Estanislao Maqueos se formó como maestro de música de banda en el CIS Zoogocho. (Fotos: Cortesía de Maqueos Music)
Estanislao Maqueos se formó como maestro de música de banda en el CIS
Zoogocho.
LOS ÁNGELES. En la Sierra Norte de Oaxaca, en las faldas del Cempoaltépetl, cerro que los mixes veneran como deidad, se asoma como un balcón la comunidad de Santa María Tlahuitoltepec, reconocida desde hace décadas porque alberga un espacio emblemático de desarrollo musical comunitario: el Centro de Capacitación Musical y Desarrollo de la Cultura Mixe (Cecam). Ahí conocí hace años a una parte de la dinastía de los Delgado, a don Mauro, el gran maestro, y a César, su hijo y pupilo, dignos representantes de la solemnidad característica de los mixes. César me cautivó cuando fui funcionario estatal y lo invité a dirigir el Centro de Iniciación Musical de Oaxaca (CIMO), donde ha persistido en las tareas de educación musical infantil y juvenil.Un poco más al oeste, en la misma Sierra Norte, ya en la zona zapoteca, se ubica San Bartolomé Zoogocho, donde se yergue otro espacio de educación musical asombroso: el Centro de Integración Social número 8, o CIS Zoogocho; ahí tuve la fortuna de conocer a otro baluarte, el maestro Ismael Méndez. Ambos espacios, el CIS y el Cecam, son insignias de las escoletas de Oaxaca, es decir, escuelas de iniciación musical infantil repartidas por cientos en sus ocho regiones. Las bandas de viento forman parte de la vida comunitaria de los oaxaqueños y son instituciones de alta honra y responsabilidad; participan en cada celebración, en cada efeméride, en los nacimientos, bodas, sepelios.

Cuando llegué a Los Ángeles hace un lustro conocí al maestro Estanislao Maqueos, egresado justamente del CIS y alumno de Ismael. Estanislao dirige la Banda Filarmónica Maqueos Music desde el 2006, una iniciativa de capacitación musical no muy distinta a las del Cecam y el CIS. Fue sorprendente ver cómo revivía en la academia de Maqueos aquello que muchas veces atestigüé en Oaxaca. Escuchar a niñas y niños entonar el Dios nunca muere o La Sandunga fue una analogía que me remontó a otro espacio y otro tiempo, pero con el mismo sentido de identidad.

En Los Ángeles hay cerca de 20 bandas de viento infantiles y juveniles que mantienen el espíritu y la eficacia de sus pares de Oaxaca. Jovencitos a los que por momentos les cuesta trabajo hablar en español, pero que expresan su identidad a través de la música de sus pueblos. Es una manera de afianzar su origen y estar vinculados a su matria. La mayoría nació de este lado y no conoce a sus abuelos. No obstante, todas las tardes al salir de la escuela honran sus raíces tocando con entusiasmo los instrumentos de viento y las percusiones depositados para ellos en la academia.

San Andrés Solaga se encuentra a unos kilómetros de San Bartolomé Zoogocho, en la misma zona zapoteca. Me imagino a Estanislao caminando desde su pueblo para formarse como instructor de música de bandas, pues el CIS es reconocido precisamente por eso, por educar a maestros que regresan a sus comunidades para preservar la enseñanza en las bandas de viento.

Estanislao volvió a Solaga y dirigió la banda, vivía cerca de sus padres y formó un hogar. Las carencias, como en el caso de miles de paisanos, fueron determinantes para que tomara la decisión de emigrar. Cuenta que no pudo viajar con su trompeta, pero llevó su boquilla como “talismán y amiga insuperable”, con el anhelo de que en California pudiera seguir tocando, pero la realidad se impuso y tuvo que pagar el derecho de piso por su estancia. Se vio inmerso en jornadas laborales eternas en una lavandería industrial, luego limpiando carros y, así, hasta que obtuvo un trabajo en el que gozaba de un poco de tiempo que dedicó a construir su sueño de enseñar música.

Si bien en Los Ángeles han existido desde hace años bandas de viento oaxaqueñas, estas han estado integradas por músicos migrantes que se reúnen solo en ocasiones, precisamente para participar en las celebraciones, tal como lo hacían en sus comunidades antes de migrar. Maqueos fue pionero al ver la oportunidad de preservar esa tradición a través de la formación musical de las segundas generaciones. ¡Y vaya que lo ha logrado! “Estos muchachos —dice—, cuando tocan un jarabe o un son, es como si se estuvieran descubriendo a sí mismos; no necesitan las palabras, sino con armonía, emoción y sentimiento van reafirmando su identidad”.

La Banda Filarmónica Maqueos Music está integrada, principalmente, por hijos de migrantes oaxaqueños.

El maestro ha luchado en la batalla por la dignidad de su cultura; comenta que antes se les conocía como los “oaxaquitas” y se avergonzaban por eso. “Pero ahora todo el mundo quiere ser de Oaxaca, por sus niños que tocan y bailan, por su pintura y artesanías, por su gastronomía; es el resultado del trabajo de los padres de familia que llevan a sus hijos a ensayar música, a practicar basquetbol, a las clases de danza regional”.

La banda participa ahora en foros no solo hispanos, sino en fiestas y festivales anglos y de las distintas minorías que habitan esta urbe multicultural; su repertorio se ha ampliado y abarca desde lo tradicional hasta lo clásico y lo pop. También incluye en sus filas a los hijos de oriundos de otros estados e incluso de países como Honduras y El Salvador.

Estanislao es un hombre dichoso. Su iniciativa de vida, la Banda Filarmónica Maqueos Music, forma parte ya del paisaje de Los Ángeles. Y sus integrantes, con la frente en alto, pasean con sus padres por las calles interminables de la ciudad.

16 de julio de 2019.

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