Algunas aproximaciones y axiomas. Apuntes del (des)confinamiento

La arquitectura en la era de la democracia cultural. El Elbphilharmonie, en Hamburgo, abrió sus puertas en 2017. (Imagen tomada de arquired.com.mx, fotografía de Thies Raetzke).

 

En seguimiento a la entrega anterior ¿Democracia? ¿cultural? ahora intento presentar algunas aproximaciones y axiomas que no son en absoluto el descubrimiento del hilo negro, sino el acto escrito de dar continuidad reflexiva: compartir ideas.

Desde un punto de vista histórico y antropológico, de sociología, es entendible que cada régimen, independientemente de los contenidos-ideología, las formas y medios como se establezca, dentro de sus filas o con grupos afines se deconstruye el régimen anterior para construir otro, ya sean únicamente unos matices del régimen pasado o un cambio a profundidad, es parte de la lógica social tanto política como económica y cultural, donde la democracia y sus binomios se potencian como el método más idóneo para dirimir y consensar las diferencias bioculturales; lo social y lo comunitario, así como lo global. Partiendo de esto, en lo que también compete al neoliberalismo y, por ende, en su afán de lograr el México moderno y desmantelar los acuerdos del México posrevolucionario, la amplitud y diversidad biocultural de México se re significó como un producto que diera sostenimiento democrático y legítimo al régimen neoliberal, quizás ideológico o axiomático de principios económicos-políticos estructurados en una lógica de especulación financiera, mercados y de libre comercio que, a su vez, sumara en el menú mercantil la multiculturalidad y la biodiversidad en una visión moderna o posmodernista gestada en la década de los ochenta.

Asimismo, lo hizo el México posrevolucionario y el actual régimen lo lleva a cabo. Los regímenes con la idea o invocación del uso de la “democracia” ésta se vuelve idónea para que sea aceptado el régimen a seguir, siendo evidente que esto genere diferencias y posturas hasta irreconciliables de la manera de entender y ejercer el poder tangible y simbólico de las riendas económicas-políticas-civiles de un país de sociedades y comunidades tan diversas como México.

En este sentido, el neoliberalismo en su propia lógica hace uso de los patrimonios simbólicos y tangibles e intangibles un bien comercial, en una desregulación de mercados y libre comercio con dos grandes componentes que determinan todo flujo comercial global o local e intrínsecamente biocultural que son:

 

  • Las diferencias, no acatamientos o interpretaciones de las legislaciones locales, regionales y globales en materia de protección, conservación y difusión de los patrimonios dejándolos vulnerables en materia de derechos de autor e intelectual, patentes y la tradición oral o de usos y costumbres no considerados científicos.

 

  • Y el ecosistema propio de la Internet donde fluye permisiblemente la piratería “legal” y la que permanece fuera de la observancia jurídica, ambas vulneran la creación como producto y como acto creativo, en su caso hasta de soberanía. Además de la extracción y explotación de los datos con o sin consentimiento y conocimiento del usuario o navegante, para usos mercantiles a través de algoritmos de comercio y su componente social que favorezcan prioritariamente la tasa de ganancias y el poder simbólico.

 

La “democracia cultural y ciudadana” neoliberal se apropia del término en un esquema de una estructura o reformas económico-políticas y civiles que facilitaron el acto comercial de flexibilizar o imponer un mecanismo de mercados para el flujo de los bienes y patrimonios de un país de amplia gama y profunda diversidad biocultural como lo es México. El resultado hoy día obliga que toda pretensión de cualquier tipo de régimen para modificar implica generar acuerdos incluyentes y de respeto a la diversidad, a través de consensos y aproximaciones de principios de convivencia equilibrada, equitativa e igualitaria según sea tan amplia la cantidad y cualidad biocultural a tratar. En México es insoslayable e impostergable considerar y organizarse en función de atender la otredad en sinergias con todos los sectores públicos, privados y civiles en una planeación y proyecto transversal que desarrolle un entendido común de democracia cultural y ciudadana por donde transitar la diversidad biocultural mexicana, la cual es parte de una realidad global y mediática o tecnológica.

Es ahí donde se desarrollan las industrias bioculturales y las que no son industrializables, pero si con un flujo local y comunitario. Es decir; la diversidad biocultural en el entendido neoliberal es y se utiliza como un producto de mercado de libre comercio y de especulación financiera, como muestra los capítulos al respecto o lo que se menciona u omite en los tratados económicos con América del Norte. Pero la diversidad biocultural en México es más que eso y se traduce en métodos no sólo monetarios para expandir su potencial creativo y natural, empezando por entenderlo en sus propias lógicas e intereses: nuestros recursos bioculturales correctamente administrados y respetados por todos los actores económicos, políticos y civiles en México y fuera de nuestras fronteras.

No es tarea fácil, pero si alcanzable desde las acciones comunitarias y las familias como principio y fin último el individuo junto con su comunidad, porque citando nuevamente a Rafael Lemus sobre nuestro neoliberalismo: “Acaso ésa sea su mayor conquista: haberse confundido con la forma misma del país”. Y, eso es una sola la voluntad neoliberal de su totalidad, pero no son las realidades o los diversos México.

Incluso es necesario que, en el proceso actual de cambio de régimen, ejerzamos una mayor participación como sociedades-comunidades y más pensamiento social-comunitario desde nosotros mismos, para que, quizás así, estemos realmente hablando del desarrollo de una democracia cultural y ciudadana plural e incluyente. Donde es fundamental que las políticas públicas en general, el Estado y sus diferentes niveles de gobierno y poderes, sean facilitadores incluyentes que incentiven la bioculturalidad para hacer viables y transversales en el país las manifestaciones y expresiones creativas, artísticas, culturales, educativas, científicas, sociales, comunitarias, tradicionales y su relación inherente o consustancial con la biodiversidad y sus recursos energéticos.

Todo esto que en sociedad y comunidad vamos construyendo y no sólo desde el poder cultural e intelectual -pese a su empeño de monopolizarlo- sino desde las familias y comunidades, nos invita urgentemente a re descubrir, conocer, respetar, consumir, vivenciar y aceptar nuestras industrias bioculturales y no industrializables. Viajar por tu barrio, localidad, ciudad y nuestro país México es un gran y perfecto inicio. Me permito ponerlo en la mesa, si la actual pandemia deconstruyó tu realidad pues ahora constrúyela con el poder de transformación y elementos de apoyo de la multiculturalidad y biodiversidad mexicana para ampliar tu conciencia y libertades, en verdad decídete porque se necesita de todos. Sigo insistiendo.

 

Cuestión de rutas. (Imagen tomada de bzarquitectura.com).

 

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