Presentación del Programa de Cultura Comunitaria el 25 de febrero de 2019. (Foto: Cortesía de la Secretaría de Cultura).

La polémica acerca del Programa Sectorial de Cultura

Presentación del Programa de Cultura Comunitaria el 25 de febrero de 2019. (Foto: Cortesía de la Secretaría de Cultura).

Dentro de las polémicas que ha desatado el actual gobierno de AMLO tenemos la referida al Plan Nacional de Desarrollo (PND) y los subsecuentes programas sectoriales que marca la ley. Me parece que no se entiende cabalmente la situación sectorial de la cultura, ni de ningún otro ámbito, si no se tiene en cuenta el planteamiento básico que está promoviendo este gobierno a nivel de la política gubernamental en general. Es por eso que me atrevo a establecer, de manera muy simplificada, algunas líneas generales sobre este tópico.

Sostengo que la política económica y social implementada hasta ahora por el gobierno de AMLO, y por tanto el PND respectivo, tiene como fundamento central el de un proyecto de estado social-benefactor. Esto es, a la vieja usanza de la concepción del estado social-benefactor como aquel que se compromete con proveer servicios que garanticen los derechos sociales de la totalidad de la población.A lo largo de la historia, el estado benefactor ha tenido que cumplir con tres funciones cardinales:

  1. Proteger a los trabajadores en la relación que se establece entre los llamados factores de la producción: las empresas privadas y sus trabajadores. Esto es, debe evitar que el poder y la capacidad de acción de la iniciativa privada y su interés por el lucro lleve a que los amplios grupos de trabajadores y asalariados caigan en condiciones de explotación paupérrimas.
  2. Equilibrar la distribución de los bienes y servicios que la sociedad genera para reducir en lo posible la desigualdad que se produce de manera natural por la inversión y producción capitalistas, en que unos, los empresarios, tienen un gran cúmulo de ganancias, y otros, los trabajadores, pueden llegar a recibir ingresos muy bajos, además de la gran masa de desempleados y subempleados que se genera. Esto se lleva a cabo a través de una recaudación fiscal que busca cobrar proporcionalmente más impuestos a los ricos y redistribuirlos a través de servicios y de ayuda directa a los más pobres.
  3. Promover directamente el desarrollo económico y social del país. No busca eliminar a la iniciativa privada o a otros agentes sociales, pero sí busca ser el orquestador principal, y en momentos de crisis o situaciones difíciles es prácticamente el único motor de desarrollo.

Baste un ejemplo para cada punto que ilustra al actual gobierno. En el primero, la pugna con algunas empresas mineras depredadoras tanto nacionales como trasnacionales; en el segundo, la eliminación de la exención de cobro de impuestos a los empresarios y el llevar a cabo programas de desarrollo social; en el tercero, usar a Pemex como herramienta de desarrollo.

El estado social-benefactor proviene de la tradición europea que en muchos países del mundo se conoce actualmente como la ideología de los partidos socialdemócratas o socialistas, que no hay que confundir con los partidos comunistas, pues estos declaran su rechazo a la empresa privada y a la propiedad privada de los medios de producción y los socialistas simplemente buscan limitar el poder de la empresa privada para que coexista dignamente con la clase trabajadora. En esta visión se considera que, en la medida que el estado sea más amplio, más beneficios tendrá la sociedad en su conjunto.

Por otra parte, la idea de un estado liberal o neoliberal, el cual se busca desechar en la política de la llamada cuarta transformación, proviene de la tradición liberal que en Europa y en otras partes del mundo tiene como una de sus premisas fundamentales que el estado debe ser lo más limitado posible. Sostiene que, en la medida que el estado intervenga lo menos posible en lo referente a la economía y al desarrollo social, la sociedad se verá más beneficiada pues permitirá que los actores sociales actúen de manera más libre (de ahí el término de liberal o neoliberal), lo que permite que los individuos desarrollen sus máximos potenciales y con ello, de manera indirecta, se beneficie la sociedad en su conjunto.

Cabe decir que, en el proyecto del estado social-benefactor, algunos de los organismos que florecieron con el llamado neoliberalismo a partir de los años ochenta, como las ONG e instancias de equilibrio, de supervisión o de control del gobierno, dejan de tener sentido, pues el estado en vez de otorgar recursos a ese tipo de organizaciones se los da directamente a la población, sin necesidad de intermediarios.

Desde esta perspectiva, el estado social-benefactor tiene como tareas iniciales:

—Establecer los sectores estratégicos del desarrollo económico y social. El gobierno de López Obrador lo ha manifestado claramente: son el sector salud, el energético, el de apoyo social y no está incluido como prioridad el sector cultural.

—Dentro de los sectores se establecen los programas prioritarios. En el caso de la cultura, los programas prioritarios están dirigidos a la llamada cultura comunitaria (habría que iniciar todo un planteamiento de discusión para ver qué se entiende por ello). El caso es que los famosos tres pilares de la política cultural de los sexenios anteriores, a saber: patrimonio cultural, apoyo a la creación artística y oferta de bienes culturales para la población en general, si bien están presentes, no tienen el papel prioritario que tenían.

—Dentro de cada sector se establece una redistribución de presupuesto y de recursos. En este caso se ha definido que los programas tradicionales, si bien en gran número se siguen manteniendo, tienen que ser reducidos para asignar los recursos a los programas de cultura comunitaria.

Efectivamente, todavía no sabemos cómo viene el Programa Sectorial de Cultura porque aún no es tiempo de que se dé a conocer. Entre otras cosas, habrá que ver si se presenta en los tiempos que marca la ley, que sería a fines de este año. En él se tendrán que plantear los pormenores del PND en términos de su implementación en el sector cultural; para ello tendrá que apegarse a la normativa que marca objetivos, metas, estrategias y líneas de acción específicas para los programas que se cobijan bajo las acciones del gobierno federal.

Nos puede o no gustar lo que está haciendo el gobierno de AMLO, pero de que está claro está claro, al menos en términos del sector cultural: la cultura no es un sector estratégico importante; se le dará mayor importancia a los programas denominados de cultura comunitaria y se reducirá el presupuesto de otros programas tradicionales que en las décadas pasadas se consideraban prioritarios, como los tres mencionados anteriormente.

En la próxima entrega abundaré en ello y haré mención de los requisitos que considero debe tener un diseño e implementación de política pública para poseer el carácter democrático e incluyente que debe regir cualquier política gubernamental y, por supuesto, el próximo Programa Sectorial de Cultura.

11 de agosto de 2019.

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