noviembre 28, 2022

Problemas de autoridad: en el camino de la cultura

A cada quien su periplo, su Nomandland (película de Chloé Zhao, EU, 2021). (Imagen tomada de voi.id).

 

ENSENADA. Acabo de ver la extraordinaria película de Chloé Zhao Nomadland sobre cómo, después de 2008, muchos en Estados Unidos se vieron precisados a vivir sobre ruedas y rodar por caminos trazados entre desiertos y llanuras infinitos tanto por la costa oeste como por el centro del país vecino, en recorridos en donde, al llegar a las ciudades, buscan algún trabajo, asentándose allí por temporadas, pero sin que su seguridad (paz y tranquilidad) nunca se vea perturbada, pues lo que allí predomina -tanto en caminos como en ciudades- es la autoridad. Recorridos de miles y miles de millas en donde sólo de manera eventual se cruzan con patrullas policiacas.

A diferencia, acá, he vivido por estos días la experiencia desde el vuelo, hasta el viaje por carretera para llegar a donde vas, todo el trayecto lo haces con el Jesús en boca, pues la inseguridad es manifiesta, ya que el principio de autoridad (autoridad: el que más sabe, si nos atenemos a la etimología de la palabra) se encuentra totalmente desvanecido, lo mismo en el centro del país, que, no se diga, en algunas regiones (Zacatecas, Guanajuato, Veracruz, Sinaloa, por mencionar algunas). ¿Por qué ese desvanecimiento de la autoridad?

Históricamente, el desvanecimiento mencionado tiene vinculaciones estrechas con el predominio de lo militar en diversas etapas de nuestra vida pasada: desde el siglo XIX, luego de la Independencia, los regímenes militares llenaron de zozobra la vida diaria, que sólo el poder de las armas a la vez que acallaba las rebeliones y las invasiones atraía, contradictoriamente, los inestables estados de paz y tranquilidad. La ley, por eso, era y es aún letra vacua. Esa manera ficticia de autoridad, así, hasta hoy, predomina y desplaza de tal forma al acuerdo ciudadano como base primordial de la autoridad: si no hay principio de fuerza parece no haber paz en el país. Hoy, cuando tal paradigma se quiere romper, las resistencias se hacen múltiples, en particular por parte de uno de los poderes fácticos más poderosos de hoy: el narcotráfico que, como herencia maldita del neoliberalismo, nos ha sido dejado a todos los habitantes del país y es el que más se resiste a que sea el acuerdo ciudadano como principio de autoridad el que predomine en el país, en vez del principio de fuerza (el poder militar versus el poder del narcotráfico) que durante tantos años ha sido, sobre todo en épocas recientes, se insiste, el dominante en el país.

Es decir, pacificar el país no es nada fácil, pues la subsistencia de la contradicción acuerdo ciudadano sometido al principio de fuerza que ha caracterizado al país desde muchísimo tiempo atrás (principios del XIX hasta hoy) ha impedido durante todo ese tiempo que en el país predomine un clima de paz y tranquilidad basado en un principio de autoridad basado en el acuerdo ciudadano.

Romper ese patrón cultural, entre otros varios, es sin duda uno de los retos sociales más arduos que se vislumbran para el presente y el futuro entre nosotros. Y, lo más importante, comenzar a darnos cuenta que ello hay que analizarlo precisamente en términos culturales y no sólo de estrategia militar, como aquí se ha intentado plantear.

 

*Sólo estructurador de historias cotidianas

Profesor jubilado de la UPN/Ensenada

gomeboka@yahoo.com.mx

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