agosto 11, 2022

(Ilustración: Paso Libre).

Urge la cuarta transformación en la Ley del Cine Mexicano

(Ilustración: Paso Libre).

En los últimos años los abusos de programación de cintas estadounidenses han crecido de tal forma que semana a semana impiden que exista una buena explotación de las cintas mexicanas y del resto del mundo.

DOCE PELÍCULAS ESTADOUNIDENSES ESTRENADAS 2018

Fuente: Cuadro elaborado por el Observatorio Público Cinematográfico Rafael E. Portas, con datos de la revista Telemundo para el Grecu. El total de pantallas en 2018 fue de 7 mil 160 en la República Mexicana.

Mes a mes, la saturación de las salas de cine del país con material estadounidense es permanente y las grandes distribuidoras de la MPAA[1] (Motion Picture Association of America) tienen al borde de la ruina al 75 por ciento del cine mexicano. Todo, bajo la inacción de Alejandra Palacios, directora de la Comisión Federal de Competencia Económica quien no ve las malas prácticas comerciales como son la presencia dominante, las prácticas de cartel y la competencia ruinosa. Acciones prohibidas tanto en el artículo 28 de la Constitución Política Mexicana como en la ley actual de cine y otros ordenamientos.

En el pasado, para evitar este tipo de prácticas el presidente Miguel Alemán  promulgó en 1949 la  Primera Ley de la Industria Cinematográfica Mexicana, cuando México aspiraba  a ser una nación independiente y soberana. La ley se reformó tres años después, cuando se corrigieron algunos excesos y omisiones. La ley del 52 impulsó la producción de más de tres mil largometrajes durante las cuatro décadas de su existencia, años en los que se consolidó el imaginario mexicano que nos posicionó como una nación creadora y nos exportó como un país moderno y contemporáneo.

Se impulsó la creación fílmica y también se estableció que las pantallas del país deberían reservar el 50 por ciento de su tiempo para la exhibición de nuestro cine en las miles de plazas de la República Mexicana. Solo en las principales ciudades se peleaba semana a semana su cumplimiento contra las trasnacionales estadounidenses de la MPAA. En gran parte de las plazas del territorio nacional se cubrían los cines con más del 50 por ciento de películas mexicanas y se llegaba hasta el 100 por ciento en su programación. En ese tiempo se contó con una industria pujante y una cadena productiva sana que permitía recuperar las inversiones fílmicas al tiempo que se consolidaba el pensamiento de la nación.

La segunda gran reforma se realizó en 1992, tiempos neoliberales que consolidaron el entreguismo del país a los intereses de Estados Unidos con una ley impulsada por Carlos Salinas de Gortari y su equipo. Por presión del gobierno de EU se dejó sometida a la industria del cine a las “fuerzas del mercado”. En su momento, la comunidad fílmica protestó, advirtiendo sobre las nefastas consecuencias que tendría su breve articulado sobre el cine mexicano.  De poco sirvió  el total apoyo de la oposición frente  a los diputados priistas. La aplanadora mayoriteó la entrega del país y como se advirtió, en unos cuantos años se cayó la producción fílmica mexicana a solo dieciséis largometrajes por año y se provocó el cierre de  miles de salas cinematográficas en el país por falta de material fílmico.

Ante el desastre provocado por la Ley Salinas, la comunidad fílmica se movilizó y gracias a que en el poder legislativo existía mayoría de oposición se logró en 1998 la tercera reforma a la ley fílmica del país.  Este ordenamiento impulsó la recuperación de la producción cinematográfica nacional hasta los niveles alcanzados en los últimos cinco años: más de 150 películas en promedio al año. Desgraciadamente también en este tiempo la ley ha mostrado sus defectos y limitaciones.  A pesar de las buenas intenciones del legislativo no se logró propiciar la comunicación fluida y cotidiana entre los creadores del imaginario nacional y sus públicos, además que se cuenta con una cadena productiva insana que beneficia más a los exhibidores en tanto perjudica notablemente a los que producen y logran que se asista al cine.

El modelo económico cinematográfico vigente es clasista , discriminatorio y nos ha convertido en un exportador neto de regalías. Al mismo tiempo, nos coloniza ideológicamente con una concentración alarmante en los últimos seis años.

ESTRENOS Y PANTALLAS / DISTRIBUIDORES  AFILIADOS A LA  MPAA * 2012 – 2018

Fuente: Cuadro elaborado por el Observatorio Público Cinematográfico Rafael E. Portas con datos de Comscore, Rentrak, Nielsen, IMCINE  y propios, para el Grecu. El porcentaje se obtuvo de dividir el número de estrenos y copias totales del año de acuerdo a lo indicado en los cuadros anuales. *Los grandes estudios conforman la MPAA y actúan de forma coordinada. **A partir de este año se incluyeron las películas de festivales y muestras, por ello aparentemente hay mas estrenos. ***Se incluyeron los resultados del 2013 considerando copias ya que en ese año se cambió el criterio de captura de datos.  En el 2013 se pasó de considerar copias a pantallas; solo son de carácter informativo y no se están considerando en los resultados totales.

Para evitar que se perpetúe y crezca este tipo de malas prácticas comerciales que nos están colonizando mentalmente todos los días, urge que la llamada Cuarta Transformación reforme de manera urgente la Ley Federal de Cinematografía, tal y como lo señaló en sus promesas de campaña.

Han pasado veinte años desde la última gran reforma y la transformación tecnológica en el mundo ha sido enorme.  La reforma a la ley actual debe de realizarse de manera urgente antes de que entre en vigor el T-MEC. Hacerlo después resultaría inútil ya que se anularía lo comprometido.

Lo bueno: Actualmente se realizan las mesas de trabajo en la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados de la LXIV Legislatura para recibir y analizar las diversas propuestas de la comunidad fílmica mexicana. La Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC), la Asociación Nacional de Actores (ANDA), el Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica (STPC) y diversas organizaciones sociales como el Grecu, el Observatorio Público, la Organización de Consumidores de Cine y TV y el Movimiento Colectivo por la Cultura y el Arte en México (Moccam), entre muchos otros han presentado propuestas para la defensa de los públicos, los derechos de las minorías discapacitadas y lo necesario para contar con una cadena productiva sana que permita competir en condiciones de equidad e igualdad ante el monopolio estadounidense.

Lo malo: El presidente de la Comisión de Cultura, el diputado Sergio Mayer permitió la participación de la MPAA violando flagrantemente  la soberanía del Congreso y del país, ya que en el artículo 33 de nuestra Constitución se prohíbe terminantemente la participación política de empresas y ciudadanos extranjeros. Esto fue denunciado de forma pública tanto por la Secretaría de Cultura federal como por la AMACC, la Asociación Mexicana de Productores Independientes (AMPI), los sindicatos fílmicos y el Moccam, sólo por mencionar algunos. Además, la posición de Mayer es preocupante porque  se inclina por mantener los privilegios de los grandes empresarios y no en atender los derechos humanos garantizados en el primer capítulo de la Constitución, situándose en contra de los propósitos fundamentales del nuevo gobierno.

¿Dónde están los demás diputados de “Juntos haremos historia” para crear un nuevo modelo de país?

18 de agosto de 2019.

[1] MPAA es una asociación industrial sin ánimo de lucro con sede en EU que se constituyó para velar por los intereses de los estudios cinematográficos en el mundo. Sus miembros son los mayores estudios de Hollywood como Buena Vista, Sony Pictures, Paramount Pictures, 20th Century Fox (News Corporation), Universal Studios (NBC Universal), Warner Bros (Time Warner), Netflix y Columbia Pictures. También es conocido como el Film Board.

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