Impagos; la caja de pandora (y II)

 

Así fue la convocatoria del Frente Amplio de Trabajadorxs de Arte y Cultura en México. Sin duda, cuándo imaginamos reuniones de esta naturaleza por vía virtual. Un gran avance que traerá consecuencias positivas para la organización gremial. (Tomado de la página oficial del movimiento No Vivimos del Aplauso).

Los recortes presupuestales y el desmantelamiento de distintos beneficios sociales, fueron una constante por años. Todo ello generó un catastrófico caldo de cultivo que, tarde o temprano, tendría que estallar. Lo anterior no sólo ocurrió en nuestro país; el sistema capitalista que vivimos desde el siglo pasado ha propiciado el adelgazamiento del estado y en algunos países como el nuestro, un sendero amplio de corrupción y malas prácticas gubernamentales.

Si bien enfrentamos la pandemia del Covid-19 como un reto de proporciones impensables, también es cierto que el colapso de varios sistemas se venía anunciando. En 2019 se enumeraban decenas de conflictos a raíz de levantamientos sociales en distintos países. Casos como el de México, Chile, Bolivia, Brasil y Hong Kong, destacaron dentro de un coro que denunciaba que la calidad de vida de millones de habitantes en el planeta, no detenía su estrepitosa picada. Es en hecho que la convivencia entre democracia y capitalismo no ha sido tersa. Antes al contrario llena de contradicciones y complicadas paradojas.

Puestos en jaque por el Covid-19 ciudadanos, sectores de toda naturaleza y países enteros, en el caso particular del sector cultural de México, ha sido más que escalofriante mirar el deterioro de numerosos componentes que le dan sentido: la relación laboral, la interlocución con los responsables de las dependencias, el nulo respeto y trato digno a la labor del sector, la inexistente seguridad social, el escaso presupuesto, etc. A lo anterior se suma el cierre de teatros, espacios independientes y la imposibilidad de llevar a cabo la interacción humana, uno de los insumos principales del artista.

El MNVA convocó recientemente a enviar historias de vida para visibilizar la precariedad del sector. Otra buena iniciativa de la que esperamos redunde en la conquista de mejores condiciones laborales para los trabajadores de la cultura. (Tomada del grupo de Facebook La Secretaria de Cultura me debe).

El tuerto es Rey

La Secretaria de Cultura federal insiste en invisibilizar un problema que va más allá de llevar un placebo a los hogares, como lo es el programa “Contigo a la distancia”. Es una percepción generalizada de muchos de quienes laboran en la cultura, que la dependencia responsable de ser el vínculo entre el sector cultural y los públicos, lleva a cabo en realidad una suerte de secuestro de lo comunitario. Me refiero al hecho de nombrar la nomenclatura en sus acciones, pero no visible en lo concreto, en las acciones coordinadas con quienes dan sentido a las distintas actividades del sector. Tal situación ha provocado la movilización de la comunidad como nunca se había visto. Entre las muchas consecuencias de estos procesos, se avanza en la construcción de un frente amplio colectivo, que habrá de sumar las distintas demandas que la presente administración ha sido incapaz de resolver de manera satisfactoria.

Ante un sector precarizado y de cara a otra pandemia llamada desempleo, la respuesta reiterada de las autoridades ha sido la de señalar como disidentes de la Cuarta Transformación a quienes participan de las diferentes expresiones de descontento. La difícil coyuntura por la que atravesamos, impone que sea una nueva postura política la que lleve las riendas del país. Sin embargo, ante la ausencia de una conducta adecuada, la relación con el sector cultural ha resultado caótica, pues los señalamientos en contra de los movimientos de los artistas, sumados a la falta de empatía y por lo tanto de respeto a una comunidad -siempre solidaria, creativa y resiliente- ha restado puntos al ya muy difícil camino que se venía construyendo. Aún en tiempos de pandemia, que no es falta de solidaridad, sino un tema de franca sobrevivencia, los diversos trabajadores del arte y la cultura, no frenan sus demandas en torno a la reforma legal, hacendaria, social y de fomento que requiere su labor.

Este mes ha sido un verdadero partido: toma y daca de señalamientos, de acciones, de respuestas afortunadas, unas, y otras tantas sin tino, en torno estas emergencias agravadas por la crisis sanitaria. Sin embargo, este no debería ser un juego de contrarios. De hecho, debe ser un partido en el que no haya perdedores, sino que cada pieza tome nuevos lugares, en una verdadera estrategia en favor de todo lo que implica la producción cultural, de sus múltiples beneficios a favor de la sociedad.

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