La discreta inflación cultural

El dinero corre a caudales en el sector cultural durante el trimestre de septiembre a noviembre de cada año por la aglomeración de bienes y servicios. (Imagen tomada de zacatecas.globalmedia.mx).

 

Se trata de un fenómeno semejante al periodo de las fiestas de Navidad y Año Nuevo, temporada en que la economía se distorsiona por lo atípico de la oferta y la demanda de todos los bienes y servicios. En el lapso que va de septiembre a noviembre, el sector cultural vive el mayor repunte de activos y capital en circulación.

La fiebre del consumo cultural intensifica la liquidez tanto como el endeudamiento a corto plazo a través del crédito y compromete, incluso, los ingresos a mediano plazo en las personas. Este acontecimiento inflacionario en la economía cultural puede alegrar por los flujos financieros, pero no necesariamente se traduce en sostenibilidad para los ofertantes.

Los bienes y servicios culturales experimentan dinámicas de precios que impactan tanto el bolsillo de las familias como la viabilidad de las empresas culturales y de la diversidad de trabajadores que ocupan. A través del Índice de Precios Implícitos (IPIs) de la Cuenta Satélite de la Cultura (CSC, Inegi, Año Base 2018), es posible saber de la inflación cultural y entender su evolución.

Los IPIs es un indicador económico que mide la variación promedio de los precios de todos los bienes y servicios producidos en un sector o en toda la economía a lo largo del tiempo. Por ello es diferente al Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC).

Tras superar los efectos de la pandemia de 2020, en el 2022 el sector cultural registró un pico inflacionario promedio del 6.04% anual. Este incremento fue impulsado por la fuerte reactivación de eventos presenciales y el encarecimiento de insumos de importación. Durante 2023, la inflación cultural experimentó una marcada desaceleración al situarse en un 1.72%. No obstante, para 2024, las cifras preliminares del Inegi señalan un repunte moderado en el crecimiento general de los precios del sector, alcanzando una tasa del 4.03%.

El comportamiento de la inflación dentro del sector cultural lejos de ser homogéneo, revela dinámicas asimétricas,a la luz de las diez áreas en que se compone. Los ámbitos con alta presión sobre sus precios en 2024 se dejaron sentir en las Artes escénicas y espectáculos encabezando los incrementos con una inflación de 8.46%, tras haber alcanzado un 9.77% en 2023. El alquiler de foros, la producción logística y el talento en vivo mantienen una constante presión al alza.

Fuente, Cuenta Satélite de la Cultura, Inegi, Año Base 2018. Elaboración propia.

 

 

Luego tenemos el caso de las Artes visuales y plásticas, que presentaron un crecimiento del 6.60% en el mismo 2024, superando el 5.77% reportado en 2023. Seguimos con los Medios audiovisuales que cifraron un fuerte rebote al pasar de una deflación de -1.07% en 2023 a un incremento de 6.60% en el año siguiente.

Por lo que respecta al Patrimonio cultural y natural, mantuvo tasas elevadas del 6.50% en 2024, reflejando mayores costos operacionales en museos y espacios de conservación. Por su lado, Contenidos digitales e internet, la inflación en 2024 fue de apenas 1.59%, tras dos años de deflación.

El fenómeno de ajuste a la baja (deflación) en el mismo 2024, se dejó sentir en la Música y conciertos. Tras experimentar un disparo en sus costos del 13.76% en 2022 por la alta demanda acumulada, la industria musical registró tasas de -0.29% en 2023 y -3.46% en 2024.

En lo que toca a Libros, impresiones y prensa, se mostró una ligera caída de -0.82% en 2024, amortiguada por la estabilización en los costos del papel e insumos de imprenta tras las alzas de 2022 (5.21%).

En una de las actividades preponderantes de la economía del sector cultural, las Artesanías, aunque en 2022 registraron una inflación extraordinaria del 18.30%, para 2024 moderaron su crecimiento de precios a un 4.54%.

Tienen razón: monitorear el Índice de Precios Implícitos del sector cultural no es solo un ejercicio técnico de la contabilidad nacional; es una herramienta imprescindible para comprender el acceso de la ciudadanía a los bienes y servicios culturales, cualquiera que sea su naturaleza.

Cierto también: la inflación de éstos, cuando son operados por los gobiernos y las universidades públicas, ya sea a nivel federal, estatal y municipal, los ajustes en los precios derivados de los incrementos de los insumos son generalmente absorbidos vía el subsidio aunque se genere la precarización de la oferta.

En lo que refiere al mercado cultural, que es el que más aporta al PIB de la cultura cada año, es distinto, aunque en ciertos casos puedan darse subsidios cruzados debido a los estímulos fiscales. Como en los otros campos de la economía, las empresas culturales (en ellas las del entretenimiento, recreación y esparcimiento) simplemente incrementan sus precios, es decir, trasladan las variaciones al consumidor.

En suma, el fenómeno de la inflación estacional se impone durante el trimestre septiembre-noviembre, el periodo de mayor densidad en la agenda cultural de México. Entre festejos patrios, festivales como el Cervantino, la temporada de Día de Muertos y las grandes ferias del libro, la oferta se despliega en miles de actividades, con una gama de precios a veces insólita.

Seguir de cerca la inflación cultural ayuda a entender la productividad del sector.

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