diciembre 3, 2021

Cultura y teatro en Sonora; así se ve desde mi butaca

Al centro de la Compañía Teatral del Norte A.C. un todo terreno de las artes escénicas sonorenses, Sergio Galindo: dramaturgo, actor, director, quien creó y por muchos años llevó la batuta de la agrupación, hoy bajo la guía de su hijo Paulo. (Fotografía, cortesía del autor).

 

HERMOSILLO. En el 2016 regresé a esta ciudad para compartir las riendas de la Compañía Teatral del Norte, A.C. fundada por mi padre Sergio Galindo en medio de una de las peores crisis que hemos enfrentado en nuestro país, la de 1995. Desde la experiencia de estos cinco años al frente de la Compañía, comparto al lector la realidad que vivimos día con día quienes nos dedicamos al arte en Sonora.

Empecemos por aclarar, porque no se entiende, que Arte y Cultura no son la misma cosa. Los países de primer mundo, como Alemania, desde los noventa, agruparon en una suerte de reorganización y planeación con miras al futuro, todas las actividades que implican el desarrollo del pensamiento humano dentro de un solo concepto: “La Industria Creativa”. Al fijar sus metas para convertirse de aquí a 30 años en naciones que vivirán primordialmente de energías limpias y renovables, a grandes rasgos definieron la transición de un sociedad industrial a una sociedad del pensamiento.

En nuestro país, la Industria Creativa es tan relevante como su aportación anual en los últimos años del 6.7% del PIB nacional[1]. Hablo del teatro, la danza, la música, literatura, artes visuales, el cine y también del diseño gráfico, de software, videojuegos, desarrollo de código, la televisión, el streaming y toda una larga lista de cadenas productivas. Es decir, todo lo que nos salvó durante el encierro que vivimos el último año a causa de la pandemia. Aclaro que el concepto de “Industria Creativa” no significa ni remotamente, que las Artes pueden ser auto sustentables, mucho menos las artes escénicas como el teatro y la danza, múltiples estudios existen al respecto desde el siglo pasado. Todavía resulta más remota la posibilidad de auto sustentabilidad en el contexto de contingencia sanitaria actual. El Estado no puede ni debe eludir la responsabilidad constitucional de sostener a las artes y a los creadores.

Resulta imposible imaginar que una pequeñísima institución como el Instituto Sonorense de Cultura, con un presupuesto irrisorio, de poquito más de 160 millones de pesos (promedio anual durante este sexenio que concluye), obsoleta, claramente rebasada y con una larga historia de malas administraciones pueda siquiera encaminarnos a un futuro en esa dirección. Mal entendida como una oficina de organización de eventos, no ha desarrollado con el pasar de los años políticas públicas que planteen la producción y desarrollo artístico.

 

Una vista del Cerro de la Campana y a sus pies, el patio de la sede de la Compañía Teatral del Norte, en Hermosillo. (Fotografía, cortesía del autor).

 

La infraestructura artística en nuestra entidad no provee espacios adecuados y profesionales para la enseñanza, creación, exposición y difusión de las artes. Los lugares destinados para este propósito son conocidos como Centros Culturales o Casas de Cultura que no han resistido el paso del tiempo ni el abandono institucional. La Secretaría de Cultura federal, registra en Sonora, con datos actualizados al 2019, 56 de estos centros, que de acuerdo a la información publicada en el portal del Sistema de Información Cultural[2], no cuentan con equipamiento, espacios adecuados, planta de trabajadores, docentes, ni planes de programación de actividades, exposición o enseñanza. Se limitan a ofrecer talleres en su mayoría de oficios artesanales, muestras gastronómicas, charlas, presentaciones de libros y actividades varias que van desde clases de computación hasta costura. Se entienden como espacios para el desarrollo de la cultura ligada al aprendizaje de oficios, a la productividad y en algunos casos ligados al turismo. Ninguno de estos espacios cuenta con información disponible sobre planes de continuidad y/o planeación a mediano y largo plazo.

Con contadas excepciones, estos centros no abordan el desarrollo emocional y cognitivo entre otros beneficios a la salud que provoca el contacto con el arte en los seres humanos. Con grandes carencias, han quedado obsoletos, y por lo tanto generan poco entusiasmo y poca participación en su entorno. Así lo muestra la encuesta de hábitos y consumos culturales[3] donde el 45.6% de la población encuestada en Sonora respondió que estaba poco interesada y el 10% nada interesada en la cultura o actividades culturales como la danza, el teatro, cine, literatura, conciertos, etc. Aunque algunos años hace ya de esta encuesta, no hay indicadores que nos muestren, con la información disponible, que esto ha ido mejorando.

Trataré de resumir la dolorosa parte que hemos experimentado los creadores durante años: las ridículas cantidades que paga la institución por el trabajo de los artistas, los ridículos montos ofrecidos a través de concursos y becas, los meses o el año que se tarda en pagar, la absoluta falta de respeto a los artistas que desarrollan sus actividades en las peores condiciones de infraestructura y equipamiento, la falta de prestaciones; pensión, seguro médico, fondo para el retiro.

De eso, muchos colegas en Sonora, tenemos una historia que contar, como la de llegar al Festival Ortiz Tirado y no tener habitación donde pasar la noche después de una función, o la de rogar de oficina en oficina para conseguir boletos de avión para asistir a uno de los festivales más importantes de Latinoamérica como es el Festival Cervantino o la Muestra Nacional de Teatro, grandes exponentes del arte sonorense que mueren en el abandono como Sergio Rascón, Abigael Bohórquez y tantos otros. Hasta aquí el resumen porque la lista es larga y porque cuando se habla de dinero, sexenio tras sexenio, recibimos la misma respuesta: “Hay prioridades” y así, los funcionarios se excusan en la falta de presupuesto. “Hay prioridades” pasó de ser una frase escandalosa a ser un Cliché-escandaloso. ¿Qué clase de sociedad somos si no priorizamos el desarrollo emocional y de pensamiento?

 

Una vista a la Casa de la Cultura de Sonora, en cuyo teatro se llevan a cabo la mayor parte de las puestas en escena del estado. (Imagen tomada de lovozdelpitic.com).

 

Qué desaprovechado el arte en todos los sectores sociales y económicos de nuestro estado con el gran potencial y talento que tenemos y con tantos ejemplos al rededor del mundo: es gracias a la intervención del arte en sus múltiples formas que se han transformado positivamente la vida de niños y mujeres en zonas de guerra como el Medio Oriente, se han disminuido índices delictivos de barrios peligrosos en diferentes países de Latinoamérica, aquí mismo cuando recuperamos el Colegio Amante para convertirlo en El Mentidero le cambiamos la cara a esa zona del Centro Histórico de nuestra ciudad, se han recuperado espacios públicos, se previene y contribuye a la recuperación de enfermedades físicas y mentales, se contribuye al fortalecimiento del tejido social y al mejoramiento de la calidad de vida. No todo lo puede el deporte.

Qué lejos ha estado y está hoy el ISC de tener un alcance tan significativo, por pensar equivocadamente que la promoción y difusión del Arte y la Cultura consiste en organizar eventos. No ha existido y no existe un plan para la Industria Creativa en nuestro estado.

No todo se logra con dinero. Falta voluntad, capacidad e inteligencia. Un gran logro alcanzado este sexenio, se atribuye a la iniciativa ciudadana, cuando desde nuestra asociación promovimos y gestionamos en el Congreso del Estado gracias a la entusiasta y fundamental intervención de la diputada María Dolores del Río, la creación del Estímulo Fiscal para la Cultura y las Artes de Sonora, el EFICAS. Un mecanismo que permite a las empresas acreditar el pago del 100% del Impuesto sobre nómina, contribuyendo con la misma cantidad a la realización de un proyecto artístico. Propuesto luego de la oleada de recortes federales en 2018, que pusieron en evidencia la poca aportación de la administración estatal al desarrollo de los artistas, cuando por ejemplo, desapareció el Fondo Estatal para la Cultura y las Artes, FECAS. El EFICAS lo propusimos para dotar de recursos a los creadores, a los artistas y aunque en su nacimiento era y sigue siendo perfectible, no merecemos que se haya desvirtuado como hasta hoy.

El año pasado, por ejemplo, se autorizaron proyectos por dedazo, sin transitar los caminos establecidos en sus reglas de operación, que determinan claramente la revisión de proyectos por parte de un jurado. Este año sus reglas de operación fueron modificadas, no sabemos por quién ni bajo que criterios, para claramente llenar los vacíos presupuestales de la institución, de tal forma que cualquier “evento” que se entienda como promoción de la cultura puede acceder a estos recursos. Estamos hablando también de una pequeña bolsa de 15 millones de pesos anuales que debían ser solo, para los que históricamente han sido los más castigados: los creadores, los artistas.

Es verdad que también resulta fundamental transformar la mentalidad de los artistas. Si bien consientes del beneficio social que implica nuestra actividad, habría que entender que para crecer en calidad de producción, alcance de mayores beneficiarios y creación de nuevos públicos se necesitan recursos. Podemos hacer teatro con una vela o a la sombra de un mezquite en el abrasador calor de agosto sonorense, pero difícilmente logrará un impacto benéfico en el entorno si no contamos con los recursos necesarios para tomarnos el tiempo de crear rigurosamente, difundir ampliamente y despertar el interés entre los sonorenses, que son mayoría, que nunca han visto una obra de teatro.

 

En un conjunto patrimonial de los orígenes de la Universidad de Sonora, en Hermosillo, se encuentra otro espacio emblemático para las artes escénicas, el Teatro Emiliana de Zubeldía. (Imagen tomada de sonoramagico.wordpress.com).

 

Hay que trabajar en desarrollar habilidades organizacionales, constituirse moralmente en la figura que corresponda para generar empleos, acceder a créditos, apoyos y estímulos significativos. Nos ha tomado los últimos cinco años al interior de nuestra Compañía, la creación de un equipo administrativo y de producción que da tranquilidad y libertad al equipo creativo. El esfuerzo y el tiempo han valido la pena los resultados son enormemente positivos, palpables en el incremento de espectadores, calidad de producción, ahorro de tiempo, estabilidad económica y laboral a sus miembros, entre otros.

También desde nuestra asociación, desde hace tres años, venimos trabajando en una propuesta de modificación al reglamento de espectáculos públicos en el municipio de Hermosillo, que no contemplaba a los Centros Artísticos y Culturales de la ciudad, de tal suerte, que los espacios emergentes y urgentes ante la evidente falta de infraestructura para las artes, no contaban con un marco legal que permitiera su existencia en las mejores condiciones, cuando menos, con licencia de funcionamiento. Un par de meses atrás se votó en cabildo del Ayuntamiento de Hermosillo y ha sido publicada en el Diario Oficial del Estado de Sonora. Queda ahora empatarla con las leyes estatales para anexar a los Centros Artísticos y Culturales como nuevo giro comercial. Tristemente esta propuesta no ha encontrado eco en las actuales autoridades estatales y ha sido imposible llevarla a cabo, porque suponemos, “hay prioridades”.

Resulta imperante hacer crecer el EFICAS, corregir tantas cosas que le faltan por mejorar para que sea verdaderamente de los artistas, establecer mecanismos de revisión efectivos para modificar sus reglas en consenso con la comunidad, ampliar el monto autorizado, dividirlo en dos grandes categorías: creación, difusión y fomento artístico y fomento y difusión cultural, simplificar y agilizar los trámites para que tanto las empresas como los creadores no tengan que pasar por ese calvario interminable de trámites, en algunos casos excepcionales y absurdos.

Habría que sensibilizar y capacitar a las autoridades y funcionarios de la Secretaría de Hacienda para que entiendan que las Artes son una inversión y no un gasto.

Espero que las nuevas autoridades en la materia, quienes quiera que sean se ocupen de trazar un plan para hacer de la Industria Creativa un factor determinante del desarrollo social y económico, que piensen que antes de realizar eventos para presumir asistencias y sumar números a las estadísticas, urge generar marcos legales que favorezcan nuestra actividad e incluir al sector en el plan de reactivación económica post-COVID.

Habría que modernizar la Ley de Fomento a la Cultura del Estado que ha sido letra muerta por muchos años, que contempla como muestra, un Consejo Estatal de las Artes integrado en su mayoría por funcionarios públicos y se supone, por representantes de distintas disciplinas artísticas que no sé si alguien sepa quienes son. Vamos pensando en no abandonar en sus últimos días, a quienes entregaron su vida a su vocación y tanto orgullo le dan hoy a los sonorenses; los que deberían ser creadores eméritos, tan premiados a nivel nacional e internacional y tan poco reconocidos en su propia tierra.

 


[1] https://imco.org.mx/wp-content/uploads/2015/08/2015-Propiedad_intelectual-Presentacion.pdf

[2] (Sistema de Información Cultural, n.d.).

[3] (Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA, 2010).

 

Comparte en:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *