diciembre 5, 2022
La destrucción de Sodoma y Gomorra, (óleo sobre tela, 1852), del pintor inglés John Martin (1789-1854). (Imagen tomada de wilkipedia.org).

 

ENSENADA. Por estos días que transcurren, no es tanto el decaimiento depresivo lo que priva, sino la desesperación profunda lo que agobia. El desplazamiento, por la Covid-19, de la sociedad individualista (con su explosión consumista a todo lo que daba) por otra que muchos ya han calificado de maneras diversas (Han, Zizek, Sloterdijk, entre otros) y cuya característica central es el pesimismo (un pesimismo que el capitalismo nunca tuvo en perspectiva), nos sujeta sumergidos en una realidad que nos mantiene down, incapaces de vislumbrar un futuro en donde el sol, hasta antes de la sindemia, era de lo más común y agradable, y parece que hoy no lo vislumbramos. ¿Qué sociedad, pues, nos tocará vivir?

Las sociedades concretas de hoy, sean Estados Unidos, Holanda, Inglaterra… o México, ofrecen panoramas de desolación marcada, en donde los individuos (los unos, los unos solos) no movemos -es un decir, porque no nos movemos sino en el espacio reducido de la casa: entre 60 y 100 metros cuadrados la gran mayoría- en un estado de desolación marcado, quizá porque el consumo ha quedado reducido a su mínima expresión, a fuerza de quedar contagiados tres o cuatro días después. El cambio (dice Lipovetsky) entre una sociedad de consumo desenfrenado a otra de consumo reducido es lo que hoy nos tiene desconcertados e incapaces de acostumbrarnos a esa realidad que no conocíamos y que con sus limitantes ha provocado una verdadera explosión de enfermedades mentales (stress) que no estaban dentro de nuestras perspectivas y que hoy nos obliga, necesariamente, a pensar: ¿y ahora qué vamos a hacer para superar ese estado de locura?

¿Excesivo? ¿Quién se atreve a afirmarlo sin temor de equivocarse? ¿Parte de una estrategia de desarrollo -reducir a la población al costo que fuera- que al capitalismo se le fue de las manos: tres millones de muertos hasta hoy en el ámbito mundial, más los que faltan de contar antes de la vacunación masiva y esperando que las complicaciones generadas por ésta sean totalmente controlables? ¿Cuáles, entonces, las posibilidades reales de construir (o reconstruir, más bien) la sociedad “normal” en que vivíamos, si se sigue insistiendo, por parte de los países cabeza del capitalismo, en arrasar con nuestro medio ambiente (árticos, selvas, llanuras, animales… y humanos)?

¿Tendremos tiempo de pensar en esa realidad a construir? He ahí el primer dilema: esa tarea es responsabilidad nuestra: darnos el tiempo de pensar en qué sociedad queremos construir, que ya no esté sustentada en el capitalismo, sino en la razón que colectivamente cada pueblo considere como la viable y deseable para que las nuevas generaciones sean las que decidan sus quehaceres y actividades en consenso con todos los miembros de la comunidad.

Es decir, pensar en un futuro diferente es una tarea urgente en la cual todos los miembros de la sociedad debemos estar comprometidos.

 

*Sólo estructurador de historias cotidianas

 

Profesor jubilado de la UPN/Ensenada

 

gomeboka@yahoo.com.mx

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