Bitácora de un cautiverio: La Parábola del coronavirus

Si ni estampitas ni jaculatorias aseguran la protección de nadie ¡qué olvidadizo, ignorante o merolico! Es ese gobernante, que, desde un púlpito imaginario, presume su buena suerte con un trébol de 4 hojas, o más adentrito, en su pecho, lo que pudiera ser un amuleto adquirido en el inventivo ambulantaje, que igual tose o estornuda a un costado de Palacio Nacional. Lo de menos sería su falta de laicidad, sino la desmemoria del “Ayúdate que yo te ayudaré”, o del “predicar con el ejemplo”. Y hasta parecería ocioso, rememorar aquí líneas del Apocalipsis de San Juan, sobre todo tan cerca ya de Semana Santa, cuando escandalosamente puede aumentar el número de sacrificados y no precisamente en la punta del Monte Calvario. (Alejandro Ordorica).

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