diciembre 5, 2022

Condición de dependencia

La realidad del cine nacional nos recuerda a este título con una carga de humor negro. (Foto: montaje Grecu).

Oficialmente el neoliberalismo está muerto. Sin embargo, sus prácticas cotidianas siguen ahogando y maltratando al cine mexicano, a sus inversionistas y sobre todo a su público. Se exhiben pocas películas mexicanas en el país, en malas fechas y pésimas condiciones debido a la condición de dependencia que tienen los productores de cine mexicano con los exhibidores dominantes del mercado (Cinépolis y Cinemex) y también por la política oligopólica y de una especie de cártel de las empresas afiliadas en la Motion Picture Association of America (MPAA) que semana a semana saturan y desplazan, con unos cuantos títulos, a su competencia.Valga como ejemplo lo sucedido en el fin de semana del 18 al 20 de octubre del 2019 donde con solo cuatro títulos (Maléfica, estreno, 3,856 pantallas; Guasón, tercera semana 2,855 pantallas; Proyecto Géminis, segunda semana, 1,228 pantallas, y Un amigo abominable, cuarta semana, 775 pantallas) se ocuparon en suma 8,714 pantallas cuando en el país solo existen 7,181. En otras palabras: estas cintas acapararon el total de las salas de cine y además compartieron entre ellas el 21.34 por ciento. Al resto de los 69 filmes que se exhibieron ese fin de semana solo le dejaron unas cuantas funciones, tal y como le sucedió al estreno mexicano Asfixia de la tapatía Kenya Márquez que apenas alcanzó 32 pantallas. Como diría el Don Juan Tenorio de Zorrilla: “Los muertos que vos matáis gozan de cabal salud”.

En este momento cuando en México se cierra el ciclo de los gobiernos neoliberales y neodesarrollistas, de acuerdo con el libro La nueva América Latina de Manuel Castells, y Fernando Calderón, y se trata de lograr la redistribución de la riqueza y el combate a la corrupción, ¿cuál es la realidad de la industria cultural cinematográfica mexicana? ¿Qué esta haciendo la Cuarta Transformación al respecto?

México cuenta con un servicio de exhibición que se considera entre los mejores del mundo, producto de los más de 21 mil 621.1 millones de pesos invertidos en la última década tal y como se muestra en el cuadro siguiente.


La excelente infraestructura de Cinépolis y Cinemex,  que concentra el 92 por ciento del total existente, de nada serviría si no cuentan con películas que atraigan día a día al público consumidor. Sin público y sin películas desaparece la magia de asistir a las salas cinematográficas. Los  cines y las butacas lucirían vacías, los empleados checarían sus celulares o platicarían entre sí  mientras las mercaderías se echarían a perder ya que nadie las consumiría por su alto precio de adquisición y nadie les contrataría la propaganda y la publicidad con que saturan al espectador antes de cada película.
Actualmente los exhibidores viven una situación privilegiada debido a que en el mundo existe una sobre oferta cotidiana de materiales fílmicos que superan fácilmente los ocho mil largometrajes al año creados especialmente para salas. A ello hay que agregar otro tanto de cintas producidas para la televisión o para plataformas que por el desarrollo de la tecnología de igual manera se pueden estrenar en cines, tal y como sucedió con Mexicanos de bronce (1).

De este total, los empresarios de los servicios de exhibición programan en México un promedio de 370 largometrajes al año, es decir 3,698 durante una década, lo que requirió una inversión superior en la producción de más 763 mil 936.8 millones de pesos; cifra muy por encima de lo invertido en la exhibición nacional en el mismo período.

Hasta el 2018 México contaba con 805 complejos de cine que agrupan a 7,181 pantallas con 1,174,222 butacas, lo que nos da un promedio de 9 pantallas por complejo y de 163 butacas por pantalla ubicadas en poco más de 180 municipios. Este equipamiento se ofrece cinco veces al día en promedio y por ello su capacidad de exhibición de filmes está limitada a solo 13 millones 105 mil 325 funciones al año. Esa es la masa que se disputan semana a semana las 370 películas que se estrenaron en promedio en los últimos diez años

En la década pasada, el cine mexicano estrenó un promedio de 82 cintas al año invirtiendo más que los exhibidores en su conjunto.

Por lo anterior, los productores de filmes nacionales deberían de recibir una recuperación superior al 50 por ciento de los ingresos en taquilla o cuando menos un porcentaje paritario y equitativo. No como sucede ahora en que los exhibidores se quedan con el 63 por ciento y a los productores solo les llega una lastimosa liquidación. Sobre todo, partiendo de la condición de que los dueños de los cines reciben ingresos adicionales a través de la venta de golosinas y de los comerciales que les imponen indebidamente a los consumidores del material fílmico.

En Estados Unidos las condiciones de la distribución de los ingresos en taquilla son inversamente proporcionales a lo que sucede en México. Ahí gana más el productor que el exhibidor, tal y como lo indica Joel Augros en su libro El dinero de Hollywood: “Los tipos de contrato posibles entre una sala y una distribuidora son numerosos, según el periodo del año, la película, la situación de la sala”.  Sin embargo, el siguiente es el esquema general de trabajo: “El exhibidor recolecta la recaudación en la taquilla. Es el Box Office Gross (taquilla bruta) o la recaudación bruta en taquilla. De esta cantidad se descuentan los gastos de explotación de la sala (alquiler, teléfono, electricidad, seguros, devolución de hipotecas)”.

El resto constituye el Box Office Net (taquilla neta) o la recaudación neta en taquilla. Esta es la cantidad  que se reparte entre el exhibidor y la distribuidora de acuerdo con un contrato que traduce las relaciones de fuerza entre ambas partes. Además del reparto de la recaudación, el contrato puede prever un mínimo garantizado para la distribuidora y/ o un período de exhibición mínimo de la película.

Para ciertas películas de gran inversión “acontecimiento”, los contratos pueden comenzar con 90-10, es decir, 90 por ciento para la distribuidora y 10 por ciento para el exhibidor. Cada dos semanas el contrato se modifica en 10 puntos y el reparto se efectúa al 80-20, y luego al 70-30. En términos generales, el contrato prevé un reparto inicial de 70-30.

Hace unos lustros la situación en EU era muy similar a lo que actualmente se vive en México. Pero un movimiento organizado por los directores de cine como Francis Ford Coppola, Steven Spielberg y Martin Scorsese, entre muchos otros, solicitó una participación mayor de los ingresos en taquilla de las salas o, en su caso, una parte proporcional por venta de la publicidad y lo que en las dulcerías generaban como consumo en sus películas. La petición fue denegada por los dueños de los cines y después de arduas negociaciones se logró el esquema mostrado en el cuadro anterior, quedando como promedio inicial para una cinta de presupuesto medio del 70 por ciento al productor y 30 al exhibidor; el producto de publicidad y de dulcería quedó en exclusiva para el exhibidor.

Algo que no hemos mencionado y que resulta importante señalar es que los dueños de las salas pueden recuperar sus inversiones a lo largo de cinco años. Próximamente, de acuerdo con las reformas fiscales del 2020, será hasta en 10 años. Es decir que ellos recuperan en 520 semanas sus 500 mil dólares invertidos por pantalla mientras que los productores de los filmes lo hacen bajo una sola carta: su corrida de estreno.

Así, el futuro de una empresa productora mexicana se apuesta con el lanzamiento de su más reciente estreno, por lo que debe de ser muy cuidadosa y buscar las mejores condiciones de concurrencia y de competencia posibles, que podemos puntualizar de la siguiente manera:

A. Fecha de estreno. El productor debe de seleccionar la mejor de las fechas posibles de acuerdo con las características de su filme. Por ejemplo si se tratara de temática sobre el “Día de muertos”, esta debiera de estrenarse el 2 de noviembre tal y como sucedió con Coco. Encontrar la fecha ideal puede llevarse hasta un año, lo que incrementa el costo financiero. La cinta mexicana Día de muertos, por ejemplo, tuvo que retrasar su estreno el año pasado.

B. Competencia de salida. El productor, a través de su distribuidor, tiene que estudiar cuáles serán los próximos estrenos y tratar de encontrar un día en el que no se estrene un blockbuster (o éxito de taquilla) que arrase con los espectadores; además, tratar de que no coincida con otra cinta similar que le dispute la misma franja de público.

C. Selección de las salas. No todos los cines ni las pantallas son iguales. Unos están mejor ubicados que otros; algunos cuentan con gran flujo de asistentes (Cinépolis Periférico, Universidad o Cinemex Parque Delta) y otros tienen escasa asistencia é (Cinépolis Tenayuca y Cinemex Querétaro). Además, la zona de ubicación determina gustos y consumos: no es lo mismo la zona de Polanco que la de Ixtapaluca. Y en materia de pantallas no es lo mismo estar programado en la sala que tiene más de 800 butacas que en la de 70. Los rendimientos son diferentes.

D. Promoción y publicidad. En este rubro hay que invertir lo necesario pero, sobre todo, tener el tiempo suficiente para desarrollar la campaña adecuadamente. Además se debe de checar que los cines pasen los avances del filme y se coloquen los carteles y demás productos de promoción en tiempo y forma.

Si el productor no logra controlar adecuadamente los puntos anteriores se incrementan las posibilidades  de perder la atención del público y con ello disminuyen las posibilidades de su recuperación económica.

Promocional de la película Día de muertos que se estrenará el 1 de noviembre próximo. La cinta cien por ciento mexicana se ideó desde 2004 y fue registrada en 2007 por la empresa Metacube, en Guadalajara. Tuvo que retrasar su estreno por años, eclipsada por Coco, de Pixar, con su maquinaria de publicidad que arrasó en pantallas en 2017.

La triste realidad del cine nacional.

Este es un listado de los obstáculos generados por las malas prácticas comerciales debido de la condición de dependencia que se vive.

A. Fecha de estreno. Muchas películas son las solicitantes y muy pocas las elegidas. Semana a semana, los más de 60 distribuidores les proponen a los programadores de salas los próximos estrenos. Antes de recibir una respuesta pueden pasar meses, que se convierten en años. Se privilegian las cintas que ellos consideran “comerciales” y discriminan las que no son de su gusto. En promedio solo 34 filmes nacionales alcanzan exhibición nacional; 78 solo logran estrenarse en alguna ciudad de la república mexicana y las demás nunca se estrenan.

En gran parte esto se debe a la saturación de las salas por el excesivo número de copias estadounidenses por estreno. En el 2018, sus 85 cintas se lanzaron con 1,970  copias por título. Es decir: cada semana usaron un mínimo del 16 por ciento de las pantallas, obteniendo los máximos reseñados al inicio de esta nota y así las  empresas con prácticas de “cártel” ocupan más del 90 por ciento del total y aún más.

Ante esta realidad, los distribuidores de material nacional esperan meses. Y cuando el exhibidor les ofrece una fecha, la tienen que tomar aunque no sea buena ya que de lo contrario pueden ser programados varios años después; o quizá nunca.

No todas las épocas del año son iguales y quien logra que programen sus cintas en el verano, en los  puentes festivos largos o después de las celebraciones navideñas son los que más ingresos concentran por titulo, como son los estadounidenses de la MPAA. En sentido contrario, los resultados siempre serán bajos si la misma película se programa en fechas menos favorables: la Semana santa, después de los Reyes, cuando se regresa al ciclo escolar, en las tres  primeras semanas de diciembre o en alguna final deportiva como el Súper bowl. Por esto no extraña que sean durante los meses de agosto a diciembre cuando se programe más cine mexicano. Incluso ya se le dedica un día y una fiesta “en su honor” (5).

B. Competencia de salida. El modelo actual de la MPAA y de los grandes grupos de la comunicación nacional es la de estrenar con un gran número de copias que avasallen con la competencia, semana a semana. Así, aunque obtengan un pequeño número de espectadores por sala, si se multiplica por las cuantiosas pantallas sus resultados parecerán satisfactorios.

En sentido contrario, un caso que ejemplifica claramente los efectos de este tipo de política de avasallamiento fue Coco de Walt Disney, película que desfondó a todos sus competidores de la semana, y de las anteriores. Como se ha hecho costumbre desde hace varios años, los gerentes de las salas suspendieron indebidamente la programación de otros filmes y reprogramaron a Coco, reduciéndose los posibles ingresos de la competencia. Esto causa un daño económico a los productores y es una práctica de publicidad engañosa al publico pues no se respetan las funciones comprometidas con anterioridad.

C. Selección de las salas. De poco sirve tener el conocimiento en la selección de las salas si uno se encuentra en condición de dependencia ante los programadores. Se pueden pedir las salas pero falta que te las den en cantidad suficiente y con la debida ubicación. Además, aunque la actual Ley Federal de Cinematografía obliga a exhibir las cintas nacionales por una semana y con todas sus funciones, una cosa es que te las den y otras que te las respeten, tanto las pantallas como los horarios.

Cabe señalar que durante el día se ofrecen hasta cinco horarios. Sin embargo no asisten el mismo número de consumidores en las funciones. Valga como ejemplo la tabla que elaboró Arturo Sastré de Arts and Marketing.

Los horarios obtienen distintos rendimientos entre sí y desgraciadamente a las películas nacionales les cancelan sin previo aviso las mejores funciones para dárselas a los de la MPAA, tal y como se comentó en la entrega pasada.  Si algún distribuidor se queja o desea otro tipo de condiciones, pueden ser fácilmente sustituidos o extinguidos tal y como se demostró con el caso de la cinta El origen.

A manera de conclusión. Debido a su condición de dependencia con los exhibidores, los productores mexicanos viven diariamente situaciones que los colocan dentro de los supuestos del capítulo VIII  sobre “Medidas de emergencia” del TLCAN vigente. “Estamos viviendo una amenaza de daño serio a todas luces inminente con base en los hechos y no meramente en alegatos, conjeturas o posibilidades remotas (artículo 805), a la Industria nacional que es el conjunto de productores del bien similar o del competidor directo que opera en territorio de una parte”.

De acuerdo con nuestra Ley Federal de Competencia Económica (LFCE) hay muchas conductas anticompetitivas que no ha querido ver Alejandra Palacios, la directora de la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece). No existe libre concurrencia para nuestro cine debido a que los agentes económicos estadounidenses impiden el acceso a través del acaparamiento de las pantallas y esta práctica le impide a sus competidores nacionales actuar en el mercado local al limitar su capacidad para estrenar en buenas fechas; esto distorsiona el proceso de competencia y libre concurrencia (Art. 3 Fracc. III. LFCE).

Por último, de acuerdo con el  artículo 52 de la misma ley, “están prohibidos los monopolios, las prácticas monopólicas, las concentraciones ilícitas y las barreras que (…) disminuyan, dañen, impidan o condicionen de cualquier forma la libre concurrencia o la competencia económica en la producción, procesamiento, distribución o comercialización de bienes o servicios”.

Si el gobierno de la Cuarta Transformación quiere dar por muerto al neoliberalismo y sus prácticas nefastas debe de actuar de forma inmediata a través de la Secretaria de Economía, la Cofece y el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine) para evitar las malas prácticas comerciales que están arruinando a la cultura nacional.

Es una situación económica que limita la libertad de expresión cinematográfica  de los mexicanos y los derechos de los públicos consagrados en la Constitución. El cine es arte, instrumento formativo, vehículo ideológico y no simple entretenimiento tal y como definió Walter Benjamin a las industrias culturales desde mediados de la década de los cincuenta del siglo pasado.

A la fecha muchas generaciones se han formado con sus productos (libros, discos, películas, diarios, etc.) al tiempo que informalmente se estremecieron, gozaron y vivieron con este tipo de productos culturales. Y mientras esto sucedía, los empresarios estadounidenses han venido impulsando desde Washington al cine como “diversión y entretenimiento” ante los gobiernos occidentales que se lo creyeron. Por ello hoy casi todos vestimos, pensamos y consumimos al ritmo que nos dictan las empresas gringas. ¡Más claro ni el agua!

Oficialmente el neoliberalismo está muerto.  Sin embargo las prácticas neoliberales siguen ahogando y maltratando  al cine mexicano y a su público al tiempo que nos forman como ciudadanos colonizados mentalmente al educarnos con su cine al ocupar más del 90 por ciento de las 13 millones 105 mil 325 funciones.

vicmanugal@hotmail.com

28 de octubre de 2019.

Notas.

(1) Mexicanos de Bronce documental producido por TV Azteca y otros, se exhibió el 28 de septiembre de 2018 con 15 copias en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey.

(2)  El IVA lo paga el espectador y lo absorben proporcionalmente los tres agentes económicos de la cadena productiva: producción/distribución/exhibición.

(3)  A la liquidación al distribuidor se le descuenta el porcentaje acordado por sus servicios y se le descuenta el VPF y los gastos de promoción y publicidad.

(4) Debido al recambio tecnológico de proyectores analógicos en 35mm al proyector digital 2K, el exhibidor creó el impuesto de Virtual Print Fee (VPF) que consiste en pagar 400 USD si la película se exhibe en menos de 300 salas. En el supuesto de que se exhiba en más complejos el costo se incrementa a 800 USD.

(5) El 55 por ciento del total de los filmes nacionales se estrenan entre agosto y diciembre. En esa temporada se desarrolla “El día del cine mexicano” y “La fiesta del cine mexicano”, eventos que incrementan la asistencia a los exhibidores pero que poco ayudan a nuestro cine.

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