Inequidad de género; lo que me pregunto día a día

Que no te callen (2009), graffiti del madrileño Alonso Murillo (Imagen tomada de palabrademujer.files.wordpress.com).

Un problema que aparece ya en libros como el Antiguo Testamento ha explotado, finalmente, en los siglos XIX y XX, para hacerse más presente en el XXI, con enormes y muy sugerentes movimientos feministas en diversas partes del mundo, y que ya se dejan escuchar cada día con más fuerza, en todas las lenguas.

Sin embargo, el problema es tan añejo, tan profundo, que en un mismo periódico, y a veces hasta en la misma página, leemos algo sobre la lucha cotidiana de esas mujeres valerosas, poniendo en evidencia sus propias experiencias que sucedieron años atrás, cuando no se podía hablar de ello ni a sus propios padres y, mucho menos, hacer algún intento de acusación, porque de inmediato la víctima se convertía en victimaria después de ser vejada física y emocionalmente una vez más -ahora por los policías y los jueces-, y páginas abajo o siguientes, nos enteramos de algún -o algunos- feminicidios sucedidos el día anterior, o la desaparición de niñas o de jóvenes mujeres, o la venta de niñas en algún poblado, o una violación, o los lamentables problemas que día a día, año tras año, sufren las mujeres en los países islámicos -y en los países donde se han asentado-, también desde tiempos remotos, pues las leyes al respecto aparecen en el Corán avalando todo lo que sucede, todo lo que le es prohibido a una mujer, desde su niñez. Y me refiero a cualquier periódico o noticiero en el país que sea.

Lo que pretendo hacer notar es precisamente la gran divergencia, los extremos lamentables que existen entre lo que se está haciendo en términos de movimientos feministas, en términos de manifestaciones, discusiones en diversos parlamentos para intentar modificar leyes y demás esfuerzos muy necesarios, y la tremenda realidad que se vive cotidianamente entre personas a quienes no interesan las leyes que les son “ajenas”, a quienes cierran sus ojos y su corazón a lo que viven día a día pues están acostumbrados a ello, desde su más tierna infancia.

¿Qué se ha hecho mal o no suficiente? ¿Por qué cada día hay más actitudes positivas, más lucha en las calles, en literatura, en películas, en obras de teatro, en las artes visuales y, al mismo tiempo tenemos noticias tan aberrantes sobre estos temas, como por ejemplo, once feminicidios diariamente en nuestro país? Me lo pregunto día a día. No tengo la respuesta lamentablemente. Pero hay que hacerlo notar, hay que decirlo. Habría que ver más a profundidad y reconocer dónde se encuentran los problemas principales que, a mi parecer, se remiten a una sola palabra pero de tanto peso como es la educación. La educación en escuelas desde la temprana edad. Es obvio que los pequeños ven, escuchan y sufren estas situaciones cotidianas en sus casas, en su entorno: crecen con ello, día a día, y cuando nos damos cuenta, esos jóvenes continuarán con las tradiciones nefastas de no tener respeto a la mujer y proceden naturalmente con las innumerables vejaciones desde sus primeras relaciones con mujeres, que en muchas ocasiones son niñas entrando a la pubertad.

Por eso considero que la escuela -la educación- es o sería el medio idóneo, con el fin de ir sembrando la duda desde las etapas más tempranas, sobre las actitudes que viven y que los niños observan con  frecuencia en su casa o su entorno cercano, situaciones de golpes, gritos, vejaciones, desatención cotidiana a las mujeres que están cerca de esos niños y niñas.

Es muy poco tiempo con el que contamos para explayarnos en esta intervención, por lo que termino diciendo que la valerosa lucha que se ha emprendido, eventualmente tendría que modificar o ampliar su modus operandi en numerosos niveles a la vez, para que los discursos, las acciones que llevan a cabo los colectivos, las numerosas voces, puedan incidir con más acciones exigiendo la presencia de sus postulados desde los primeros años escolares hasta los parlamentos, pasando por todos los estratos sociales, con planes educativos, con nuevas estrategias de convencimiento. Sí, también, y sobre todo y de manera  contundente, lograr empoderar a las niñas y a los niños, las jóvenes, las mujeres en general, a no tener miedo, educándolas a enterarse que el mundo debe ser otro para ellas.

 


 

Texto elaborado por la maestra Miriam Kaiser para el ciclo “La UAM, Casa de la mujer en la cultura”, de la Coordinación General de Difusión de la UAM y difundido a partir del lunes 29 de marzo de 2021 a través del canal de YouTube.

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