diciembre 1, 2022
Daniel Catán en la Ópera de Houston, en 2006, con el director de esCENA y a la vez director de la puesta de Salsipuedes, Jim Robinson. (Fotografía, cortesía de Andrea Puente Catán).

Con la música de la serie El vuelo del águila. En un juego de Ping Pong al lado de Eduardo Díazmuñoz. En la fiesta de la Ópera de San Diego, tras el estreno de La Hija de Rappaccini. En las calles de Santiago de Chile, en un bar, antes de irse a la Patagonia. En la boca de tantos habitantes del trapecio amazónico, de Leticia –territorio de Colombia- cuando con Luis Ortiz Monasterio y Encarnación Vázquez logramos que se escucharan de cara al río algunas arias de Florencia en el Amazonas.

En un aula de la Universidad Javeriana, en Bogotá, impartiendo un curso de composición. Con su sonrisa pícara, el envidiable bigote, el humor irónico. Larguchón con serenidad y un extraordinario cuidado de las formas. En el teléfono desde Los Ángeles, contando el sabor de un exilio; con su canto con Andrea y luego con él gracias a ella. En pocos años juntos, una y otra vez Daniel Catán, amigo.

Y durmió: allá en Austin su corazón dijo basta, con 62 años, tan solo seis días después de su cumpleaños de 2011. Estaba en la Universidad de Austin, dedicado a la enseñanza y componiendo la siguiente ópera, Meet John Doe. Catán, un compositor de primavera, nacido un 3 abril, hoy tendría 71 años. A resguardo por el coronavirus. Sabía de encierros creativos, no de cautiverios. Y aquí estoy, una y otra vez regresando a su legado. Vuelvo a evocarlo a nueve años de su partida, un 9 de abril. 3/9/9. Busco a su compañera y gran arpista, la bella y talentosa Andrea Puente Catán.

Arpista de formación, ahora dedicada a la Ópera de San Diego y a la promoción del legado de quien fue su compañero, Andrea Puente Catán. (Fotografía, cortesía de Andrea Puente Catán).

De recuentos

¿Cómo se siente Andrea Puente, la arpista, la instrumentista, la mujer con su carrera musical?

Cursé una Maestría en Recaudación de Fondos en la Universidad de Nueva York. Y ahora soy Directora de Donativos Mayores e Iniciativas Hispanas, en la Compañía de Ópera de San Diego. A partir del año 2017 dejé de tocar el arpa. Me despedí con la grabación del disco Encantamiento, producido con la colaboración del Texas Music Festival. Justamente grabamos obras de Daniel y a mí me tocó abrir con una pieza que escribió para flauta de pico, en los años noventa, con ese título y que después transcribió para flauta transversal y arpa. Fuimos pre-nominados para el Grammy. Así que me retiré en un muy buen momento de mi vida.

¿Cuáles son esas herencias, enseñanzas, aprendizajes que te dejó vivir con Daniel Catán?

Cuando vives con una persona en el día a día, no piensas tanto en las enseñanzas. Cuando ya no está contigo es que empiezas a caer en cuenta de qué aprendiste de esa convivencia. Yo diría que lo primero es amar la vida y disfrutar todo, desde la primera taza de café en la mañana, un paseo por la naturaleza, escuchar alguna obra de música clásica, emocionarse con una novela o con un poema, hasta disfrutar una buena conversación con entrañables amigos. La consecuencia de mi relación con Daniel es la responsabilidad de compartir y propagar su obra.

A nueve años del fallecimiento de Daniel ¿podemos hablar de que la transición entre su ausencia y sus implicaciones en tu vida, fue ya concluida?

¿Concluir mi labor con respecto a Catán? Yo creo que será hasta que yo también deje este plano terrestre. Me encargo de que su obra se siga tocando, al promover las óperas en distintas casas de ópera, o invitando a distintos directores de escena, así como también directores musicales a que la programen. Ésta ha sido y seguirá siendo mi labor. Hay algunos proyectos en concreto que ya están terminados y completos, como sus catálogos de obra (partituras y escritos), y de audio (grabaciones), además de haber terminado el proyecto de completar su última ópera, en este caso en inglés, Meet John Doe, basada en una película de Frank Capra.

¿Puedes decirnos qué tanto se ha crecido la obra de Daniel durante este tiempo?

En este tiempo se ha consolidado pues cada año hay dos o tres de sus óperas tocándose en distintas ciudades. Por ejemplo, Il Postino ha sido programada en casas de ópera norteamericanas: en Virginia, Albuquerque, Santa Bárbara y próximamente en Chicago, además de Bogotá. La Hija de Rappaccini se tocará en Culiacán, en Buenos Aires y en San Diego. Vendrán ajustes, tras superar la crisis sanitaria por el Covid-19, pero los planes se realizarán.

¿Cómo va la fundación?

La fundación no era operable, dejó de existir. Actualmente trabajo directamente con las casas de ópera y su editor de Nueva York, la casa Schirmer. Todo sobre su vida y obra se puede consultar en su página https://www.danielcatan.com

¿Qué viene a pesar de este tiempo aciago?

Este año es, en muchos sentidos, de preparación para la temporada de 2021 y 2022. Serán dos años de ver su obra en varias ciudades del mundo, estará en algunas casas de ópera de Estados Unidos, así como también en Colombia y Suiza. Con la Compañía de Ópera de San Diego se creó una iniciativa para presentar una ópera en español cada año, la que viene es El último sueño de Frida y Diego, de Gabriela Lena Frank y el escritor Nilo Cruz, además de una coproducción de la tercera ópera para Mariachi de Pepe Martínez, con la Compañía de Ópera de Houston. Todo ello además de la contratación de cantantes y equipos creativos de México y Latinoamérica. Así que estoy muy contenta incentivando y compartiendo el mercado de ópera en español en y desde los Estados Unidos.

La mezzosoprano Encarnación Vázquez, acompañó a Daniel Catán en numerosas de sus piezas operísticas. (Fotografía, tomada de Facebook).

Esa voz ¡qué voz!

También busqué a Encarnación Vázquez, la gran protagonista de Florencia en el Amazonas, la mujer entrona que viajó desde Nueva York para cantar en el Parque Orellana, de Leticia, una noche de 2003. Y me mandó estas palabras.

“Daniel Catán el amigo. El joven compositor que regresó de Japón con sueños de flores, un árbol enamorado y una ópera.

“Artista comprometido con las palabras, con las melodías que se esconden en metáforas y venenos amorosos.

“Daniel, el compositor que me obligaba a cantar una y otra vez la misma frase hasta convencerme, con una taza de té, de que así, como él la había escrito, era ideal para lucir las notas agudas de mi voz.

“Al paso de los años su necedad se transformó en maestría universal y su compromiso con el escenario lo convirtió en personaje de una historia mágica. El estreno de sus obras me dio la oportunidad de sugerir, discutir y definir líneas vocales que se han quedado plasmadas en partituras floridas que su espléndida labor artística ha heredado a la humanidad. Las tardes de trabajo en su estudio de la calle de Manzanillo me permitieron conocer a un gran compositor y un ser humano luminoso.

“Me vestí de Beatriz para estrenar La Hija de Rappaccini en el Palacio de Bellas Artes, en la Ópera de San Diego y grabar su disco. Fue así como conocí a Octavio Paz y bailé danzón con él para celebrar la ópera de Daniel. Estrenamos Mariposa de Obsidiana en el Festival Internacional Cervantino, con la Orquesta Sinfónica Nacional y caminamos por callejones sin temor del acontecer político. Interpreté Florencia en el Amazonas en el Amazonas mismo, esperando a que los loros guardaran silencio al ponerse el sol y entonces vestirme de gran diva y caminar por Leticia.

“Daniel Catán. Gran artista, amigo. Personaje de una bella historia. Una historia bella que contar”.

Amistad entrañable, compañeros de oficio, creador y director, mano a mano entre compositores: Daniel Catán y Eduardo Díazmuñoz, en Chicago, en 1991. (Fotografía, cortesía de Eduardo Díazmuñoz).

Entre compositores y un director

A mi tocayo Díazmuñoz le debo la amistad con Daniel. Busqué a Eduardo en Monterrey, donde dirige la Orquesta Sinfónica de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Si alguien conoce la vida y la obra de Catán, si alguien ha dirigido su catálogo, es él.

“Ah, Catán… Se le continúa extrañando. Continúo imaginando cuáles hubiesen sido sus próximos temas para embarcarse en un nuevo libreto, en otra ópera después de Meet John Doe. Sobre todo porque ya estaba muy ‘ducho’ como libretista…

“Me queda la eterna duda de si hubiera continuado escribiendo libretos en inglés con todo y haber sido el compositor de óperas en español más sonado en el mundo… Hubiera/hubiese, tiempo pasado del verbo ‘jamás’, así que ese mote sigue y ya veremos cuando logremos que se produzca su ópera póstuma inacabada pero completada por mí -según sus instrucciones escritas- y con ayuda de otras mentes, entre las que está evidentemente Andrea Puente.

“Descubro que no es que me haya acostumbrado a su ausencia, sino que la falta de su presencia se ha convertido en una especie de achaque con los que aprendemos a vivir ¿sabes? Su ausencia está presente y he aprendido (y aprehendido) a vivir con ella. Aún sostengo conversaciones con él aunque ahora sé que son imaginarias, él ya está más lejos ahora, a 9 años de su partida. Tu legado permanece Dany, y seguimos con su difusión a la primera oportunidad. Se te extraña”.

Un cariñoso recuerdo, un testimonio de travesía. Tuve la oportunidad de acompañar a Daniel Catán y Eduardo Díazmuñoz, al estreno de La Hija de Rappaccini, en San Diego, en 1994. Aquí la portada del programa de mano y las palabras de ellos, al lado del autógrafo del tenor Fernando de la Mora, en el papel protagónico del estreno. (Imágenes: Eduardo Cruz Vázquez).

El mero ojo

No le veo como lo leo. Hace una crítica que, si fuera crítico, qué pasaría, en virtud de las coincidencias cuando toca ver lo mismo. Querido Iván Martínez: van tus palabras a nuestro extrañado Daniel.

“Lo que más rescato yo de la obra de Catán, lo que me queda a mí, es su poética; en el sentido más amplio que cualquier persona pudiera entender por eso. Uno habla de ‘lenguajes’, ‘estéticas’, ‘escuelas’, y Catán pasó por varias, aunque algunos digan -con razón- que es una especie de ‘Debussy latinoamericano’ y otros opinen que algunas de sus obras son puccinianas, todas giran en torno a lo poético, y su música suena así: poética.

“Más allá de colores o texturas o de cómo usar estos, los utilizó siempre para servir a su poética, según pensara que le iban mejor a los textos que le sirvieron para sus óperas. Eso en lo personal, por lo demás, no creo que sea inútil volver a decirlo: así como supo incorporar diversas maneras de acercarse a su escritura musical (fuera la versión latinoamericana de Debussy, de Puccini o del musical estadounidense), es ineludible la técnica y el talento que tuvo para imprimir el español, del que se respira la pasión en su música, a la música: no es cosa sencilla y no solo es cuestión de intuición: supo estudiar su idioma y cómo incorporarlo a cada línea musical.

“Si hubiese sido solo intuición, ya antes muchos buenos compositores hubieran escrito buenas óperas en español y no, la verdad es que antes de él no las hay”.

Retrato de Daniel Catán, de la fotógrafa Elizabeth Beristain, 2010. (Fotografía, cortesía de Andrea Puente Catán).

Final con flauta

En aquéllos años colombianos, a principios del siglo XXI, llegó a Bogotá Onix Ensamble, con el flautista (músico todo terreno) Alejandro Escuer a la cabeza. Luego logramos un concierto como solista con la Orquesta Filarmónica de Bogotá. Gracias, Alex, por estos años.

“Daniel Catán fue un compositor entregado a un género: la ópera. Toda su energía, interés, producción, incluyendo obras de cámara, eran concebidas como anteproyectos operísticos. Su fuerte era sin duda la orquestación, la construcción de bloques sinfónicos alrededor de la voz humana, y su ambición, llegar a la expresividad contemporánea que alcanzara en su tiempo Giacomo Puccini”.

Comparte en:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.