Consumo cultural (y III)

Venta de obra en la Feria de Todos los Santos en Colima que se ubicó en el corredor principal a la entrada del recinto ferial. (Foto: Marcela Flores Ruvalcaba).

Dedicado a Víctor Bo, Ana Carrasco, Rosario Gómez y a todos los que hicieron posible La Artería.

En las entregas anteriores hablamos sobre la estimulación del consumo cultural a partir de propuestas que permitan a los creativos exponer sus obras artísticas y generar recursos para poder satisfacer sus necesidades.

Antes de retomar el tema, los invito a ver este video.

El manejo magistral del títere nos deja asombrados. Para lograr esa destreza, indiscutiblemente el marionetista necesitó de meses o quizás de años de práctica. Quien haya tomado este video, impresionado como nosotros por el acto, tal vez nunca se percató de la escena de atrás: una mujer y tres niños a quienes no les llama la atención el espectáculo. Especularé pensando que es su familia y, aún más, que de las monedas que caigan a ese sombrero muy posiblemente dependa el alimento de ese núcleo familiar.

Como este artista hay cientos en las calles de cada ciudad del país que no han tenido la fortuna de acceder a un gran escenario con una producción profesional y con una impresionante campaña publicitaria. El titiritero, como otros, encontró en el arte y en el espacio público la manera de ganarse la vida sin conocer la existencia de los derechos de autor, del pago de impuestos, la manera de hacer un proyecto para acceder a una beca o a otros mecanismos normativos de nuestra sociedad. Solamente sabe que debe subsistir y por fortuna asumimos que no optó por formas “fáciles” de conseguir dinero.

Imágenes como esta nos estimulan a seguir buscando mecanismos para que los artistas puedan trabajar en mejores condiciones.

El Centro de Iniciación Escénica se encontraba en el antiguo y abandonado cine Colima. Ofrecía talleres de preparación escénica y contaba con dos escenarios que, si bien estaban equipados de manera elemental, satisfacían la gran necesidad que tienen las artes vivas. (Foto: CInE Colima).

Distritos o sectores culturales

Como ya mencionamos, los distritos culturales muchas veces se dan de manera natural. En México veremos con dificultad que estos núcleos creativos sean el resultado de políticas públicas porque consideramos que a los gobiernos les interesa poco el tema; solo basta revisar sus propuestas de campaña para constatar que la cultura ni siquiera es abordada.

El caso que ahora me interesa documentar se ubica en el centro histórico de la ciudad de Colima, cuando un distrito cultural se estaba gestando de manera natural entre los años 2013 y 2017 en medio de una gran efervescencia de espacios dedicados a la cultura.

Para brindar un mayor contexto es importante mencionar que la Universidad de Colima ofrece tres licenciaturas en artes: danza escénica, artes visuales y música. Con dos décadas de trabajo, han egresado de ellas decenas de artistas que difícilmente podrán conseguir trabajo en el área de su especialidad. Es así que la mayoría opta por aceptar un empleo que nada o poco tiene qué ver con sus estudios y que limita el tiempo que podrá dedicar a su labor creativa, o bien decide abandonar las artes, en definitiva.

En el periodo referido, algunos creadores decidieron convertirse en empresarios culturales en la búsqueda de satisfacer sus necesidades. Dado que en Colima no se cuenta con teatros independientes y los únicos que existen pertenecen al gobierno del estado o a la Universidad de Colima, y ello limita mucho la producción escénica, varios emprendimientos generados fueron de gran importancia.

A continuación, cito algunos de ellos:

  • Centro de Iniciación Escénica, ubicado en las instalaciones del antiguo cine Colima (abandonado). Ofrecía talleres de teatro y contaba con dos escenarios acondicionados con equipo elemental. Se mantiene cerrado.
  • Galería Mónica Saucedo. Ofrece la exhibición y la venta de obra, además de talleres de pintura. Se mudó al norte de la ciudad.
  • Traspatio café, ubicado a espaldas del Museo Fernando del Paso, es un espacio propicio para la proyección de películas, la presentación de libros y otras actividades culturales. El único que mantiene sus actividades
  • Alcuiz, además de ofrecer servicio de restaurante, contaba con una sala de lectura y propiciaba diversas actividades para el fomento de las letras. Se mudó a otra zona solo como restaurante.
  • Taller Azul, una galería de arte que además ofrece talleres diversos, se mudó al norte de la ciudad.
  • Akros, centro de acrobacia con talleres y un escenario muy elemental, trabaja de manera itinerante.
  • Código de Barras, centro de enseñanza teatral, se encuentra cerrado.
La Artería, ubicada en el corazón de la ciudad de Colima, fue un centro cultural con gran aceptación y apropiación por parte de la comunidad. Operó de 2013 a 2017 y fue muy lamentable su cierre. (Foto: La Artería).

La Artería

Mención aparte merece La Artería por lo que ha representado para Colima. Promovida como La casa más bonita del centro, es una vieja casona intervenida por varios artistas y que se ubica en un andador muy concurrido que da al jardín o a la plaza principal de la capital colimense. Para describirla, retomo una entrevista de 2015 con Ana Carrasco, española encargada del espacio cultural.

“Es un espacio abierto tanto para la producción como para la promoción de trabajos ya realizados. La Artería ha tenido que desarrollar una parte empresarial; funciona como microempresa en el ámbito artesanal. Creamos una asociación civil y el consumo es el que sostiene el espacio. Esto lo fuimos conociendo; en un principio queríamos ser solo un espacio cultural, traíamos el prototipo de España donde se utilizan las casas en desuso o de gente que quiere donar una propiedad. Tú lo realizas pero no tienes que hacer frente a los gastos de renta. De alguna manera vas a gestionar recursos mediante un taller con la comunidad pero en Colima no hay ninguna cultura de dar uso a los espacios urbanos que no tienen una utilidad”.

Durante los cuatro años que operó, La Artería tuvo varias administraciones con similar entusiasmo. El espacio ofrecía alimentos, talleres, cursos, exposiciones de arte, venta de artesanías y conciertos; presentaciones de danza, teatro y acrobacia. Concesionaron parte del espacio y se inventaron una y otra vez.

Así luce actualmente el corredor Constitución. La vieja casona que albergó a La Artería continúa cerrada, dejando un vacío inmenso. Al pasar no podemos más que suspirar y recordar sus buenos momentos. (Foto: MFR).

A pesar de que estos espacios se organizaban entre ellos con el fin de atraer a más personas y diversificar su oferta, poco a poco se fueron cambiando a otras zonas o concluyeron actividades de forma paulatina. Quizás un denominador común para que estos centros no prosperaban fue la falta de recursos económicos y el poco conocimiento para administrar este tipo de recintos.

Poco a poco la algarabía que producían en el centro colimense se fue apagando. Lamentablemente el 25 de marzo de 2017 fue anunciado el cierre de La Artería. A  casi tres años el centro no ha vuelto a ser lo mismo sin ella.

Auditorio al aire libre en el parque El Rodeo, en la capital colimense, rescatado en beneficio de la comunidad. En fechas recientes tuvo lugar allí el programa Parque RodeoFest, con la presencia de artistas locales. (Foto: cortesía de Leoncio Morán)

Nuevos vuelos

Actualmente el gobierno del presidente municipal Leoncio Morán ha organizado diversas actividades en apoyo a los artistas locales, como el evento denominado “Sábados en la Madero” que se realiza en varios escenarios ubicados en una de las calles principales del centro, dando la oportunidad a creadores y grupos de presentarse con un apoyo publicitario que genera un vínculo mayor con el público.

Asimismo, los sábados tiene lugar el tianguis de artesanías en el Jardín Torres Quintero y recientemente se realizó el Parque RodeoFest mediante el cual no solo se presentaron varios artistas de la localidad sino que se recuperó un parque en abandono que cuenta con un auditorio al aire libre con un hermoso fondo natural.

Esperamos que el gobierno municipal siga propiciando estas actividades artísticas y desarrolle algún programa para impulsar nuevos emprendimientos culturales que generen al fin nuestro propio Distrito Cultural.

A manera de conclusión

Si bien el consumo cultural no se refiere únicamente al área artística, fue importante enfocarme en ella pues considero que continuamos inmersos en un círculo vicioso entre las becas, el comercio informal y el conformismo de hacer lo que se pueda, como se pueda… y pasando el sombrero.

Cada ciudad, cada comunidad tiene necesidades distintas; sin embargo, es importante aprender de emprendimientos exitosos y no exitosos; analizar el entorno y retomar lo que pueda enriquecerlo. Es imperativa la comunicación entre creador, gestor y autoridad con el fin de, a partir de sus recursos, trazar un plan a corto y mediano plazo para poder generar un mayor desarrollo, no en busca de paliativos sino de verdaderas transformaciones.

Por su parte, además de la preparación en sus diferentes ramas, los artistas necesitan de capacitación y orientación en administración de empresas, en contabilidad y difusión, entre otras especialidades. Hay muchas otras formas en que las dependencias pueden apoyarlos, y no hablamos solamente de dinero.

Cierro con las palabras de Ana Carrasco: “Sería importante hacer una gestión para que haya una iniciativa donde los jóvenes se pudieran desarrollar en un espacio porque ¿Cómo empiezas como artista?”.

Hagamos un esfuerzo mayor por el bien de las nuevas generaciones.

Hasta el próximo vuelo del ticús.

mfruvalcaba@gmail.com

25 de noviembre de 2019.

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