimiento social. Jan de Vos, historiador, llamó a este modo de ser “el sentimiento chiapaneco”.

Sobre estas procelosas aguas navega actualmente la maltrecha barca de la cultura y el arte en Chiapas.

 

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