diciembre 5, 2022
Elefante verde, así califican diversos sectores al Gran Museo del Mundo Maya. La inversión millonaria que es deuda pública, así como negocio para quienes financiaron la obra, es objeto de negociaciones por parte del Gobierno del Estado. (Imagen tomada de reporteyucatan.mx).

 

MÉRIDA. Yucatán, ubicado en la zona cuna de la civilización ancestral maya en el sureste del país, posee múltiples expresiones culturales que toman forma en la jarana (danza), la trova yucateca (música), un gran número de zonas arqueológicas como Uxmal o Chichén Itzá (arquitectura), un enorme espectro de tradiciones y costumbres, además de un turismo creciente en busca de cenotes, pueblos mágicos y playas.

Recientemente, su ciudad capital, Mérida, fue denominada Ciudad Creativa Gastronómica por la UNESCO (2019), además de ser nombrada Capital Americana de la Cultura en dos ocasiones (2000 y 2017). En 2015, se firma la Carta de Derechos Culturales de Mérida y en 2016 se adhiere a la Agenda 21 para la cultura de la CGLU. Lo anterior, refiere a una gestión cultural dinámica, la cual se ha mantenido más o menos constante y estable, gracias a la cohesión entre numerosos artistas, colectivos, instituciones y autoridades, independientemente de las inclinaciones políticas y partidos en los gobiernos tanto estatales como municipales.

Un paso importante en materia de cultura en Yucatán se dio en el año 2011, y fue la transformación del Instituto de Cultura de Yucatán (ICY) a la Secretaría de Cultura de Yucatán (hoy Secretaría de la Cultura y las Artes SEDECULTA). Cabe señalar que el ICY había tenido importantes logros como la conformación de la Orquesta Sinfónica de Yucatán, la cual dio su concierto inaugural en el teatro José Peón Contreras, máximo recinto cultural del estado, en el año 2004.

Sin embargo, pese a que estos logros significaron eventos trascendentes que enriquecieron el quehacer cultural en el estado, también se han detonado otras acciones que han dejado más dudas que certezas. Una de las más sonadas fue la inauguración, en el año 2012, de una de las obras más controversiales en la historia del estado: el Gran Museo del Mundo Maya, ubicado en la zona norte de la ciudad de Mérida, cuyo costo total fue de varios cientos de millones de pesos de acuerdo con cifras oficiales. Vale la pena señalar que la iniciativa de contar con un recinto que rinda homenaje a una de las civilizaciones más importantes en el mundo, parecería algo lógico y hasta obligado para una administración estatal en Yucatán; no obstante, los altos costos de operación y mantenimiento del Museo, la poca difusión de sus actividades, sumado al nulo impacto de éstas en materia de políticas culturales que abonen al desarrollo de las comunidades indígenas mayas del estado, dieron a este edificio su carácter de “elefante blanco”, mismo que permanece hasta la fecha.

 

En 2022 la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY) cumplirá el centenario de su fundación. (Imagen, sin fecha ni autor, tomada de mexicoenfotos.com).

 

Entre los aciertos de las administraciones estatales en materia de políticas culturales, se puede mencionar el apoyo a iniciativas de actores estratégicos del estado, como la Universidad Autónoma de Yucatán, que en 2022 celebrará el centenario de su fundación, acontecida el 25 de febrero de 1922 por decreto del entonces gobernador del estado Felipe Carrillo Puerto.

La creación, en el año 2012, de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (FILEY), considerada como la actividad literaria más importante del estado y uno de los principales acontecimientos culturales del sureste del país, da cuenta de lo que se puede lograr integrando a una institución de educación superior en la gestión cultural estratégica de cualquier estado de la república. La FILEY recibe año con año a miles de visitantes tanto en sus ediciones presenciales como en la virtual, realizada en los meses de abril y mayo del 2021. Actualmente, como fruto de la creación del Programa Institucional de Cultura para el Desarrollo en 2016, la UADY ha desarrollado una oferta de más de 30 talleres artísticos y culturales que se imparten como asignaturas libres a cerca de mil estudiantes universitarios de los 5 campus por áreas del conocimiento (Arquitectura, Hábitat, Arte y Diseño; Ciencias Sociales, Económico-Administrativas y Humanidades; Ciencias de la salud; Ciencias Biológicas y Agropecuarias; y Ciencias Exactas e Ingenierías).

Durante la pandemia por COVID-19, la oferta de asignaturas tales como canto coral, pintura, dibujo, apreciación cinematográfica, a leer sin libros, oratoria, radio cultural, danza jazz y gestión sociocultural, entre otras, se adaptaron con éxito a la modalidad virtual, siendo la UADY de las pocas instituciones en el estado que ofrecieron este tipo de actividades en línea, con una satisfacción del 95% de los estudiantes, y efectos positivos que ayudaron a contrarrestar con los negativos generados por el aislamiento social: depresión, estrés y ansiedad (lo anterior, de acuerdo con la encuesta de satisfacción realizada en 2020 y 2021 a una muestra de 368 estudiantes que participaron en la oferta de asignaturas culturales, en la que se les preguntó, entre otras cosas, si participar en dicha oferta les había ayudado a sobrellevar los efectos del aislamiento).

 

El prócer Felipe Carrillo Puerto, en Abalá, uno de los 106 municipios de Yucatán. (Imagen tomada de flickr.com).

 

Centralización sin escape

El panorama cultural de Yucatán ha dependido, en gran medida, de lo que acontece en Mérida, ciudad capital y uno de los 106 municipios que conforman el estado. Mérida concentra más de la mitad de la población total de Yucatán. Ha sido históricamente el eje económico y cultural del estado, lo que da una percepción de centralista a la gestión cultural estatal, dejando al resto de los municipios un tanto rezagados cuando se analizan aspectos como accesibilidad y democratización de la cultura, infraestructura cultural, y acceso a fondos y apoyos, entre otros.

Las administraciones municipales de Mérida en los últimos 20 años han realizado acciones destacadas con el fin de proyectar a la capital como un centro cultural atractivo en el sureste del país. Mérida ha sido nombrada Capital Americana de la Cultura en dos ocasiones (2000 y 2017), la segunda siendo alcalde el actual gobernador del estado Mauricio Vila Dosal. En 2019, la administración municipal del panista Renán Barrera Concha (actual alcalde de la ciudad), consolida otro hito cultural importante para Mérida, al ser designada Ciudad Creativa Gastronómica por la UNESCO, sumándose a ciudades como San Cristóbal de las Casas (artesanías), Querétaro (diseño) y Guadalajara (Artes Digitales) entre otras.

Con la transición presidencial de 2018, el panorama nacional en materia de cultura se dibujaba esperanzador: el nombramiento de Alejandra Frausto Guerrero como secretaria de Cultura, mujer de amplia experiencia siendo jefa de Difusión Cultural en la Universidad del Claustro de Sor Juana; la descentralización de la dependencia federal cuya nueva sede sería Tlaxcala; así como la presentación del proyecto de Frausto “El poder de la Cultura” con ejes como “Agenda Digital”, “Vida Creativa”, “Cultura Incluyente” y “Vinculación Comunitaria”, son algunos de los elementos que hacían pensar en un renacimiento y rediseño de las políticas culturales de México y, por ende, de los estados. Sin embargo, el anuncio de un recorte al presupuesto del sector cultura por alrededor de 1,000 millones de pesos al inicio de la presente administración federal, además de la presentación de proyectos controversiales como el Tren Maya, cuya ruta de 1,500 kilómetros afectaría a distintas poblaciones indígenas de Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo, suponen una amenaza creciente no solo para el panorama cultural de Yucatán, sino de todo el sureste del país.

Ante esta proyección desfavorable del sector cultural a nivel nacional, se dibuja un escenario desafiante para el estado. El cierre (simbólico hasta ahora) del Museo de Arte Contemporáneo Ateneo de Yucatán (Macay), ocurrido el pasado 28 de julio por falta de recursos para su operación, constituye una llamada de alerta y el augurio de un debilitamiento del sector cultural en Yucatán, que se convertirá en una amenaza si no se realizan las acciones pertinentes, mismas que deben estar enfocadas en la revisión y rediseño de las políticas estatales en materia de cultura. De igual forma, cabe señalar que el turismo, al igual que muchas otras actividades económicas prioritarias para el estado, depende en gran medida de la consolidación y desarrollo del entorno cultural en todas sus vertientes, lo que nos lleva a concluir que la amenaza al sector cultura representa también un riesgo para la economía de Yucatán.

 

Las rutas del Tren Maya en la porción yucateca que le corresponde, en litigio por diferentes frentes que se oponen a su construcción. (Imagen tomada de desinformémonos.org).

 

Por tanto, considero que una gestión cultural exitosa en el estado, será aquella que, entre otras cosas: 1) garantice el libre ejercicio de los derechos culturales de sus habitantes; 2) proteja y promueva las tradiciones y expresiones culturales de las comunidades indígenas del interior del estado, más allá de la folclorización de lo maya al servicio de lo turístico; 3) priorice la manufactura artística en todas sus manifestaciones, el emprendimiento cultural y las industrias creativas; 4) procure no solo el mantenimiento de los centros culturales existentes, sino la generación de nuevos recintos para uso y beneficio de los habitantes de los 106 municipios, a través de una verdadera descentralización, democratización cultural y el uso eficiente de los recursos públicos, apuntando a la accesibilidad e inclusión; y 5) defienda las garantías individuales y los derechos humanos teniendo como eje transversal la cultura, sus raíces, innovaciones, expresiones artísticas y características propias, las cuales son garante de una mejor calidad de vida, libre de violencia de género, discriminación y pobreza, con oportunidades de desarrollo para todos los habitantes de Yucatán.

A manera de conclusión y resumen: la actual administración estatal de Mauricio Vila (quien concluirá su mandato como gobernador del estado en 2024), ha sido de claroscuros si se contrastan los logros y avances del sector cultural con otros como el turismo, resaltando en éste acciones como la realización del Tianguis Turístico a nivel nacional en el mes de noviembre próximo, siendo sede la ciudad de Mérida, o las inversiones en sendos recintos de convenciones (se ha remodelado el Centro de Convenciones Yucatán Siglo XXI y se ha construido un nuevo centro de convenciones en la zona hotelera de Mérida).

El reciente cambio en la Secretaría de la Cultura y las Artes apunta a un ajuste en la estrategia estatal en el ramo. La actual titular, Loreto Villanueva Trujillo, sustituyó a Erika Millet Corona, colaboradora desde el inicio del sexenio y que venía con el mandatario desde su época de Alcalde de la capital, ha dado muestra, en el poco periodo de tiempo que lleva al frente de la dependencia (tomó el cargo apenas el pasado 28 de junio) de su deseo por dar un giro en distintos rubros de la secretaría: ha procurado una cercanía con los múltiples colectivos independientes de artistas no solo de Mérida sino del interior del estado; ha dado continuidad a las convocatorias para otorgar apoyos con el fin de conformar el programa “Cultura en línea”, conjunto de eventos artísticos producto de la migración forzada de lo presencial a lo virtual por la contingencia sanitaria; ha retomado la promoción de agrupaciones de gran trayectoria como la Orquesta Típica Yukalpetén (fundada en 1942 cuyo primer director fue el inolvidable Daniel Ayala Pérez); y ha abanderado la descentralización y democratización cultural llevando diversos eventos y actividades a distintos puntos principalmente del oriente del estado.

Queda pendiente para lo que resta de la administración, atender la crisis en el Museo de Arte Contemporáneo Ateneo de Yucatán y de los recintos culturales del estado en general, además de la revisión de las políticas culturales estatales en materia de accesibilidad, infraestructura, formación artística, apoyos, pueblos originarios, entre otros.  Sin duda, nos queda la esperanza de que lo mejor en la gestión cultural de Yucatán todavía está por venir.

 

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