diciembre 3, 2021

Aguascalientes desde un artista visual

Sombra (óleo, acrílico y material de cargo sobre madera, 2018), de Juan Castañeda. (Imágenes cortesía del autor).

 

AGUASCALIENTES. En México, en general, se ha acostumbrado a comparar a lugares y ciudades con referentes históricos o geográficos de importancia, así a Aguascalientes como a otras ciudades, se les ha considerado como “la Atenas de México”, de la misma manera como se le ha llamado a Xochimilco “la Venecia mexicana”. En ambos ejemplos hay mucha distancia de la realidad aun cuando en Xochimilco haya canales y en Aguascalientes se promueva y se difunda la cultura de las Bellas Artes, la que se cultiva, la que proporciona el conocimiento, la creatividad y el desarrollo humanista de quien se acerca a ella. La cultura antropológica, la de costumbres y de forma de vida, de características y raíces, esa se da por sí misma en todas partes. Todo lo que modifica el humano es cultura.

Es cierto, nuestra ciudad se destaca por la promoción y difusión cultural institucional desde hace mucho tiempo. Para ello se cuenta con una gran infraestructura que crece y es apoyada -no siempre como se deseara- por gobiernos y universidades. Existen y han existido personajes destacados en las actividades del arte y la cultura nacidos aquí que, salvo honrosas excepciones, se han formado en nuestra ciudad tanto en la creación como en la promoción. Los demás, así como la mayoría de los artistas de todos los estados de la república, han emigrado y se han proyectado desde la Ciudad de México: Jesús F. Contreras, Manuel M. Ponce, Ramón López Velarde, José Guadalupe Posada, Eduardo J. Correa, Saturnino Herrán, José F. Elizondo, Francisco Díaz de León, Enrique y Gabriel Fernández Ledesma, Víctor Sandoval, Enrique Guzmán y muchos más; actores, dramaturgos, ilustradores, caricaturistas. En Fin, tenemos mucho de que presumir.

Ahora bien, ¿qué tanto incide esta cultura en la sociedad? Me parece que no tanto, no lo suficiente como para merecer el nombre de la “Atenas de México”. Por supuesto todo visto desde una apreciación muy personal ya que lo hago desde mi posición en una sola de las ramas del arte, las artes visuales desde y hasta donde puedo observar y opinar siendo consciente de que es solo una parte de una comunidad del arte y la cultura, la cual adolece de muchas partes principalmente en la sociedad civil.

 

A la fiesta (óleo, acrílico y lápiz sobre papel amate montado en tela, 2020), de Juan Castañeda.

 

Una comunidad amplia incluye centros de enseñanza, productores, periodismo cultural, críticos de arte, historiadores, investigadores, galeristas, directores de museos, coleccionistas, mecenazgo y desde hace algunos años las ferias de arte y la preponderancia de los curadores. Solo hay centros de enseñanza, productores, galerías, museos y escasos e inestables programas de mecenazgo, todos institucionales que promueven y difunden con la misión de sensibilizar a la población. La sociedad debería de involucrarse más en la cultura como una empresa.

En nuestro medio, fuera de las instituciones, solo existen algunos representantes en Aguascalientes de artistas de espectáculos masivos, uno o dos talleres de impresión gráfica, algunas agrupaciones teatrales y tal vez alguna productora de cine y/o video que se acercan a lo que puede parecer una empresa cultural. Es ahora que hay un interés de una empresa cultural con la visión y ambición de cubrir profesionalmente todos los ámbitos de la cultura.

Las artes visuales que, reitero es la rama en la que estoy inmerso, debe de enfrentar infinidad de circunstancias para la continuidad de los productores. Primero encontrar un modus vivendi, pues no existen las galerías privadas que se dediquen a la venta de obra. Y no existen porque no hay a quien vender, pues si bien es cierto que el ser humano necesita cubrir necesidades estéticas, quien tiene poder adquisitivo prefiere cubrirlas con pintura y objetos adquiridas en las tiendas departamentales en la sección de “hogar y decoración”.

Algunos productores dirán que sí venden en su propio ámbito social y/o económico, pero comercian pintura o modelado, no arte. Porque cuando me refiero al arte, hablo de la obra comprometida con la creación, con la técnica y con la propuesta que trascienda a la emoción del espectador, que lo haga crecer y creer en lo espiritual que satisface al yo interno. Por supuesto que talentos con esas y más cualidades los hay, además los que en su desarrollo son capaces de elevarse por encima de su propio ser y llegar a considerarse posibles dignos herederos de las glorias de Herrán, Posada y Contreras. Las dificultades por lo general es el artista que no es vendedor, no lo sabe hacer, es un creador que necesita la soledad del estudio para manifestar en una superficie o un volumen, la forma, el color, textura e ideas producto de su imaginación. Necesita un promotor, un gestor, un galerista.

 

En primavera (óleo, acrílico, recortes de fotografía y arena sobre madera, 2020), de Juan Castañeda.

 

Después tiene que abrirse paso en un escenario donde por todo lo anterior, no hay visibilidad del artista, para ello solo tiene el posible apoyo de las instituciones que lo darán a conocer localmente, que no trasciende más allá de los límites estatales. Los concurso regionales o nacionales en los que tiene que destacar, son donde puede ir adquiriendo una presencia artística nacional, o de plano, irse a producir su obra a la Ciudad de México. Es cierto que no tiene que esperar que las autoridades culturales le resuelvan todo, pero también es cierto que las mismas, cuando pretenden enriquecer la oferta local, importan exposiciones, talleres, conferencias y personalidades del centro pero nunca difunden la obra local hacia el centro o cualquier otro lugar. Aquí vuelve a aparecer la necesidad de la galería particular que gestione la movilidad del artista y su obra.

Existe la carrera de Arte y Gestión Cultural ya con varias generaciones de egresados, pero ejerciendo ocasionalmente o en pequeños colectivos que se dedican a ofrecer talleres de aprendizaje enfocados al desarrollo de habilidades manuales y no a las del pensamiento de donde surgen los creadores del arte.

Tal vez parezca desolador el panorama expuesto, pero mi deseo es que realmente Aguascalientes sea un lugar de cultura donde la sociedad sea parte y no solo sectores que además no son permanentes. Por lo demás, podemos seguir siendo un lugar de gente buena.

Comparte en:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *