Cleofe: los mensajes de una karateca (5)
Los menesteres variopintos

No es jugadora de billar, pero se etiqueta como súper fan del terciopelo que le da consistencia a la mesa. Cleofe, al tomar la escena del juego “yo tan comprometida con lo verde, menos con la mota, me da miedo, aunque reconozco que en ciertas circunstancias a una personita le ponía sabrosamente intenso”, se sujetó a los efectos de la carambola.

En sus mensajes Cleofe alega así: “Consecuencias de bandas y choques redondos, bloguerín editor. Un accidente, la cicatriz al costado de mi oreja izquierda, un corazón salido de su lugar, chingada migraña, amantes exigentes, jodida confabulación de achaques mediados por herbolaria, un hijo más que demandante, el divorcio del siglo.

“Si no cambias la jugada, la calaca se dará el gusto de llevarte en la resignación. Nanches, nel mi coronel. Giro, como en la Yoga; se le da duro y tupido, o se va al sepulcro”.

Estratega de precisión, próxima a sus seis y medias décadas de “maravillosa existencia” y de cara “a los lustros de consolidación”, Cleofe se quitó la careta. “Es la gran exclusiva que te perfilo, contador de historietas con 20 lectores. Al diablo la facha yoguini. En unos cuántos años viré y heme aquí: toda una cinta negra. Entre la ficción y la realidad, esto de madrear es cool”.

Recorridas todas las gamas de la conducta humana, relata la panameñobeliceña, ser una “criolla de ojos agua viva-turquesa como pocas”, se enfila a la vejez, “con toda la disposición, para sostenerme en la vitalidad”. Claramente busca coronar “como si fuera capo de la droga en faena”.

La conversión no es tan difícil de entender, me dicta.

“Una generala debe llevar lejos su autoridad, como un Jefe de Jefes. Ocultar todo aquello que vulnere su respetabilidad. Dominar el territorio con el reguero de cadáveres y sobrevivientes que lo habitan. Gracias al karate entendí que, para lo que me restara de vida, era clave pasar de la docilidad concertada, a la agresividad conquistadora. O alcanzo lo que deseo o nada tiene sentido”.

Propios y extraños cuestionaron el “cambiazo”. Pero subordinados a sus embrujos, la mayoría dieron rienda suelta a sus decisiones.

“No les tomó muchos meses entender que iba por la ruta correcta”, añade Cleofe en su mensaje. La prueba reina, como dice el clásico, llegó a la hora de erradicar al último acompañante. Eliminarlo era el paso al “ajuste estructural”.

“En paralelo a mi clientela yoguinesca asentada en mi domicilio particular, avanzaba la karateca en un exclusivo centro de enseñanza nipón. En el tránsito, pobre hombre el de mi entrada triunfal al ajustazo sexisesentero. Tan amable que ni por aludido se dio. Listo el cierre del ciclo, nada más vi con delicia cómo se retorció cuando de dos patadas estaba en la calle”.

En suma, Cleofe erigió la cumbre de su imperio. “Y decidí que fuera la instauración un diciembre, así mero, terminar el año para que el siguiente todo fuera distinto. No dejo de sentir cierta compasión por ese hombre que como pato en vuelo, fue derribado en esa memorable ocasión. Sabroso el pato, si es con receta uruguaya”.

¿Qué tiene que ver Uruguay? La karateca Cleofe no deja eslabón suelto. “Hay un victorioso y se llama hijo, el felizmente convertido en uruguayo, prominente hombre de negocios, tras años de estudio, exilio y esmero migrante de la otrora capital de la Nueva España, aña, ñaca ñaca. Me reservo el nombre, que no es el de su padre. Debilidad total que al hermano le tiene sin cuidado, sabidas las contraprestaciones del caso. Por lo demás, ese chamaco segundón es fiel guardián de sus ancestros al ser notable abarrotero”.

Ajusten cinturones, la turbulencia no derriba el vuelo de Cleofe: “Nada ha podido, ni podrá alterar lo que este hijajajazo representa. Invariablemente ha sido la pared con la que han topado todos, incluyendo al que lo trajo al mundo. Ni un ápice si de él se trata, por más que cualquiera intentara mirarlo feo. Rendida, hago lo que le guste: aquí su sierva, madre, compañera, amigocha, lo que sea”.

La pleitesía es irrevocable, según Cleofe, “y que digan misa”. El innombrable, su circunstancia y la de los descendientes, a pesar de “una nuera que espero no termine poniéndole el cuerno paraguayo. Chula la chica de Bolivia, pero peligrosa. Anhelo que mi tardía enseñanza del karate le ayude al vástago, en caso de requerirlo”.

Nobleza del oficio, concluye Cleofe. “Punto y aparte dije, y por eso yogueros y demás de la especie, se fueron a la banca del eterno descanso. El karate me puso a tono en la etapa de adulto mayor y con tres perruchines de escuderos. Extrapolo mi docencia y me aplico, la aplico. El respeto y la veneración de la que gozo tras encomiable trayectoria es la plenitud lograda”.

Eso sí, las bases nunca se olvidan, por ello “esbeltez, apertura, flexibilidad, agarre, chakras en armonía, siguen y seguirán reinando, tumbando caña, abonando la leyenda”.

Este bloguero, periodiquero ero (no eros), transcriptor, interpretador or y anexas exas, no esas, lejana y próxima Cleofe, no deja de sentirse privilegiado de la tarea de escribano.

Como sea, he tratado de ser fiel (qué miedo serte infiel, aunque en alguna línea lo he sido) y ojalá los cinco lectores que han acudido a estas páginas digitales hayan estado entretenidos con los mensajes de la karateca.

Un rápido y trepidante recorrido por la vida, obra y gracia de una lectora que, en tiempos de la cultura electrónica, de pandemia y arrebatos multifuncionales, le dio la confianza a un pinche, olvidado y persistente blog con su bloguero.

Epílogo ogo gogó y ardiente, aun sin llamas ni pólvora, en la entrega final.

Entregas anteriores aquí:

https://pasolibre.grecu.mx/cleofe-los-mensajes-de-una-karateca-1-saber-provocar/

https://pasolibre.grecu.mx/cleofe-los-mensajes-de-una-karateca-2-la-tierra-es-de-quien-la-trabaja/

https://pasolibre.grecu.mx/cleofe-los-mensajes-de-una-karateca-3-sabores-del-origen/

https://pasolibre.grecu.mx/cleofe-los-mensajes-de-una-karateca-4-de-entrada-por-salida/

 

Niña con patos (pintura en lienzo, 2013) de María Luisa Domínguez Bascoy (España). (Imagen tomada de artmajeur.com).

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