Menos gasto para la cultura, pero no es por la pandemia

La información contenida en la gráfica que nos proporcionó el INEGI, nos permite continuar con el análisis del gasto público agregado de los tres niveles de gobierno: federal, estatal y municipal, pero ahora nos vamos a concentrar en su evolución a precios constantes, es decir, cuando le restamos los efectos de la inflación. Esta es la quinta gráfica que compartimos en el marco de la Tercera Jornada Nacional de la Cuenta Satélite de la Cultura, la cual es posible gracias a la colaboración del GRECU con el INEGI, la UACM y el Foro de Economía y Cultura.

El año pasado hicimos notar que los recursos que el gobierno asigna a las actividades culturales mostraban una trayectoria descendente desde el gobierno de Enrique Peña Nieto, la cual se frenó un poco con la creación de la Secretaría de Cultura.

En 2019, con la llegada de una nueva administración federal, que es la que tiene la mayor participación en esta variable, la tendencia no cambió sino que se acentuó. En ese año el gasto público asociado a la cultura registró una contracción anual de 6.6%, la más grave registrada por decisiones de gobierno en el período que estamos revisando. Recordemos que en el presupuesto federal de ese ejercicio se efectuó un fuerte recorte, principalmente en el renglón de transferencias que se destinaban a respaldar diversos proyectos y la operación de asociaciones civiles.

Sin embargo, esta contracción no anticipaba lo que ocurrió en 2021 cuando las erogaciones públicas cayeron en 11.5% como resultado de la pandemia propiciada por el Covid 19. En este año no solamente se paralizaron las actividades culturales, sino toda la economía, por lo que los ajustes en los presupuestos fueron necesarios, no solo por cierre de actividades, sino también por la necesidad de reorientar los fondos al fortalecimiento de los sistemas de salud.

Lo que observamos en 2021 es algo que comentamos en un principio, una reactivación sin recuperación, lo cual se refleja en el aumento anual de 6.0% en las erogaciones públicas, que no son suficientes para volver a los niveles de gasto previos a la pandemia.

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