El INEGI dio a conocer cifras revisadas del PIB por entidad federativa (PIBE). Hablamos de la actividad económica total en 2018. Estos números señalan la participación porcentual en valores constantes respecto al total nacional. Se presentan sin desagregación por cada uno de los 20 sectores del SCIAN, donde se encuentran los que involucran la integración del sector cultural, a través de la Cuenta Satélite de Cultura (CSC). Resulta importante el vistazo ya que, según el sermón de la cuatroté, es el último año del neoliberalismo. Y es la escala de terror con destino al desastre económico de 2019 (imaginen los resultados del 2020).

Por ahora, se trata de establecer una relación entre el comportamiento del PIBE y la percepción que tenemos de la importancia así como del desempeño, del sector cultural en cada estado de la república. En efecto, la CSC nos da una perspectiva nacional, pero no implica que sus cifras se repliquen por igual en cada entidad. A pesar de ciertos esfuerzos por determinar PIB’s culturales locales (hace casi una década hicimos un ejercicio en Oaxaca, de la mano de Andrés Webster), seguramente por mucho tiempo será imposible realizar estas caracterizaciones. Una de las consecuencias de este vacío, es la inexistencia de políticas económicas estatales y municipales para impulsar el desarrollo cultural.

Los PIBE’s más altos dichos en porcientos corresponden a la Ciudad de México con 17.7; Estado de México 9.1, Nuevo León 7.6, Jalisco 6.8 y Veracruz 4.5. Es decir, cinco estados aportan el 45.7 por ciento del PIB nacional. En cuanto a sectores culturales, la escala varía, pues sabemos que mientras la Ciudad de México tiene gran amplitud de actividades económicas, Nuevo León y Veracruz distan de estar diversificados. Por su parte, Jalisco va en mucho por delante que el Estado de México, aun cuando comparten un ámbito artesanal fuerte.

Los últimos lugares son un pesar, cinco estados dan el 3.8 de aportación nacional. Comparten el sótano Tlaxcala y Colima con 0.6 por ciento que, salvo contadísimas excepciones, tienen sectores culturales casi inexistentes. En ese tenor, Nayarit pone el 0.7 y Zacatecas el 0.9 por ciento, este último de patrimonio cultural robusto contra el primero, otro de perfil bajo de abajo. Con el 1.0 por ciento, la insular Baja California Sur cuyas misiones, riqueza natural y pinturas rupestres son un distante adorno de lo nacional.

En la otra franja del camino no se crean que las correspondencias mejoran. Sigamos con algunos casos en los porcientos, que les dejo la gráfica: Puebla 3.4, Michoacán 2.4, Quintana Roo 1.6, Chiapas, Oaxaca y Yucatán empatan con 1.5. ¿Sorprendidos? Hay que subrayarlo: entidades de vasto repertorio cultural no necesariamente tienen sectores culturales consolidados, casos como Oaxaca, Michoacán y Chiapas. Impresiona la idílica Yucatán, deja estupefacto el portento turístico de Quintana Roo y seremos medianamente felices con Puebla. Juntos suman 10.9 por ciento de aportación al PIB nacional.

Cómo es cruel el subdesarrollo.

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