Conforme avanza la mujer hacia un paraje con una cubeta en mano, los ladridos son más fuertes; cuando se detiene, una jauría de perros callejeros la rodea, pero en lugar de atacarla los canes brincan y mueven su cola expresando alegría por verla.

Desde hace cinco años, la señora Magdalena (54 años) les lleva comida, todos los días, hasta un terreno semi vacío del fraccionamiento Paseos de Chavarría.

En la cubeta carga, a veces, hasta 10 kilos de desperdicio de pollo (pellejos, huesos y cartílago de pechuga), “algo que les encanta a los peludos”.

Aunque en la foto sólo se ven seis, de diferentes tamaños y colores, se llegan a reunir hasta diez o más adultos, sumándose las crías que van naciendo -en intervalos cortos- en alguna zanja u hoyo cercano.

A estos cachorros, la señora les busca un nuevo hogar, donde “los quieran en verdad, para que los atiendan y cuiden para siempre”.

De hecho, ella rescató y adoptó cuatro perros (Canelo, Peluche, La Negra y La Pecadora), que ya son parte de su familia en su pequeña casa, junto a su pareja sentimental y un sobrino, de casi cinco años.

Además de llevarles comida a estos perros sin dueño, doña Magda primero los acaricia, después les quita las lagañas y hasta les limpia el hocico con papel cuando terminan de comer.

“A un perrito se le tiene que acariciar para que se sienta amado o querido… Y al final, ellos me dan su manita o se revuelcan en el piso. Me gusta mucho cómo ellos lo agradecen”.

 

12 de noviembre de 2021, Mineral de la Reforma, Hidalgo.

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