El Poder Legislativo y la cultura:
lo que han hecho

Mientras que en la Legislatura 2012-2018 la presidencia de las comisiones de Cultura en la Cámara de Diputados y en la Cámara de Senadores, estuvieron en manos del PAN y el PRI, en la actual se encuentran bajo el mando de MORENA, con Sergio Mayer en San Lázaro y hasta mayo de este 2020 Susana Harp en el senado, donde se espera a quien habrá de sustituirle. (Imagen: Paso Libre).

Las verdaderas transformaciones sociales surgen a partir de grandes reformas legislativas. La trascendencia histórica de un movimiento político se mide a partir del beneficio que logra para ésta y las siguientes generaciones. Hemos de suponer, espero no haya equivocación, que esa es la motivación principal del Presidente de la República, y de su partido, Movimiento de Regeneración Nacional, grupo mayoritario en ambas cámaras del Congreso de la Unión.

Durante la LXIV Legislatura nuestra Constitución Política ha sufrido importantes modificaciones, es el caso también de las leyes secundarias, con lo que se busca apuntalar lo que se ha denominado como la Cuarta Transformación.

Pero, legislar a modo, bajo la concepción de quien en ese momento detenta el poder político, ¿es válido? En un sistema democrático constitucional como el que se ha ido construyendo en México, la respuesta es sí. Se entiende que al obtener la mayoría de votos, el partido que asume el gobierno está obligado a realizar los cambios que prometió y que considera también que la sociedad requiere.

Sin embargo, resulta inevitable preguntarse si las reformas legislativas que se han aprobado hasta el momento, benefician a una buena parte de la colectividad, o están diseñadas con una visión personalísima, por más positiva que se crea que es. Y es que, estamos hablando de reformas que se concretizan después de una larga lucha social, inclaudicable, en la que se espera alcanzar los mayores consensos para determinar el rumbo correcto de la nación.

Basados en esta lógica, resulta interesante conocer qué es lo que está sucediendo en el poder legislativo, en materia cultural, toda vez que ésta siempre ha sido estandarte de la izquierda. La cultura ha sido pensada como eje articulador del desarrollo de un país, máxime el nuestro, por sus grandes manifestaciones artísticas y culturales.

Por ser el inicio de un sexenio con Secretaría de Cultura, su actual titular, Alejandra Frausto compareció por primera vez el 21 de agosto de 2019, ante la Comisión presidida por Sergio Mayer. Tuvo otra comparecencia con motivo del Primer Informe de Gobierno en octubre, así como una reunión de trabajo con la Comisión de Cultura del Senado el mismo mes. (Foto: anapaulaordorica.com)

Corte de caja

Pero primero lo primero, ¿cuánto presupuesto público se ha dispuesto a la cultura en México? En 2018, durante la administración de Enrique Peña Nieto, se destinaron 12 mil 916 millones de pesos. Ya, en la era de la 4T, el monto asignado para 2019 fue de 12 mil 894 millones de pesos. En el presente ejercicio fiscal es de 13 mil 517 millones, que con respecto de los 6.1 billones de pesos que consiste todo el presupuesto federal, resulta muy poco. Importante destacar, que en la manera en que un país dispone su presupuesto, es el carácter prioritario que le asigna a sus políticas públicas.

Pero regresando al tema legislativo, en la Cámara de Diputados, según consigna la Comisión de Cultura y Cinematografía, a esta se le han turnado para dictamen, como comisión única, 44 iniciativas, de las que se han aprobado 2; han sido desechadas seis, retiradas 9, y están pendientes 27. (DESCARGA AQUÍ LA RELACIÓN COMPLETA DE LAS INICIATIVAS PRESENTADAS EN LAS COMISIONES DE CULTURA DE LA LXIV LEGISLATURA DEL CONGRESO).

De las dos aprobadas, una tiene como propósito que en el Comité Técnico del FIDECINE estén representados todos los trabajadores cinematográficos y la otra, que en la Reunión Nacional de Cultura, participen integrantes de la Comisión de Cultura y Cinematografía.

En iniciativas turnadas a esta Comisión junto con otras (que en el argot se denomina Comisiones Unidas), han sido remitidas para su estudio, análisis y aprobación, ocho iniciativas, de las cuales una fue retirada y siete están pendientes todavía.

El Pleno de la Cámara también aprobó una minuta del Senado de la República, la consiste en reformar la Ley Federal del Derecho de Autor, en materia de protección contra la explotación las obras colectivas y derivadas de las culturas populares o de las expresiones de las culturas tradicionales que no cuenten con la autorización por escrito de los pueblos o comunidades.

Mención aparte, es la modificación aprobada a la Ley Federal de Derecho de Autor, inserta dentro del paquete de reformas de T-MEC, en materia de medidas tecnológicas de protección al derecho de autor.

En diciembre de 2018, integrantes de la comunidad cultural llevaron a cabo diversas protestas a las afueras de San Lázaro, con motivo de la integración del presupuesto de la Secretaría de Cultura para 2019. (Foto: informador.mx)

En la otra esquina

En tanto, en el Senado de la República, a la Comisión de Cultura han sido remitidas 15 iniciativas, de las cuales se han aprobado dos, la minuta mencionada líneas arriba y, la relativa al Proyecto de decreto por el que se expide la Ley de Salvaguardia de los Conocimientos, Cultura e Identidad de los Pueblos y Comunidades Indígenas y Afromexicanos, que fue turnada a la Comisión de Pueblos Indígenas de la cámara baja.

No obstante, y sin menospreciar el beneficio que traerán estas reformas a grupos específicos, no son suficientes para el sector, y de lo que se espera en estos momentos para consolidar a la cultura como cimiento de la transformación. En pocas palabras, la cultura no ha sido vista como la aliada que se suponía debería de ser; es más, para algunos se le ha hasta menospreciado.

Recordemos que en la legislatura anterior, se concretó una demanda histórica de la comunidad cultural: considerar como un derecho constitucional a la cultura, además de la creación de la Ley General de Cultura y Derechos Culturales, lo que dio origen a la conversión del Conaculta a Secretaría de Cultura. Esa es la vara que esta administración debe librar, nada menos. Y es que, de no ser bajo esa visión, poca será la aportación en reformas legislativas a la cultura.

Para ello se deberá avanzar en una ruta crítica que acuerden el Legislativo y el Ejecutivo, bajo una agendas común de ambos poderes de la Unión. De no ser así, lo único que provocarían es perderse en la inmediatez y la oportunidad. Deben ser prioridad los acuerdos y consensos entre quienes manejan la cultura en el ámbito legislativo y en el federal, máxime si ambos pertenecen al mismo partido en el poder. Sumar, le llaman.

A pesar de los esfuerzos que se han hecho desde ambos lados, en terrenos como los derechos de autor, la propiedad intelectual, el fomento a la lectura y la tasa cero, la salvaguarda del patrimonio cultural, el impulso a las industrias creativas y la permanencia de los apoyos a creadores y artistas, destaca el trabajo que se está haciendo para crear una nueva Ley Federal de Cinematografía.

Desde el año pasado, distintos sectores como el gubernamental, legislativo, social y privado, han llevado a cabo reuniones encaminadas a encontrar los acuerdos necesarios que impulsen a la industria cinematográfica nacional, que se traduzca en impactos económicos positivos. Lograr su aprobación sería una señal clara de que se pone a la cultura en la ruta correcta de la transformación.

Parafraseando a un sector de la comunidad cultural que se apostó a las afueras del recinto legislativo de San Lázaro, cuando se discutía el presupuesto en la materia: Sin cultura no hay nación, ni cuarta transformación”.

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