diciembre 9, 2022

De cuando fui secretario de Cultura en Colima

Cuestión de tiempo contra viento y marea. Este 2021, el Festival Zanate llega a 14 años de llevarse a cabo en Colima. (Imagen tomada de estacionpacifico.com).

 

COLIMA. Del 2015 al 2020 colaboré en el Gobierno del Estado de Colima como Secretario de Cultura, durante la administración interina del Gobernador Ramón Pérez Díaz (de noviembre de 2015 a febrero de 2016) y los primeros cinco años del gobierno de José Ignacio Peralta Sánchez cuya administración concluirá este año.

Desde esa experiencia entendí que, frente a la urgencia de los problemas de la sociedad, el Ramo Cultura tiene la imperiosa tarea de significarse factor de desarrollo en el bienestar social, en la educación y en el fomento y promoción de la economía local.

Además de la capacidad de incorporarse a la agenda del desarrollo estatal, para su operación la Secretaría de Cultura de Colima dependía del subsidio federal a través del Programa de Apoyo a Instituciones Estatales de Cultura (AIEC, antes Subsidio Piso).

Sin embargo, el subsidio federal disminuyó de manera dramática desde el 2015. Eso explicaría que en los primeros tres años del gobierno estatal se realizaran las obras más importantes de la administración para el sector cultural.

De las ocho actividades de animación artística con cobertura estatal (festivales, encuentros, muestras, ferias…) para el 2021 sólo han sobrevivido el Festival Alfonso Michel (realizado con gestiones extraordinarias a través del Programa Federal de Apoyo a Festivales) y Cine de Manzanillo.

En infraestructura cultura se reordenaron algunos de los museos más importantes de la entidad. Se dejó de pagar el cuantioso alquiler del Centro Cultural Adolfo Mexiac al construirse un inmueble propio en el Jardín Corregidora; se integró el Museo Nacional de la Escultura Sebastián (antes ubicado en el Complejo Administrativo de Gobierno del Estado) al Centro Estatal de las Artes en Comala; y se planeó la Sala Jorge Chávez Carrillo en la reorientación cultural del Palacio de Colima. Destacan otros tres proyectos de largo aliento: el Parque La Campana, la restauración del Palacio de Colima y la Fábrica de Innovación Creativa del Tívoli.

 

Colima agrupa un considerable equipamiento cultural que enfrenta notables carencias presupuestales al cerrar la administración del gobernador Peralta. Vista a la Fábrica de Innovación Creativa Tívoli. (Imagen tomada de colima.quadratin.com.mx)

 

Cabe mencionar que el impulso cultural del primer trienio del Gobierno de José Ignacio Peralta fue acompañado por otras empresa e instituciones. La poderosa minera Ternium destinó un importante recurso para desarrollar el Festival Ternium de Cine Latinoamericano, que alcanzó sedes hasta en cinco municipios con el apoyo de la Secretaría de Cultura de Colima y la participación de Peña Colorada, otra minera de gran relevancia nacional.

La Universidad de Colima también participó en este periodo con la reactivación de la Bienal de Pintura Alfonso Michel, la exposición Caprichos de Francisco de Goya en la Pinacoteca Universitaria, la presencia de su Ballet Folclórico en el Auditorio Nacional y la exposición Paisajes de Colima en el Senado de la República.

El Ayuntamiento de Colima creó exitosamente el Festival del Volcán y el SaboraFest, con la participación del Gobierno del Estado y de la Universidad de Colima, pero sobre todo con la presencia de cámaras empresariales como CANIRAC y CANACO. De manera independiente, el documentalista Carlos Cárdenas y sus socios fortalecieron el Festival Zanate de Cine Documental, que en el 2021 celebrará su emisión 14.

Después del 2019 la situación ha cambiado de manera dramática, no sólo porque el financiamiento público para actividades de animación artística se ha reorientado para promover las culturas comunitarias, la irrupción de la pandemia por COVID-19 ha obligado prácticamente a la cancelación de eventos masivos y el cierre (por lo menos parcial) de museos, galerías y teatros.

Esto por sí mismo representa un replanteamiento de las políticas de difusión cultural: aunque la práctica artística continúa (y podríamos aventurar su crecimiento) no es posible invitar a la gente a disfrutar del arte.

 

Los costos de la descentralización centralizada: del Centro Nacional de las Artes, en Churubusco-CDMX, al Centro de las Artes de Comala se tiende el cordón de dependencia del gasto federal. (Imagen tomada de cenart.gob.mx).

 

Por otra parte, desde hace dos décadas ha sido muy complicado generar recursos para el mantenimiento adecuado de la infraestructura cultural, en especial de los municipios, como casas de cultura, bibliotecas, museos y galerías, que a pesar de contar con proyectos para su desarrollo no se han ejecutado a cabalidad por falta de recursos económicos.

El sector cultura ha enfrentado otras dificultades generadas por las políticas administrativas del gobierno estatal en turno y por las políticas culturales de la Federación. Los diferentes mecanismos de austeridad gubernamental (la primera Ley de Austeridad emanada por el Ejecutivo fue implementada en el 2016, para el 2018 el Congreso del Estado efectuó una segunda) redujeron la contratación de Prestadores de Servicios Profesionales que se desempeñaban como promotores culturales, museógrafos, restauradores, investigadores y técnicos. La baja de colaboradores alcanzó al personal de confianza, que para finales del 2018 había decaído en un 25% de la nómina inicial del 2015.

Para el 2019, las políticas federales desaparecieron o centralizaron la implementación de los Fondos Mixtos (Públicos Específicos, Estímulos a la Creación y Desarrollo Artístico, Fomento a la Lectura, Juvenil, Infantil, Regional, Tierra Calienta y Desarrollo Cultural Municipal) que ya habían manifestado dificultades para su ejercicio por la falta de aportaciones estatales desde el 2018 (como en el caso de Fomento a la Lectura).

Escuelas, teatros y plazas públicas también extrañaron las muestras Estatal y Regional de Teatro, el Festival de Monólogos, el Programa de Teatro Escolar y el Mes Colimense de las Artes Escénicas, solventados en buena medida con las aportaciones de AIEC.

La Fábrica de Innovación Creativa dependía fundamentalmente del Fondo de Fomento a la Lectura, mientras que el Centro Estatal de las Artes de PECDA y de la participación del Centro Nacional de las Artes a través del Fondo Especial La Parota, por lo que su programación institucional se ha desarrollado de manera irregular.

Aún así, con un menor impacto mediático, otras acciones de gobierno demuestran la pertinencia de la Secretaría de Cultura en la agenda de desarrollo de la entidad.

 

Como Presidente del Conaculta, Rafael Tovar inauguró las actividades de Colima como Capital Americana de la Cultura, en 2014. (Imagen tomada de culturacolima.gob.mx).

 

Por ejemplo, el fomento de proyectos cívico culturales como la oficialización del Himno a Colima, la restitución oficial del Escudo de Colima, los recorridos cívicos a Casa de Gobierno, la homologación en la entidad de las leyes federales de Cultura y Derechos Culturales y la de Archivos, además de las leyes estatales de Convivencia Civil, o el Decreto de la Gastronomía Colimense como Patrimonio Cultural.

También fue relevante la Declaratoria de Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO del Archipiélago de Revillagigedo, la programación de cultura comunitaria en zonas de alta marginalidad, la participación de Colima como estado de honor en la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil 2017, en la Feria Internacional del Libro de Coahuila en el 2018 y en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería en el 2020. En el 2019, Colima fue la última sede de la Muestra Nacional de Teatro en su 40ª emisión.

La presencia del COVID-19 y la reorientación de las políticas federales obligan a un replanteamiento de las políticas culturales en el Estado de Colima, fundamentales para el desarrollo regional tal como lo expresan diversos organismos. Las Naciones Unidas a través de la UNESCO considera a la Cultura como un componente imprescindible para la implementación de los Objetivos del Desarrollo Sostenible, y el Consorcio de Gobiernos Locales Unidos la califica como fundamental para democratizar el desarrollo.

Es probable que la necesaria resignificación del sector cultura en el marco de las nuevas políticas federales y estatales, deba profundizar la atención a las desigualdades culturales de las comunidades, acelerar la promoción del patrimonio cultural desde una perspectiva del fomento económico, o especializar la educación artística como modelo de formación de ciudadanía.

Pero se requiere un esfuerzo mayor para que el sector cultura también participe en la atención pública de los problemas contemporáneos: las desigualdades de género, la crisis medioambiental, la violencia en las estructuras sociales y la revaloración social de los sectores marginados. Al mismo tiempo, explorar un nuevo estatuto público del artista (como acaba de aprobarse en España) que otorgue mejores condiciones jurídico administrativas para la práctica del arte y la cultura.

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