La fiesta, rebeldía y protesta habían terminado. Miles que participaron en la 43 Marcha del Orgullo LGBT+ regresaban a casa y en su camino se toparon con la realidad de siempre: lugares para comer atiborrados, banquetas apañadas por los vendedores informales, artistas callejeros haciendo su faena e indigentes sobreviviendo con lo mínimo o nada.

Frente al Palacio de Bellas Artes, dos hombres intoxicados por alcohol u otra cosa, daban un ejemplo de empatía: el más joven trató de levantar al anciano que estaba tirado en el piso, que sólo balbuceaba palabras incompletas.

Lo intentó varias veces, pero tampoco tenía las fuerzas para hacerlo. Finalmente, después de varios minutos, el viejo se levantó con mucho trabajo, tropezando con la vendimia que estaba alrededor; apoyándose en las paredes, cargó con un gran bulto y se fue dando tumbos hacia la Alameda, sin importarle las mentadas de madre por tirar las mercancías de la vendedora.

 

26 de junio de 2021, avenida Juárez, Ciudad de México.

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