“El periodismo crítico es un buen negocio”: Ciro Gómez Leyva

Los libros son cajas de resonancia por largo tiempo.

 

Así fue: corrían los primeros meses de 2008, cuando mi querido amigo Braulio Peralta, entonces editor de Planeta México, me propuso hacer un libro para sumar empeños a la conmemoración de los 50 años del Movimiento Estudiantil de 1968.

Nuestro propósito fue lograr que figuras del periodismo conversaran sus pareceres sobre lo ocurrido. Se enlistaron dos grupos: quienes habían estado en la cobertura noticiosa de esos meses, más allá de criterios de edad, y por otro aquellos que, por su desarrollo profesional, estarían en condiciones de ofrecer una valoración.

Era el 68 y también el recorrido de los medios de comunicación en esos largos años. Oportunidad doble. Nos estimulaban montones de sucesos: las consecuencias de la modernización salinista, la caída del Muro de Berlín, la alternancia política en el Congreso como en el entonces Distrito Federal y luego en la Presidencia de la República. Teníamos cerca aún el conflicto electoral de 2006.

Algunas figuras rechazaron la invitación a dialogar para la confección del libro. Fueron precavidos o desinteresados. Finalmente logramos un conjunto de voces enmarcadas con el título 1968-2008. Los silencios de la democracia.

De los doce, uno aprobó hablar a través de un perfil que elaboré, Jacobo Zabludosvky. Los otros once fueron Sara Lovera, Nidia Marín, Eduardo del Río “Rius”, Manuel Mejido, Guillermo Ortega Ruiz, Javier Solórzano, Rafael Barajas #El Fisgón”, Carlos Marín, Raúl Trajo Delabre y Ciro Gómez Leyva.

Recuerdo la tarde que acudí a las instalaciones de Milenio a entrevistar a Ciro Gómez Leyva, entonces subdirector del diario. Al tanto de sus empeños, nunca había dialogado con él. La conversación fue franca, reveladora, letal, abierta, sin inconvenientes.

Al cerrar el año 2022 y a unos días del atentado que sufrió Gómez Leyva, traigo a este espacio algunos pasajes de la larga entrevista que, con el título “El periodismo crítico es un buen negocio” cierra las páginas de 1968-2008. Los silencios de la democracia. Sus dichos pintan variedad de escenarios y en ellos, su relación de entonces con el lopezobradorismo.

Vale agregar que el libro agotó su única edición de 2 mil ejemplares. Nota curiosa: se vende algún ejemplar en Mercado libre.

 

La onda expansiva del atentado del jueves 15 de diciembre va para largo. (Imagen tomada de reporteindigo.com).

 

Los fragmentos de la entrevista

“Todo esto quizá hoy no les diga mucho a mis hijos. Entre otras cosas porque no soy de los que comparan Tlatelolco con el desembarco en Normandía o el sitio de Stalingrado. A lo mejor el tiempo se los dirá. Pero dudo que yo sea la mayor influencia: no soy nacionalista ni institucional; no defiendo a ultranza la Constitución, la soberanía o a la UNAM: creo que este país, como todos, está lleno de grandes personas como de hijos de la chingada”.

“Veo una gran diferencia entre el periodismo servil, temeroso, de los sesenta y el negocio de las empresas periodísticas que, aún tibias, comienzan a florecer a finales de los ochenta. A partir de los noventa, gracias en gran medida a la liberalización de la economía y a la competencia, el periodismo crítico se vuelve tan buen negocio como el periodismo sumiso. Y pronto se vuelve más rentable. La pauta publicitaria (pública o privada) supera con creces a los embutes que todavía daban los jefes de prensa (públicos o privados)”.

“Todos los medios tienen sus zonas oscuras. Una está marcada por los intereses de la propia empresa, tal como lo vimos con claridad en la discusión de los últimos dos años de la reforma a la Ley de Radio y Televisión. Incluso Milenio fue prudente en extremo, y no porque el gobierno nos hubiera dicho cállense. Se cuidó, quizá en exceso, el manejo de la información, porque la empresa lo es también de radio y televisión, genera muchos empleos en esos nichos y se sentía amenazada por la nueva ley”.

“Una segunda zona oscura, compartida por todos los medios de comunicación en México y supongo que, del mundo, tiene que ver con los afectos. Cualquier empresa tiene amigos en la política, en la economía, en la sociedad, en los deportes. En todos lados hay conocidos o buenos cuates a los que ‘no se les toca’. El medio que no tenga amigos, que tire la primera piedra”.

“Otra zona oscura tiene que ver con el temor. Los editores toman la decisión de ser especialmente críticos con ciertos movimientos y personajes que pueden desatar reacciones furiosas e incluso violentas para el medio. El diario estuvo en contra del desafuero de Andrés Manuel López Obrador. Fue generoso informativamente con su movilización. Pero también fue muy crítico con la protesta poselectoral. Nos topamos entonces con un movimiento supuestamente de izquierda, que en realidad era autoritario y violento, y al que no le agradaba nuestra postura, y, sobre todo, al que no le gustaba que hablaran mal de él. Y por ello nos descalificó y nos insultó. Ante eso, más de un medio se suele achicar, abanicar. Nosotros seguimos, porque la vida sigue. ¡Y porque un diario que critica con cuidado, con respeto, libra estos momentos!”.

“Agregaría un cuarto elemento a este abanico de oscuridades: los intereses comerciales. En la economía de una empresa de comunicación, el mercado de la publicidad está dominado por diez, doce o quince marcas. Es muy difícil enfrentarlas, llámese como se llame el periódico, el periodista, el canal de televisión, la frecuencia radiofónica, el portal de Internet. Ojalá algún día tengamos una economía con seiscientos, setecientos o dos mil anunciantes que inviertan en los medios. Entonces se superará esa zona oscura. (…) Dentro de esas zonas oscuras ya no caben los telefonazos de la oficina de Comunicación de Los Pinos o de la Secretaría de Gobernación”.

“Pregunto: ¿qué es lo que hace López Obrador? ¿Quién incita a la gente a actuar contra los periodistas? ¿Él o el Cisen? Nunca he recibido una agresión por parte de un cuerpo de seguridad del Estado, aunque sí del lopezobradorismo. Pero el buen sentido indicaría que me debo quedar con los brazos cruzados ante los insultos y agresiones de López Obrador. Pues sí. Soy periodista y, pese a los insultos, mi obligación es informar con la mayor distancia posible y con honestidad intelectual y frialdad, incluso sobre quienes me agreden. Mi pregunta es: y eso ¿quién lo estudia? ¿Quién está más cerca de Gustavo Díaz Ordaz? ¿Quién de la virulencia? En ataques a la prensa, hoy lo está López Obrador. Creo que es hora de revisar las categorías de análisis”.

“Soy de esos periodistas que procuran mantener una cierta distancia con el poder. A los actores de mis historias y análisis prefiero seguirlos viendo de lejos. No soy de los que acostumbran a tomar cafés con ellos para medio volverse cuate. Creo que un buen periodista debe saber cómo y cuándo acercarse a sus fuentes y, sobre todo, cómo y cuándo mantener distancia. El ejercicio informativo que se enamora de un personaje o grupo así sea por las mejores causas, termina haciendo propaganda. Creo más en el periodista frío, en el que mantiene la distancia y describe y trata de comprender a los personajes y situaciones”.

“Cuando callo es porque tengo dudas periodísticas. Entonces reporteo para poder decir las cosas al siguiente día”.

Hace poco más de 16 años tuvo lugar el plantón de AMLO en la avenida Reforma de la Ciudad de México, como parte del conflicto poselectoral. (Imagen tomada de elfinanciero.com.mx).

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