Una tradición con vanguardia y permanente innovación. (Imagen tomada de filmoteca.unam.mx).

 

1 En estos días se celebra el 31 Festival Internacional de Cine para Niños (y no tan niños). Una epopeya que siempre marcará la historia del sector cultural mexicano. A su fundadora, Liset Cotera, la conozco desde que éramos unos niños que se divertían en su vecindario de la colonia Villa de Cortés. Brillante, guapísima, estructurada y firme en sus vocaciones. A su hermano Guillermo, amigo de correrías, un destacado médico veterinario, confié la salud de mi perro Angol. Tuvo que dormirlo a los 10 años, con un profundo dolor compartido.

El compromiso de Liset con la niñez y el cine es su ADN. Coincidimos también en los estudios de Comunicación en la UAM Xochimilco, donde pronto despuntó en sus habilidades audiovisuales. La claridad de miras le hizo crear la asociación civil La Matatena y confirmar su labor independiente. En cada lanzamiento del festival, que es el eje rector de su organización (su catálogo de actividades anuales es amplio) obsequia una matatena.

La querida Liset Cotera ha sorteado innumerables obstáculos para el financiamiento anual de sus afanes y para sostener un equipo de trabajo experimentado. Simplemente es el único festival que tiene México con este perfil, calado y cobertura. Aunque en cada edición acompañado por diversidad de instancias públicas en los distintos niveles de gobierno, de empresas, de asociaciones de otros países, así como de representaciones diplomáticas, señalo que debería otorgársele al festival una distinción patrimonial que le dé garantías de permanencia y expansión constantes.

La Secretaría de Cultura y el IMCINE, de la mano de las empresas de la industria deberían proteger, cual monumento histórico, lo que Liset ha logrado. Por cierto, tenemos el privilegio de que ella forme parte del Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura (Grecu).

Los narradores Eduardo Antonio Parra (a la izquierda) y Carlos René Padilla. (Imágenes tomadas de librotea.com y corrientealterna.unam.mx).

 

2 Dos meses atrás, después del lanzamiento del libro colectivo Sucesos culturales 1988-2024, nuestra también colega del grupo y autora en el volumen, Paulina Castaño, me entregó una novela escrita a cuatro manos por su compañero, el notable narrador oriundo de Guanajuato, Eduardo Antonio Parra (Tierra de nadie, Nostalgia de la sombra) y por el reconocido escritor sonorense Carlos René Padilla (Yo soy el Araña, Bavispe). Se trata de la novela negra La Torre de Cristal (Random House, 2026).

La trama, vigorosa y entretenida nos traslada al asesinato, en su casa de Coyoacán, del líder comunista León Trotsky, ocurrido en 1940. Todo comienza en una cantina, donde el reportero que cubrió del cabo al rabo el acontecimiento, mientras juega una partida de dominó con sus pupilos, cuenta entre la nostalgia y la cátedra, lo que fue esta labor en su carrera en el periodismo de nota roja. La novela termina cuando dos de los investigadores logran sobrevivir, cual héroes de película, a un motín en la cárcel de Lecumberri. Se salen con la suya, hasta la última página, aquellos que mantienen en la bruma el plan del atentado.

No solo me quedo con lo logrado por los narradores Parra y Padilla. También con el sabor de quienes regresaron a los acervos documentales, buscaron costados no conocidos, vieron películas, releyeron la literatura del caso e inventaron una nueva manera de conocer las tuberías del poder político en tiempos de la presidencia del general Lázaro Cárdenas.

Tan relevante resulta volver a la historia como visitar el Museo Casa de León Trotsky, ubicado en Coyoacán, creado en 1990. En 2019 Netflix proyectó una muy buena serie, Trotsky.

3 Nos conocimos hace 44 años, al obtener la beca Salvador Novo del Centro Mexicano de Escritores. Fuimos becarios al lado de Estela Leñero, Emma Rodríguez, Alejandro Toledo y Fernando López. Guardo con cariño ese año de gran complicidad con José Antonio Lugo.

Hace unos días coincidimos en una comida. Entre los comensales estaba el notable narrador David Martín del Campo. Hubo un tiempo en que nos frecuentamos por amigos y causas comunes. José Antonio, amén de una esforzada carrera académica, como ensayista y escritor de discursos para tres presidentes de México (Fox, Calderón y Peña) es un esmerado editor.

Su editorial El Tapiz del Unicornio le publicó a David en 2025 el libro de cuentos La Caperucita Negra (otros títulos suyos son Dama de noche y Cielito lindo). Con prólogo de la escritora Anamari Gomís, el volumen nos entrega siete piezas narrativas que sintetizo como extraordinarias. Lo son por su pulida estructura, por lo que cuentan de la vida de una generación y por el vínculo que se dio con algunas de mis situaciones personales.

Me refiero a los cuentos “La vida en rosa”, “La novela prohibida” y el que da título al libro. Por ello le agradezco a David Martín del Campo el obsequio, como a Lugo el bello ejemplar. En unas horas me hizo meterme al arcón donde reposan desde hace años los demonios y los huecos del paraíso perdido.

Sólida trayectoria que se confirma en el nuevo libro de cuentos de David Martín del Campo. (Imagen tomada de loqueleo.com).

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