Lo que el misil se llevó

Alumnos y maestros de la Universidad de Alberta, pasajeros del vuelo  PS752. (Fotos: cortesía Universidad de Alberta).

Apenas había despegado del Aeropuerto Internacional Imán Jomeini de Teherán, cuando siete minutos después un misil alcanzó al vuelo PS752 de la Ukraine International Airlines que iba con destino a Kiev. Sucedió el miércoles 8 de enero por la mañana y terminó, en segundos, con la vida de 176 personas. ¿Quiénes eran? ¿Por qué iban en ese avión? ¿Qué proyecto de vida llevaban? ¿Qué podían que aportarle al mundo?Pronto se supo que se trataba de 82 iraníes, 63 canadienses, once ucranianos, diez suecos, cuatro afganos, tres alemanes y tres británicos. Y tres días después, que el ataque se debió aun error, según versión de la Guardia Nacional iraní. Uno que otro medio publicó que en el avión viajaba una pareja de recién casados pero en general la información dio prioridad a las declaraciones de los políticos de más alto nivel involucrados en el conflicto. ¿Y los pasajeros? 

Duelo en la comunidad iraní-canadiense en Edmonton.

Muy lejos de Teherán, en la ciudad de Edmonton, capital de la provincia de Alberta en Canadá, la noticia de la tragedia provocó un shock que prevalece convertido en dolor y duelo. Y es que desde los años 70 del siglo XX comenzó la llegada de iraníes a estudiar a la Universidad de Alberta (UA) en un número que pronto se duplicó, triplicó y cuadruplicó hasta hoy, tanto que el prestigioso campus cuenta con una comunidad de 500 estudiantes procedentes de Irán. Trece de sus más brillantes, creativos y emprendedores alumnos y maestros abordaron ese avión, un Boeing 737, con la idea de regresar, vía Kiev, a este continente luego de unas vacaciones en su país de origen.

Pedram Mousavi y Mojgan Daneshmand, dos de los mejores y más queridos y respetados profesores de Ingeniería de la UA llevaban casados 20 años y tenían dos hijas: Darya (de 15) y Dorina (de 10). Toda la familia desapareció cuando el misil hizo que el avión se desplomara. Los dos trabajaban en tecnología de punta colocando a Alberta en el mapa de la comunicación inalámbrica.

Pedram formaba parte del Departamento de Ingeniería Mecánica de la UA y también era miembro del Consejo de Investigación de Ciencias Naturales e Ingeniería de Canadá en el que encabezaba una cátedra para la investigación, el desarrollo y la comercialización de sensores inteligentes integrados y tecnologías de antenas. Su programa: el desarrollo de la próxima generación de dispositivos inteligentes para 5G e Internet de las Cosas, entre otros asuntos. Antes de morir, supervisaba la tesis de 26 estudiantes y la de diez candidatos a doctorado.

Mojgan era una académica con prestigio internacional y tenía asignada la cátedra de investigación de Canadá en microsistemas de radiofrecuencia cuando se integró al departamento de Ingeniería Electrónica y de Cómputo de la UA en 2008. La comunidad de Edmonton celebró cuando recibió el premio Martha Cook Piper de Investigación en 2018. “Un pilar en nuestras vidas” , dijo  sobre ella una representante de su grupo de estudio el domingo pasado. Y es que era reconocida por su compromiso como mentora y por su especial apoyo a las mujeres dedicadas a la ciencia y a la ingeniería.

Una familia perdida.

Pouneh Gorji y Arash Pourzarabi volvían a Canadá luego de su boda con amigos y familiares en Irán, realizada justo en año nuevo, una semana antes de la tragedia. La pareja había llegado a la UA en el otoño de 2017 después de graduarse en la Universidad Tecnológica de Sharid en Irán y los dos estudiaban una maestría en Inteligencia Artificial (IA). Pouneh, de pelo largo negro y brillo en los ojos, estaba concentrada en aplicaciones de redes neuronales avanzadas para la detección automática de patologías del hígado mediante imágenes de ultrasonido. Y él, tan joven y radiante como ella, estaba enfocado en la investigación de “aprendizaje reforzado”, un área de la IA dedicada a sistemas informáticos que aprenden a realizar tareas completamente por su cuenta. Los dos estaban por publicar sus trabajos.

Pouneh Gorji y Arash Pourzarabi, maestros en ciencias de computación regresaban a Canadá después de su boda en Irán, en año nuevo.

Las hermanas Sara y Saba Saadat regresaban a Canadá junto con su madre Shekoufeh Choupannejad, desde Irán, cuando el avión estalló. Las tres eran parte de la comunidad iraní-canadiense en Edmonton y mientras la mamá ejercía como ginecóloga en la ciudad y “siempre será recordada por su profesionalismo y su risa”, según los testimonios, la bella Sara (de 23 años) acababa de graduarse en la primavera de 2019 en psicología y estaba lista para emprender un programa en psicología clínica en San Diego, California. Por su parte, Saba, de 21 años, se preparaba para su graduación en ciencias biológicas esta primavera y quería dedicarse a la medicina. Sus maestros veían un futuro brillante en esta joven que, además, trabajaba como voluntaria con niños de familias recién llegadas para facilitarles el trance que acompaña la inmigración. Todo eso se detuvo el 8 de enero.

Sara Saadat, recién graduada, junto con su madre, la doctora Shekoufeh Choupannejad; en la segunda imagen, su hermana Saba.

Sus amigos recuerdan en Mohammad Mahdi Elyasi, una gran sonrisa y una creatividad excepcional. Uno de sus compañeros cuenta que, en tiempos en que debería sentirse más presionado, le preguntaba “¿Por qué tan contento?” y él contestaba “No lo sé, esto es un reto”. Se había graduado como uno de los mejores estudiantes de la Universidad Tecnológica de Sharif en Irán. Y llegó a la UA para estudiar una maestría en Ingeniería Mecánica de la que se graduó en 2017. Todos aquellos nuevos estudiantes internacionales que recibieron su ayuda para instalarse en Canadá, así como los refugiados a quienes enseñó inglés en calidad de voluntario, lo recordarán siempre. Sus amigos guardarán en la memoria cuando lo escuchaban tocando la guitarra, escalando o discutiendo temas filosóficos. Hace un año se mudó a Toronto donde fundó una empresa emergente (startup) llamada ID Green que consiste en el uso de drones como parte de un innovador servicio de monitoreo de cultivo para productores de papas.

Mohammad Mahdi Elyasi, ingeniero mecánico, un talento creativo que se perdió en su regreso a Edmonton.

Con un pañuelo envuelto en su cabeza, vemos a Nasim Rahmanifar en la foto que circula por Internet para honrar su memoria. Había terminado su carrera y su maestría en Ingeniería Biomédica por la Universidad Tecnológica de Amirkabir, Irán, en 2017 y 2019 respectivamente, cuando ingresó a la UA para estudiar una maestría en Ingeniería Mecánica y acababa de recibir la oferta para transferirse al doctorado en 2020, cuando murió al estrellarse el avión ucraniano. Sus logros académicos tanto en Irán como en Canadá alcanzaban las calificaciones más altas posibles. Centrada su investigación actual en la evaluación del riesgo por lesiones de presión y tensión del hombro en usuarios de sillas de ruedas, prometía cambiarle la vida a mucha gente. Extraordinariamente talentosa, la joven iraní también era pintora. Y además, atleta; jugaba basquetbol y voleibol todos los fines de semana. Sin embargo, un “error” acabó con su vida.

Nasim Rahmanifar, una mente brillante.

Amir Hossein Saeedinia completó sus estudios en Ingeniería Mecánica en la Universidad Tecnológica del Petróleo en Irán en 2017 y después su maestría en Ingeniería Biomédica en el campus de Amirkabir. Viajaba a Canadá para comenzar este mes sus estudios de doctorado en Ingeniería Mecánica en la UA, cuando el avión en el que viajaba fue destruido con todo y sus sueños, su enorme sonrisa y su entusiasmo por la investigación y el descubrimiento.

Con la cabeza y el cuello cubiertos por un hiyab, el rostro de Elnaz Nabiyi resalta bello, luminoso y lleno de futuro en las fotografías. Después de graduarse con grado de maestría en la Universidad Tecnológica de Sharif, se mudó hace menos de dos años a Canadá con su esposo, Javad Soleimani Meimandi, para estudiar ambos un doctorado en el Departamento de Contabilidad, Operaciones y Sistemas de Información en la UA.

En una entrevista reciente con CBC, luego del desplome del avión, su esposo la describió como una mujer muy preocupada por las luchas del pueblo iraní. Y expresó: “No tengo palabras, porque en solo un segundo, perdí toda mi vida”. Javad se había quedado en Edmonton estudiando durante las vacaciones y ahora, entrevistado durante el vuelo hacia su país dijo: “(…) la vida no tiene sentido para mí. No sé qué debo hacer. Solo quiero ir a Irán, estar presente en el funeral y entender la razón de esta catástrofe”.

Elnaz Nabiyi, una víctima más del misil iraní.

¿Será posible entender la razón de esta catástrofe?

Durante una ceremonia en la Universidad de Alberta llevada a cabo cuatro días después de la tragedia, el domingo 12 de enero, el primer ministro de Canadá Justin Trudeau; el presidente de la UA, David Turpin; el alcalde de Edmonton, Don Iveson y 2,300 personas más (sin contar las 1,300 en línea) que forman parte de la comunidad universitaria y de la ciudad, honraron la memoria de todos esos jóvenes y adultos brillantes, hablaron con el nudo en la garganta, ofrecieron apoyo psicológico a quien lo necesite dentro del campus y con la emoción a flor de piel prometieron llegar a la verdad.  

Hossein Saghlatoon (arriba.) llora por su profesor Pedram Mousavi durante la ceremonia en la Universidad de Alberta. (Foto: Richard Siemens). Abajo, David Turpin, presidente de la Universidad de Alberta.

Por lo pronto sabemos que la historia del conflicto de Estados Unidos con Irán lleva décadas y que la incapacidad de los gobernantes por lograr acuerdos de paz tiene peso en este episodio, pero también la ambición de un presidente en la Casa Blanca que quiere reelegirse y decidió encender la violencia para distraer la atención ante un probable juicio político que podría destituirlo.

El miércoles 15 todas las universidades del país hicieron una pausa simultánea a las once de la mañana para guardar un silencio de reflexión en memoria de sus colegas y 50 canadienses más que perdieron la vida. Porque, como se dijo durante la ceremonia, la universidad, la ciudad y Canadá… “sufrieron una de las más grandes pérdidas en su historia”.

México, ensimismado en sus propias tragedias cotidianas, guarda silencio. Ojalá, durante unos minutos, mire hacia arriba en el continente y se una al duelo de Canadá, que es mucho más que nuestro socio comercial, un país que durante el sismo de 2017 se volcó en solidaridad.

                                                                       adriana.neneka@gmail.com

20 de enero de 2020.

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