septiembre 24, 2021

A 100 años ¡el muralismo vive y va!

(Imágenes, cortesía del autor).

 

Hace 100 años el pintor Gerardo Murillo mejor conocido como el Dr. Atl, en los muros del ex colegio de San Pedro y San Pablo, levantó sus pinceles para pintar por primera vez un mural; pinceles que bajo la dirección de miles de artistas se siguen moviendo en los muros de todo el mundo. Nació una de las expresiones artísticas más importantes del siglo XX: el muralismo mexicano. Un arte que va a influir de manera contundente no solo en la plástica mexicana anquilosada entonces todavía por el arte europeo, sino que además va irrumpir en las escenas artísticas, políticas y sociales de nuestra nación para aportar de manera contundente en la construcción de imaginarios sociales sobre México, va irrumpir y coadyuvar en los procesos educativos y didácticos de toda una nación, pero sobre todo va a demostrar de una vez por todas la indiscutible función social del arte.

Por eso, este año en su primer centenario, los muralistas mexicanos le rendiremos homenaje a los artistas que nos antecedieron a través de un Manifiesto y de un Congreso Internacional a principios de marzo, para empezar, pero no en estas rutas oficiales, protocolarias, alienantes, acomodaticias y de dientes para fuera a las que están acostumbrados los gobiernos de la últimas décadas, que lejos de apoyar al muralismo se han dedicado a denostarlo o a destruirlo por sus contenidos políticos, sociales y subversivos y hasta perseguirlo en lo que yo llamo “Terrorismo artístico cultural de Estado”. En el que el muralismo solo les sirve a los gobiernos para hablar de la grandeza de México mientras violan derechos humanos y culturales de la comunidad artística y cultural del país, mientras destruyen el patrimonio y borran murales a lo largo y ancho del territorio nacional. Murales que resguardan la memoria y la historia de México a lo largo de un siglo. Cientos de obras extraordinarias, mutiladas o desaparecidas por funcionarios oficiales y hasta académicos que se esconden en su investidura como si fueran patrones o comisarios de lo que es artística y políticamente correcto y a los que les estorba la crítica; los debates que genera el muralismo o simplemente no coincide con su mediocre y limitado gusto estético o la moda en turno de las corrientes estéticas alineadas y marcadas por el capitalismo.

 

Cien años y contando: la obra mural de Gerardo Murillo, el Dr. Atl, de lo más preciado del patrimonio cultural de México. (Imagen tomada de la mediateca.inah.gob.mx).

 

Burócratas como virus

Los muralistas seguimos diciendo hoy que el muralismo se hace con el gobierno, sin el gobierno o por encima del gobierno y este Congreso no será la excepción ante una Secretaría de Cultura federal que se ha vuelto un elefante blanco habitado por la soberbia y la mediocridad y que encima tenemos que mantener. Pero parece un mal o un virus de la 4T la falta de visión hacia el arte público y muy concretamente hacia el muralismo, que es reconocido en todo el mundo menos en su cuna, México. Reconocimiento que seguimos teniendo los muralistas mexicanos cuando somos constantemente invitados a pintar en otros países en encuentros y congresos y a donde vamos representando orgullosamente al muralismo mexicano y a nuestro país y en donde mayoritariamente tenemos que autofinanciarnos con nuestro bolsillo porque rara vez hay un apoyo oficial para los muralistas.

Por ejemplo, en varias ocasiones planteamos la realización de un encuentro nacional de trabajo con invitados de 10 países y una derrama económica de más de 50 millones de euros en obra plástica donada por los artistas al pueblo de México, solamente recibimos largas para cubrir los gastos de estancia de alrededor de 100 artistas durante una semana.

O simplemente, la mediocridad tiene niveles tales, que al principio de la 4T se le hizo la misma propuesta a la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México y como respuesta de quien se cree patrón y comisario, una tal Benjamín González, a través de su gente, ofreció una cubeta de pintura para que se llevara a cabo el evento. Esa es la triste realidad que enfrenta el muralismo mexicano que, de ser un arte de Estado, hoy para el gobierno es una garambaina folclórica para turistas. Aún así, desde el 2006 cuando fundamos el Movimiento de Muralistas Mexicanos (MMM) hemos realizado mas de 25 encuentros en México y a nivel internacional, encuentros construidos por la gente en sus comunidades y pueblos y en conjunto con extraordinarios artistas solidarios, compañeras y compañeros que, sin cobrar un peso, han donado cientos de obras para enriquecer el patrimonio artístico de los pueblos.

Hay que recordar que el muralismo ha aportado a casi todos los ámbitos de la vida cotidiana de esta nación durante un siglo, desde los procesos educativos, construcción de imaginarios y simbologías colectivas (la ultima versión del escudo nacional con la que los patrioteros se desgarran las vestiduras, fue creada por el muralista Francisco Eppens), ciencia, tecnología, derechos de autor, patrimonio, legislación (en el 2008 logramos meter en la Cámara de Diputados el derecho a la investigación artística en el tercero constitucional, que sigue en la congeladora de la inopia legislativa), resguardo de la memoria, arquitectura, ciencia política, antropología, sociología y muchos más. Es decir, son un sin fin de herramientas y cosas que ha aportado el muralismo a este país por eso a cien años, ese gesto corporal, artístico e intelectual de un arte para el pueblo, con el pueblo y desde el pueblo, comenzado por el Dr. Atl, sigue vivo y vigente en las nuevas generaciones de muralistas que nos hemos dado a la tarea de mantenerlo vivo y de seguir construyéndolo desde diversas rutas, por eso siempre decimos: ¡El muralismo VA!

 

 

 

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