Cultura UNAM: cambia COVID
hábitos y consumo cultural

Sin duda, para numerosas interpretaciones los resultados del estudio promovido por Cultura UNAM. (Gráfica del estudio, página 136). Click para versión ampliada.

La Coordinación de Difusión Cultural ha realizado al menos tres grandes proyectos para conocer los efectos del nuevo marco social de la cultura producido por la pandemia que actualmente vivimos. En mayo del año pasado se dio a conocer el Estudio de opinión para conocer el impacto del COVID-19 en las personas que trabajan en el sector cultural de México. Al mismo tiempo la Cátedra Inés Amor de Gestión Cultural desarrolló el programa de debates en línea titulado El sector cultural tras la pandemia y, en octubre pasado, puso en operación la Encuesta Nacional sobre Hábitos y Consumo Cultural 2020 que, felizmente se presentó el pasado jueves 4 de febrero. Presento algunas consideraciones del estudio realizado.

 

  1. Una primera observación derivada de estas actividades desarrolladas por la UNAM es que ha llenado un importante vacío que las instituciones gubernamentales como la Secretaría de Cultura o las instituciones de las entidades federativas no han podido satisfacer, lo que implica una reflexión sobre el cumplimiento de esas instituciones de su papel como conductoras de la política cultural.

 

  1. Al sobrevenir el encierro y abrirse la enorme oferta cultural digital de este periodo, el consumo cultural, según los datos de la encuesta, se incrementó. Antes de que comenzara el confinamiento “Ir al cine” era practicado por 68 por ciento de los entrevistados. En la pandemia ha visto cine y/o cortometrajes 73 por ciento. Es cierto que también antes de la pandemia se veía cine y/ cortometrajes en línea, incluso en una proporción ligeramente mayor, pero en el periodo de confinamiento este consumo se mantuvo alto paralelamente a la ampliación del interés por otras expresiones artísticas.

 

  1. Esto último es uno de los datos más significativos del estudio: las condiciones de consumo digital obligadas por el confinamiento diversificaron los intereses de las audiencias. Por ejemplo, antes de la pandemia, 23 por ciento iba a representaciones de teatro y 14 veía transmisiones de una obra de teatro en línea; durante la pandemia este último porcentaje aumentó a casi 28. Otro tanto sucedió con la danza. Asistía a representaciones de danza 11.3 y las veía en línea 28 por ciento. En el periodo de la pandemia 35 por ciento de los encuestados vieron funciones de danza contemporánea en línea. Otras prácticas culturales como la participación en cursos y talleres en línea tuvieron un crecimiento aún más notable. Por ejemplo, antes de la pandemia 44.3 por ciento se interesaba por curso en línea; en la pandemia lo ha hecho 54.7.

 

  1. Un rasgo “oculto” del actual panorama de consumo cultural es que, si bien el enclaustramiento incrementó la demanda de bienes y servicios culturales, ésta ocurrió de un modo asimétrico, es decir, algunos consumos se ampliaron como el caso ya mencionado de los cursos en línea, pero otros disminuyeron. “Ir a museos”, una de las actividades más apreciadas antes de la pandemia, era de interés para 52.7 por ciento de los entrevistados y las visitas en línea a museos y exposiciones de arte las realizaba 33.7 pero, durante la pandemia, sólo fue de interés para el 29 por ciento. Se puede suponer que la experiencia sensual y afectiva de acudir a un centro cultural relacionado con el patrimonio o el arte no ha sido fácil de reemplazar por las opciones digitales, lo que puede mostrar los límites de la expansión de la oferta cultural digital que no puede abarcar expresiones tradicionales o muy sensibles que antes contaban con mayores oportunidades de desarrollo.

 

  1. Un resultado muy valioso de este ejercicio fue mostrar las diversas sensibilidades existentes ante el riesgo que representa la posibilidad de contagio. Por una parte, se puede reconocer que las mujeres y, en particular las de mayor escolaridad e ingreso, son las más aprensivas en este terreno. Y también lo es que ellas sean las más exigentes en cuanto a condiciones que prevengan de contagios. Una derivación de este panorama es que es posible pensar que la mayor indiferencia hacia el riesgo se encuentra entre los sectores de más bajo ingreso y escolaridad. Por otra parte, la encuesta también observa que los jóvenes no son reacios a las medidas de prevención y que, dentro de éstas, las más apoyadas son las que dependen de la propia responsabilidad como el uso del cubrebocas.

 

  1. El reto de las políticas culturales en lo que toca al acceso a los bienes y servicios culturales y a la participación en la toma de decisiones sobre la materia, es la desigualdad. Las nuevas tecnologías han abierto un periodo esperanzador en cuanto a que los recursos digitales parecen ser una oportunidad para enfrentar este problema, sin embargo, cabe también la consideración de algunas dificultades. La Encuesta Nacional sobre Hábitos y Consumo Cultural 2020 muestra que el recurso más utilizado para acceder a las plataformas digitales de cultura es el teléfono inteligente que en el país es usado por 80 millones de personas. Queda por analizar la calidad del servicio y las limitaciones que impone su costo. El México, en 2018, 81 por ciento de los usuarios de las líneas de telefonía móvil (121 millones) empleaba el sistema de prepago que es, a la larga, el servicio más caro de telefonía e internet. El teléfono inteligente es más empleado por jóvenes y mujeres quienes, en general, cuentan con menores ingresos.

 

El soporte del estudio provino fundamentalmente de la Ciudad de México. Sorprende la baja participación de estados de fuerte presencia nacional. Click para versión ampliada.

 

Puede ser cierto que los periodos de crisis agucen la creatividad y sirvan para desarrollar nuevos enfoques, ideas y recursos artísticos y también cabe considerar que es en esos momentos en que los intereses de los consumidores culturales pueden influir en el trabajo de los creadores para despertar su iniciativa y su imaginación. Es por esto que son necesarios más estudios sobre el consumo cultural y así poder vislumbrar el impacto de los consumidores en el proceso creativo.

Hay que conocer los hábitos y las prácticas culturales, lo que este estudio ha pretendido lograr, pero un paso más va a ser tratar de conocer el sentido de la experiencia de consumo digital hecha en aislamiento o con escasa sociabilidad, sin la apertura a la experiencia urbana. La vivencia de los consumos culturales es muy variada, la hay ocasional o por influencia externa, como también aquella que parte de una motivación interna y que busca convertirse en cómplice del proceso creativo. ¿Es posible esto último a pesar de la distancia impuesta por el aislamiento y la frialdad de la internet?

El consumo cultural, aparte de su relevancia económica para mantener o incrementar los procesos artísticos supone “externalidades” muy valiosas. Es un factor asociado a la educación, el ocio, la evasión, el descanso y la relajación, el placer, la meditación y la reflexión en uno mismo. ¿Realmente se puede lograr esto con el consumo cultural a distancia? Las posibles respuestas a esta interrogante están por conocerse, pero La Encuesta Nacional sobre Hábitos y Consumo Cultural 2020 es un importante paso en este sentido.

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