septiembre 29, 2022

Edificio de la Secretaría de Cultura federal en Paseo de la Reforma 175, cuya renta anual es de 54.9 millones de pesos. (Foto: MFR).

Del lago de los cisnes al Black swan

Edificio de la Secretaría de Cultura federal en Paseo de la Reforma 175, cuya renta anual es de 54.9 millones de pesos. (Foto: MFR).
Me disculpo con quienes pensaron que leerían algo sobre el famoso ballet de Tchaikovsky. Nombré así este artículo porque es como veo la planeación del gobierno federal en materia de cultura: como el intento de ofrecernos un cuento mágico en un mundo irreal en el que los actores sociales gravitan subidos en las puntas de sus zapatillas, pero en realidad solo vemos una historia distorsionada.En los últimos días he leído muchas publicaciones sobre el desempeño de la Secretaría de Cultura (SC) federal a un año de haber iniciado el gobierno de la 4T, las cuales podrían ser consideradas por sus funcionarios como “críticas”, cuando deberían ser un cúmulo de observaciones para evaluar y mejorar su labor, porque, distinto a lo que ocurre con nosotros los artistas, no están en el escenario para ser aplaudidos, sino para cumplir a cabalidad su trabajo.

Me remontaré al pasado para hablar del presente.

Sin duda, la creación del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) generó un cambio significativo para nuestro país; fuera de cualquier argumento político, de alguna manera homologó a todos los estados y creó una estructura que marcaba el camino para que los recursos públicos llegaran a las entidades vía las secretarías, y a los municipios por medio de las direcciones de cultura, en beneficio de los creadores y de la comunidad en general.

Un duro golpe sufrieron los estados al ser eliminado el apoyo conocido como “subsidio piso” que entregaba, a través de diversos programas, más de 30 millones de pesos a cada entidad federativa, lo que les permitía invertir en infraestructura, creación artística y fomento a la cultura en muchas de sus manifestaciones.

El gobierno hoy en funciones generó grandes expectativas de que se incrementaría el presupuesto a la cultura y la publicitada transformación llegaría a este sector. Sin embargo, querer obtener resultados distintos a partir de las mismas acciones es prácticamente una pérdida de tiempo. Tenemos la impresión de que en los cinco largos meses del proceso de transición de Andrés Manuel López Obrador no hicieron absolutamente nada, pareciera que todos los esfuerzos se enfocaron en la “gira de agradecimiento” del mandatario. En este primer año de gobierno hemos podido constatar que así fue, ya que seguimos sin entender cuáles son las metas de la secretaría.

Esto último lo confirmó la misma Alejandra Frausto al declarar poco después de iniciada la administración que “un programa de cultura no se puede hacer en dos días”. Efectivamente, secretaria, no se puede hacer en dos días, pero tuvieron la precampaña, la campaña y la transición para hacerlo; partiendo de las experiencias de los sexenios pasados pudieron elaborar un diagnóstico, una planeación y las rutas de acción para lograr la tan mencionada “transformación”.

En el debate Diálogo por la reforma cultural, organizado por el Grecu, participaron los responsables de cultura de cuatro candidatos presidenciales. (Foto: Tomada del Facebook de Eduardo Cruz Vázquez).

Esta declaración de la titular de la SC llama más la atención porque en el debate Diálogo por la reforma cultural, convocado por el Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura (Grecu) el 14 de mayo de 2018, en el que participaron los responsables de cultura de cuatro candidatos presidenciales, la entonces representante de López Obrador aseguró que para el candidato la cultura era “uno de los ejes transformadores de la realidad. Es un proyecto común y por eso estamos trabajando de la mano con las personas que ya fueron nombradas en el gabinete; con las secretarías de Educación, Gobernación, Turismo, Desarrollo Social, Medio Ambiente, Relaciones Exteriores, Economía y Hacienda”. Sí, parecía que íbamos a tener un programa de cultura sexenal IM-PRE-SIO-NAN-TE.

En otro de sus planteamientos en el mismo evento, Frausto dijo algo que debemos subrayar sobre la Ley General de Cultura y Derechos Culturales: “Si se cumpliera como está ya sería suficientemente revolucionario, sería un avance porque daríamos perfecto garante al derecho humano a la cultura“. Recalco, en mayo de 2018 parecía que en materia de cultura ya había un plan perfectamente estructurado; incluso mencionó que podría “ser una Secretaría de las Culturas”, propuesta muy bien recibida por un amplio sector. Nos preguntamos: ¿qué pasó de mayo a diciembre para que se perdieran todos esos planteamientos hechos por la secretaria?

¿Descentralización?

Uno de los temas propuestos por el nuevo gobierno fue la descentralización de las dependencias gubernamentales, cuyo anuncio causó mucha inquietud, debido a que muchos de los que votaron por el entonces candidato desconocían por completo este proyecto. Su planteamiento sonaba lógico: repartir las dependencias en el territorio nacional a fin de generar crecimiento en todas las entidades, lo que parecía ilógico era el proceso. Una de las primeras en “mudarse” —a Tlaxcala— fue la SC, pero hasta el día de hoy no queda claro cómo opera, solo sabemos que muchos trabajadores se ampararon para evitar su traslado, lo que refleja que no hubo un “cabildeo” previo. Un argumento sólido para hacerlo era dejar de rentar el edificio de Reforma 175, por el que pagan 54.9 millones de pesos anuales; sin embargo, varios medios han dado cuenta de la poca actividad que se realiza en la capital tlaxcalteca. A seis meses de iniciada la administración, Milenio informó que la titular del organismo laboró 10 días en Tlaxcala, mientras que en la capital del país lo hizo 104 días. Asimismo, diversos creadores han expresado la afectación de los talleres que ofrecían en el Palacio de la Cultura que ocupa la SC a causa de los cambios realizados.

Tendrían que haber analizado y aprendido de la experiencia de “mudar”, después del terremoto de 1985, el Inegi a Aguascalientes, que llevó años e implicó construir viviendas y escuelas, así como migrar a empleados con sus familias. Entrecomillo mudar porque en realidad la dependencia sigue operando en la Ciudad de México (CDMX); dejo aquí la nota que habla extensamente del tema. Sería pertinente que el gobierno federal replanteara esta iniciativa antes de continuar con la “descentralización” masiva que solo traerá desestabilización al país.

Paradójicamente, se habla de descentralizar cuando todo sigue concentrado en la CDMX: esfuerzos, recursos, actividades. Alguien me comentó en las redes sociales que el evento Tengo un sueño se realizó en el Auditorio Nacional porque en los estados “no había público” suficiente. En ese sentido, por primera vez se llevó a cabo en el estado de Colima la 40 Muestra Nacional de Teatro; es decir, porque alguien creyó que en esta entidad no había “suficiente audiencia” no se había realizado antes en el estado. Sin embargo, a las 52 funciones asistió un total de 9 mil 400 espectadores. Parece poco, pero Colima tiene alrededor de 750 mil habitantes, no en la capital sino en toda la entidad.

¿Educar en el arte o con el arte?

Muy cuestionado ha sido el proyecto de Semilleros creativos, debido a que maestros del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) han expresado que no cuenta con una estructura en su funcionamiento, así como que viola el artículo 3 de la misma institución. Parte del programa de Cultura Comunitaria, que cuenta con un presupuesto de 400 millones de pesos, entre los meses de junio y septiembre atendió a 9,200 personas a nivel nacional.

Con el citado evento Tengo un sueño culminó una parte de este programa, que bien pudo haber sido el acto de fin de curso de cualquier casa de la cultura de cualquier colonia o municipio del país. Hubo una extraña combinación de niños, niñas y jóvenes, algunos tenían cierta experiencia y otros posiblemente se presentaban por primera vez en un escenario, con artistas consagrados como Horacio Franco o un grupo músico vocal profesional. West Side Story, ¿en serio?

La formación artística profesional requiere años de preparación, así como una gran dedicación y disciplina. Nuestro sistema educativo ya cuenta con una estructura en este sentido; de gran importancia es el trabajo desarrollado en los Centros de Educación Artística del INBAL en el país y los bachilleratos en artes que ofrecen algunas universidades, los cuales fungen como un filtro para quienes quieren ingresar a las escuelas profesionales de la nación. Aun así, basta ver lo saturadas que están las convocatorias para estas escuelas.

No necesitamos que ilusionen a jóvenes con presentarse en el Auditorio Nacional sino que se incluya la educación artística integral en las escuelas públicas y privadas del país, no como una materia opcional o en la que los padres tengan que hacer un pago extra para obtenerla. Además de la infinidad de beneficios que ofrece, generaría miles de empleos para los profesionales, lo cual es una verdadera necesidad en este país.

En el Grecu hemos insistido en la importancia de buscar nuevos mecanismos que favorezcan no solamente al sector cultural, sino a nuestra sociedad en los aspectos sociales, económicos y, por ende, culturales. Sin embargo, esta realidad no es tomada en cuenta por el gobierno federal.

Venta del libro Hacia una economía moral, de López Obrador, en el Zócalo capitalino. (Foto: Twitter de @Yesenia_MerazAl, en el que cuestiona si la persona tendría permiso para vender los ejemplares en la vía pública, si ofrecería factura o pagaría impuestos).

Es de observar que el libro de López Obrador, Hacia una economía moral, independientemente de que su contenido sea bueno o malo, fue publicado por la editorial Planeta, con un tiraje de 40,000 ejemplares y un costo en el mercado de 200 pesos. Buen ejercicio hubiese sido que el presidente pasara por el escrutinio del consejo editorial del Fondo de Cultura Económica; que hubiese presentado un proyecto para acceder a un apoyo del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico, o bien que su obra se hubiera vendido en 20 pesos. Su distribución abarca muchas librerías y sitios de venta por internet; por cierto, en Liverpool lo ofertan en 198 pesos. Asimismo, fue vendido en la explanada del Zócalo capitalino el pasado primero de diciembre. El creador lo que necesita son puntos de exhibición de su obra para poderla comercializar, bienvenido presidente a la realidad de los artistas.

A un año y medio de la presentación del libro ¡Es la reforma cultural, Presidente! y del debate convocado por el Grecu —del cual aquí dejo su liga— es pertinente y necesario examinar su contenido para replantear el programa del gobierno federal; incluso que la misma secretaria Frausto revise sus brillantes propuestas y tome las de otros participantes, como la expresada por la expresidenta del Conaculta Consuelo Sáizar de incrementar el presupuesto como mínimo al 1 por ciento del PIB. Ya es hora de que pongan los pies en la tierra, el tiempo vuela y la transformación puede acabar siendo un trastorno.

La obra Conversaciones con Satie, de la compañía Proyecto Finisterra dirigida por Isabel Romero, es una de las afectadas por la falta de pagos de la Secretaría de Cultura de la CDMX. (Foto: Cortesía de Isabel Romero Romo).

Indignante

Citaré una frase más de Frausto en el diálogo organizado por el Grecu: “Respeto absoluto a los derechos laborales de los trabajadores de cultura. Son ellos los que tienen la experiencia, quienes tienen años en una institución y tendrán el respeto absoluto en nuestras propuestas”. A un año, ¿qué ha pasado en este tema? Comparto este magnífico artículo de mi querida colega Grecu Adriana Malvido titulado Precariedad vs. dignidad  sobre la falta de pagos a los empleados del gobierno.

Este grave problema no afecta nada más a los trabajadores, sino también a los creadores. Pueden consultar aquí la carta firmada por un grupo numeroso de artistas escénicos de la CDMX que fue enviada a la jefa de gobierno Claudia Sheinbaum y al secretario de cultura José Alfonso Suárez del Real para exigir el pago atrasado de funciones. Es importante mencionar que esto no solo pasa en la actual administración, es común que ocurra en todos los estados y en todos los tiempos, algunas veces por el eterno trámite burocrático por el que pasan los recursos, otras por la mala planeación de los programas culturales.

Sobre este tema, Suárez del Real justificó que “la secretaría no estaba preparada para su crecimiento” y que los pagos serán cubiertos antes del 20 de este mes. Secretario, su función era primero sentar las bases antes de llevar a cabo una gran programación. Esperamos que ahora cumplan su palabra y ojalá que otras secretarías pongan sus barbas a remojar.

Aplausos a la organización de muchos colectivos y artistas escénicos para exigir sus derechos, lo que no implica nada más la falta de pagos, sino de contratos que muchas veces son firmados después de realizadas las actividades y en los que generalmente el artista está sometido a sanciones por incumplimiento, pero la autoridad no, como en este caso, en el que la secretaría debería pagar una penalización por los adeudos.

Hasta el próximo vuelo del ticús.

mfruvalcaba@gmail.com

12 de diciembre de 2019.

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