
De manera ilustrativa recurro al caso de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), para que las partes en conflicto por el futuro de la Casa del Poeta intenten encontrar soluciones con terceros en concordia. Por cierto, recordemos el lema: Casa Abierta al Tiempo.
Los recintos culturales bajo control de la Rectoría General de la UAM combinan dos modalidades. Unos fueron concedidos por diversos actores, bajo distintos marcos jurídicos y otros se adquirieron para cumplir con el mandato de la Ley Orgánica. Con ello, se dio paso a un conjunto patrimonial, a vocaciones de servicio, a fuentes de trabajo y a presupuestos que se suman a la infraestructura cultural de las cinco unidades con que cuenta la universidad.
Veamos: la Casa de la Paz que se convirtió en teatro vino de la Secretaría de Relaciones Exteriores. La Casa de la Primera Imprenta de América la dio el INAH. La Casa Rafael Galván fue donada por el Instituto de Estudios Obreros Rafael Galván, cuyos integrantes formaron parte del Sindicato de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana.
En la primera sede de la Dirección de Difusión Cultural (luego cambió a Coordinación General de Difusión) se construyó la Galería Metropolitana. La Casa del Tiempo fue otra compra, una bella residencia que perteneció al político Ezequiel Padilla. En años recientes, la UAM se hizo del hogar de Leonora Carrington, para establecer la Casa Estudio de la artista.
Resulta que cinco de los seis espacios se encuentran próximos entre sí y dentro de la Alcaldía Cuauhtémoc. La otra Casa se ubica en la Miguel Hidalgo frontera con la Cuauhtémoc. La única unidad que cuenta con un centro cultural fuera del campus es la de Iztapalapa, la Casa de las Bombas, a unos cuantos metros.
El recuento revela lo que la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, y la secretaria de Cultura, Ana Francis López, deben hacer. Les corresponde comprender que la decisión de política pública no es que se adueñen de la Casa del Poeta, tras propiciar la disolución de la organización donataria y del permiso para operar como establecimiento mercantil que la sostenía. Incrementar la operación de infraestructura cultural, cuya vocación no fue definida para el usufructo del gobierno, a la larga solamente generará problemas por la falta de eficacia administrativa y presupuestal.

En el otro lado de la mesa de diálogo, la comunidad cultural y meritoriamente quienes han liderado la oposición al viraje propuesto por la secretaria de Cultura, deben comprender que la solución es poner en manos de otra instancia la Casa del Poeta. Una transferencia, en un modelo novedoso, a una Institución de Educación Superior (IES), pudiéndose combinar una codirección como patrocinio entre IES públicas y privadas ya que, en esencia, así fue la naturaleza jurídica del recinto velardiano hasta el 2025.
A la solución pueden integrarse El Colegio Nacional, la Academia Mexicana de la Lengua y el Seminario de Cultura Mexicana. Si vamos más allá, la figura de una cooperativa -despejen los prejuicios, las hay que son ejemplo de eficacia en el ámbito artesanal como la histórica Pascual- es una forma de regenerar las oportunidades en la administración de bienes públicos culturales. Incluso se vale el concurso de organismos internacionales, con su cauda de filántropos.
Por supuesto que cualquier intento por resolver el problema y revitalizar la Casa del Poeta Ramón López Velarde pasa por el gobierno del estado de Zacatecas. El conflicto les atañe más aun siendo del bloque morenista. Debería estar representado en la mesa de diálogo como otro facilitador de este, al lado de Edgardo Bermejo. No pocas entidades gobernadas por Morena pueden contribuir a la figura nacional e internacional que es el creador nacido en el municipio de Jerez de García Salinas.
Más allá las descalificaciones por el aparente desplante de ingenuidad – ¡pero si nadie tiene dinero! ¡la filantropía compromete la independencia! – lo que cursa en el escenario actual a uno y a los otros, es una larga espera en suerte de competencia de vencidas. Y en esas jugadas ya saben que gana el más fuerte a punta de músculo, como amarga es la derrota.

Eduardo Cruz Vázquez
Eduardo Cruz Vázquez periodista, gestor cultural, ex diplomático cultural, formador de emprendedores culturales y ante todo arqueólogo del sector cultural. Estudió Comunicación en la UAM Xochimilco, cuenta con una diversidad de obras publicadas entre las que destacan, bajo su coordinación, Diplomacia y cooperación cultural de México. Una aproximación (UANL/Unicach, 2007), Los silencios de la democracia (Planeta, 2008), Sector cultural. Claves de acceso (Editarte/UANL, 2016), ¡Es la reforma cultural, Presidente! Propuestas para el sexenio 2018-2024 (Editarte, 2017), Antología de la gestión cultural. Episodios de vida (UANL, 2019) y Diplomacia cultural, la vida (UANL, 2020). En 2017 elaboró el estudio Retablo de empresas culturales. Un acercamiento a la realidad empresarial del sector cultural de México.

