Los hilos de azúcar giran y giran mientras se derriten alrededor de un palito de madera, hasta formar una enorme golosina esponjosa y pegajosa, casi siempre de color rosa, para deleite de muchos, sean niños o adultos.

Aunque su origen es italiano, los algodones de azúcar, también conocidas como nubes de algodón, se hicieron populares gracias a un invento norteamericano que se presentó en la Feria Mundial de Francia, en 1900, con el nombre Fairy Floss (hilo o seda de hadas).

Desde que era niño, Luis Alberto se integró al negocio familiar, en Chalco, aprendiendo a preparar los algodones con una máquina que usa la fuerza centrifuga y el calor para formarlos.

Después de un largo confinamiento por la pandemia, Luis Alberto apenas se está recuperando en sus ventas. Si le van bien, en un día vende hasta 50 unidades, a 20 pesos cada una.

¿Se les antoja uno?

 

21 de octubre, Paseo de la Reforma, colonia Cuauhtémoc, Ciudad de México.

 

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